domingo, 26 de julio de 2015

Lo poco, Él lo multiplicará

Quisiera expresar con exactitud mi sentir de esta tarde. No quisiera que se malinterpretara lo que quiero decir, sino ser muy clara. No estoy juzgando a nadie. Sólo expreso la tristeza que me da escuchar algunas homilías. No quiero decir tampoco que no tengan razón algunos sacerdotes en lo que dicen. Simplemente que la forma de decirlo me entristece porque creo que no acerca a la gente a la verdad del amor de Dios.  Esta pedagogía punitiva o inquisitiva no ha funcionado del todo. Lo digo por propia experiencia. Me ha costado mucho poder desprenderme de esa idea y un desvalorizarme Como si Dios no me hubiera dado la dignidad de hija, al igual que a todos. No somos gusanos miserables, sino hijos amados de Dios, porque Él así lo quiso. Naturalmente, no porque lo merezcamos, pero sí porque Él así lo quiere. Que no somos perfectos y que Dios nos invita a la perfección es un hecho, pero a la perfección que implica el amor y sólo el amor. No esclavos de normas perfeccionistas enfermizas u obsesivas sino la perfección de entregarlo todo por amor a Cristo. Es decir, que la propia vida esté centrada totalmente en Cristo, unida a su voluntad, y por ende, amar a los hermanos sin distinción. Como el Padre que hace salir el sol y también hace llover sobre buenos y malos, justos e injustos. El modelo es su amor universal y el saberse desprender del egoísmo o aferramiento al ego. Nos pide la conversión, pero ¿cómo se puede llegar a la conversión  si no se reconocen las faltas, pero a la vez se confía plenamente en la misericordia de Dios que motiva a cambiar? La petición de S. S. el papa Francisco es dejarse envolver por el amor y misericordia de Dios y dejarse transformar por Él en vez de dejarnos hundir en nuestra mezquindad y egoísmo y no confiar en ese gran amor que lo perdona todo cuando existe la voluntad de cambiar y la conciencia de haber obrado mal, haberle ofendido al haber ofendido al hermano, haberle rechazado, despreciado o no haberlo comprendido, o no haber compartido lo poco que se tenga, ciertos de que Dios lo multiplicará. Él es infinitamente generoso y se nos da. Nos da el alimento del cuerpo  y el alimento para la vida eterna generosamente, infinitamente, de sobra.

viernes, 24 de julio de 2015

El beneficio del silencio

El beneficio del silencio interior es dimensionar la realidad del yo con sus oscuridades y luces, paso necesario para permitir la conversión y el respeto a la singularidad del otro. Hacer silencio respetuoso, también cuando el ego prejuzga o se inmiscuye en la vida del otro, cuando comienza a ser intolerante, cuando reacciona a la defensiva porque se imagina amenazado... cerrar los ojos, silenciar el alma y respetar... El silencio interior en la Presencia genera paz interior que promueve también paz entre el yo y los otros.

martes, 14 de julio de 2015

El Señor jamás desoye al pobre ni olvida al encadenado

Éx2, 1-5
Es una bella historia la de Moisés. Me sorprende, entre otras cosas, la actitud de la hija del Faraón. Sabiendo que su padre había mandado aniquilar a los niños varones hebreos, ella encuentra a Moisés, pequeño e indefenso y lo adopta. Es un gesto que me llama particularmente la atención. ¿Qué sentimientos generó en ella este niño indefenso que además, ella sabía qué era hebreo? Permite que sea amamantado por “una nodriza hebrea” que en realidad era su propia madre.
Posteriormente, cuando Moisés crece, visita a sus hermanos  y se da cuenta cómo son tratados y les son impuestos trabajos penosos. Después Moisés mira cómo un egipcio maltrata a uno de sus hermanos hebreos y decide matar a este egipcio y luego esconderlo en la arena.

En estos pasajes, puedo observar las actitudes de los personajes. La compasión, la búsqueda de una justicia, el coraje, la ira, el miedo… Y por otro lado, siempre la actitud de Dios que conoce a su creatura pero le pide la conversión. Todos erramos. Dios desea que volvamos a Él. Por eso el salmista dice: Quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre, ni olvida al que se encuentra encadenado. Las cadenas pueden ser puestas por un opresor, o por uno mismo. Pero Dios nos invita a buscarle. Hay muchos casos en el Libro Sagrado en donde se presentan personajes justos, personajes con proceder  equívoco, a veces violento, y después ser hombres cercanos a Dios. Eso es lo que pide Jesús a los habitantes de Corazaín, de Betsaida y de Cafarnaúm. Debieron creer por lo que presenciaron y probablemente por los milagros de los que ellos mismos fueron objeto. El que ha tenido todo para creer y se resiste a creer, será juzgado de forma rigurosa. No es el deseo de Dios, es la consecuencia de la soberbia.