sábado, 24 de octubre de 2015

Sólo la gracia y el amor de Dios todopoderoso

Como siempre, no sé cómo agradecer el amor de Dios con todas sus bondades. Es poco lo que pueda hacer. Por lo pronto, dar gracias y alabarlo, por siempre alabarlo. Ha escuchado nuestra oración, y lo que parecía una tragedia ante el huracán Patricia, el Todopoderoso, en quien confiamos, menguó la violenta fuerza y ferocidad de este huracán.


Las palabras de san Pablo a los Romanos en Rom 7, 18-25 hicieron eco en mi corazón y me permitieron reflexionar sobre mi vida actual. 
Es la gracia de Dios la que transforma porque la naturaleza humana es débil, propensa a sucumbir y lenta para reconocer el error falto de amor.
Es por esto que todo este mes de recuperación post-operatoria, no alejada, pero sí dispersa, he estado descentrada y dispersa. El alimento esencial de mi vida espiritual me ha faltado. 
Me has alimentado con los fragmentos del Diario de Sta. Faustina en este año de la Misericordia. Y he podido comprender una vez más la fuerza de tu misericordia, la alegría de confiar en Ti entregándote todo y esencialmente nuestra voluntad. Yo deseo eso en mi vida, Me preguntaba ¿Cómo hago esto? Me diste sin demora la respuesta: "Recuerda siempre que mi voluntad se fundamenta en el amor". Naturalmente que el amor a Ti, pero éste debe plasmarse en amor a los demás. Tener como guía de mis actos el amor, así someto mi voluntad a la tuya. Alegría, esa es la verdadera alegría: Confiar en Ti y amar, regir cada acto por el amor. El domingo se procalamará tu Palabra y podemos decir con la misma fuerza que Bartimeo y con él: ¡Señor, ten compasión de nosotros, que veamos!

Analizar mis acciones, sustentarlas en el amor. En la vida cotidiana se me requieren acciones, respuestas, interacciones con los demás, con quienes convivo más. María es el modelo del "Hágase". Tener presente en mi mente y en mi corazón esta palabra: "Hágase".

Y así, hoy me doy cuenta: Mis impulsos egocéntricos son más rápidos que mis intenciones y comprendo lo que dice san Pablo sobre la naturaleza humana, por ello pido tu gracia, continuamente tu gracia para decir el hágase antes de que mis impulsos me lleven a la acción que escatima amor. Y te ruego, ten compasión de nosotros, Tú conoces nuestra naturaleza, por favor, Señor, que veamos.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Dimensionar el valor de las riquezas

Dimensionando...
A partir del evangelio del Domingo (Mc 10, 17-30), en el que el Señor expresa: ¡Qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios!, he estado meditando éstas y las siguientes palabras de Jesús en los posteriores pasajes evangélicos que nos propone la Liturgia: ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio. Y en Lucas 11, 42 el Señor señala: ¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan los diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios!

Confiar en las riquezas... confiar en el poder de uno mismo, en los "logros exitosos". Gustar del y confiar en el reconocimiento, los elogios... 

Dimensionar... Logros, reconocimiento, elogios... No los busco pero los recibo y me halagan... Aunque cada vez menos  practicando la impasibilidad. Vanagloria que es gloria vana e insignificante para el Reino. ¿Qué me agrada más?

Lo interior... el Señor conoce lo exterior y lo interior... Dimensionando... Quiero morar y experimentar el Reino de Dios, aprender de Él que es manso y humilde de corazón... y no olvidar la justicia y su amor,  por mí... y por todas sus demás creaturas. 

Dimensionanado... ¿Cuánto valen los elogios? ¿Cuánto valen los logros materiales, intelectuales, sociales, si no están al servicio de la justicia y el amor de Dios? Valen poco, valen nada... 

Dimensionando y diferenciando la gloria vana e intrascendente, a la del gozo trascendente del Reino... ¿Logros? Los he tenido... pero prefiero los que se fundamentan en la justicia y el amor de Dios que me permitan experimentar su Reino... y ser humilde instrumento para edificarlo en Cristo Jesús.

miércoles, 7 de octubre de 2015

¿Tú estás triste por una hiedra que no cultivaste?

Jonás 4, 1-11

Gran significado representa para mí esta lectura bíblica. 
- Jonás huye de Dios porque no castiga a los habitantes de Nínive como él esperaría que lo hiciera.
- Al oriente de la ciudad construye Jonás una enramada y se sienta a la sombra para ver qué sucede con Nínive.
- Crece también una hiedra que lo refresca con su sombra y lo protege del sol.
- Al día siguiente la hiedra se seca dañada por un gusano.
- Quema ahora tanto el sol, que Jonas se enoja y desea morir.
- El Señor le dice entonces: ¿Crees que hay motivo para que te enojes así por la hiedra?
- Jonás dice: Sí, y tanto que quisiera morirme.
- Responde el Señor: Tú estás triste por una hiedra que no cultivaste con tu trabajo, que nace una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a tener lástima de Nínive, la grana ciudad, en donde viven más de ciento veinte mil seres humanos que no son responsables y gran cantidad de ganado?

La justicia de Dios no es la justicia de los hombres. Demuestras, Señor, cuán importante son para Tí los seres humanos. Tú valoras a cada creatura. Ellas sí son cultivadas por Ti, son producto de tu trabajo creador. ¿Cómo no has de amarnos a todos, que somos tus creaturas? Nosotros nos entristecemos y enojamos porque perece lo que ha de perecer. ¿Enojo?, ¿tristeza? Mejor es confiar en tu sabiduría y tu amor compasivo. Tú amas a los seres humanos, te compadeces y sin duda deseas nuestra salvación. 

Un tiempo en mi vida, oraba por lo que yo quería que sucediera, oraba por los míos y estaba enojada con quienes yo asumía que habían hecho daño a esos amados míos. Ahora lo entiendo, las cosas no sucederían como yo hubiera querido que sucedieran, pero me has permitido ver que para Ti toda creatura es importante y la amas. 

Sólo basta confiar plenamente en tu amor. Aceptar, confiando en tu sabiduría eterna y en tu misericordia, abrir el corazón y obedecer con fe, como María.

La mirada fija en el Señor

Somos seres eminentemente sociales. Muchos de mis pensamientos y actitudes giran en torno a los demás: lo que dicen, hacen o dejan de hacer, o cómo lo hacen, lo que piensen acerca de todo y de mí. Mi mente es una ventana abierta que recibe una innumerable información de afuera y yo, conectada con ella.
Hoy, distingo con mayor claridad que ese permanecer  ligada con mi entorno social y circunstancial me atrae y distrae cuando supongo que miro hacia dentro. Son breves los momentos en que estoy conectada conscientemente y exclusivamente en Ti, Señor. Luego mi atención se desvía. Un ejemplo, es cuando canto en la celebración eucarística o en la liturgia. Me descubro centrada en cómo canto y no a quién canto y qué le digo con mi canto. También me sucede en algunos momentos de mi oración silenciosa... Trato de hacer silencio, y si en algún momento me sugieres alguna reflexión, mi impulso se va hacia afuera y pienso: Esto que me dices es importante, debería escribirlo... Y entonces mi atención sale del momento del silencio en mi habitación interior en la que sólo quiero estar contigo y entregarme centrantrándome solamente en Ti.. Mi habitación interior se convierte en la escena de Martha y María en Betania: Mi mente es Martha, quien se preocupa de muchas cosas. Pero basta descubrir esto, para regresar serenamene, permanecer en quietud, entregada y dispuesta a poner mi mirada fija sólo en Ti, como María de Betania.