lunes, 27 de octubre de 2014

Mujer quedas libre de tu enfermedad

Lucas 13, 10-17

Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga. Había ahí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo. Estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: "Mujer, quedas libre de tu enfermedad". Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente: "Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado"
Entonces el Señor dijo: "¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?".

 Mujer quedas libre de tu enfermedad... El egoísmo viene a ser la enfermedad del alma. El Señor nos puede liberar de las ataduras de esta enfermedad.
El Señor me va clarificando y haciendo entender la necesidad de total solidaridad humana. Pertenezco a la misma familia, la familia humana. No me distingo ni en mi condición humana, ni en mi fragilidad y vulnerabilidad humanas, ni en mi dignidad y la de los demás ante Dios, ni en mi propensión al egocentrismo... Pertenezco a la misma familia y como tal no puedo separarme de ella sino ser solidaria con ella deseando el acercamiento a la Verdad y a la Luz y que todos lleguemos a ver el rostro de Dios. Es cierto que para dominar esos impulsos egoistas a los que todos tendemos, necesitamos luz y fortaleza provenientes del Espíritu Santo, el Espíritu de Dios o el Espíritu de la Verdad. Necesitamos sabiduría, proveniente de la misma Fuente, para sensibilizarnos ante el dolor de nosotros mismos y de los demás y reorientar nuestra vida hacia el amor y la solidaridad. 
El Señor me permite ver mis impulsos egocéntricos faltos de amor alimentados por mis pernsamientos egocéntricos... pero me pone en alerta y me da la oportunidad de reorientar mis pensamientos, mis actitudes y mis acciones reconociendo que todos son mis prójimos, que cualquier persona es mi hermana, que estamos del mismo lado con toda nuestra imperfección y limitaciones y que el amor solidario es hacer con los otros lo que desearía que hicieran conmigo. 

El Señor Jesús curó en sábado a la mujer que por dieciocho años llevaba un espíritu impuro y la liberó. Si el jefe de la sinagoga hubiera tenido una hija aquejada del mismo mal o cualquier otro, también hubiera deseado la sanación y liberación de cualquier atadura que hubiera atormentado a su hija. Probablemente se sentía diferente, y sentirse diferentes, segregarse  en una élite, cualquiera que sea, eso nos impide amar como Jesús.

domingo, 26 de octubre de 2014

Y a tu prójimo como a ti mismo



Mateo 22, 34-40

 ...habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a Él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"
Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".

Alguien decía que en el cristianismo se dice Ámense los unos a los otros como yo los he amado… Y continuaba diciendo esta persona: Eso está muy bien, pero no nos dicen cómo… Este comentario fue hecho por una persona no cristiana, y fue hecho como crítica. Sin embrago, hay por supuesto prácticas que el cristiano puede hacer para llevar a cabo acciones concretas para la realización del amor que nos pide Cristo. Hoy se leyó en el evangelio: Amarás a Dios con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Hoy me quedo con esta última frase, porque además sé que si hago vida esto, indudablemente demuestro mi amor a Dios por encima de todo, hasta de mí misma. Como a ti misma… De inmediato se me presentaron situaciones concretas en las que pude valorar si estaba amando a la otra persona como a mí misma… ¿Qué me gustaría que hicieran conmigo en esta misma situación? Reflexioné con toda honestidad… me gustaría que me atendieran con gran compasión y cariño, con comprensión. Si fueran mis hijos los que necesitaran de atención como ella ahora… también me gustaría que los atendieran con amor. El velo que el egoísmo despliega sobre la mente y el corazón se levantó, permitiéndome ver sensiblemente lo que significa amar como a mí misma. En el transcurso del día se me siguieron presentando situaciones que requerían esta clase de amor, el amor lleno de comprensión, aceptación y servicio amable y bondadoso. Este es pues el cómo que planteaba esa persona como inexistente en el cristianismo.
Una cosa sí doy por cierta… nos hace falta a muchos cristianos asumir la Palabra de Dios de esta manera. Pero eso se logra con la oración silenciosa, contemplativa… la Lectio Divina… y elegir una palabra o frase en la que el Señor me invita a la conversión.

Y por último, ponerla en práctica… hacerla vida hasta encarnarla en mí, hasta que eche raíces en mí, en cada uno.

En la primera lectura eso es lo que me sugiere:, que el Señor está a favor de los débiles, que es absolutamente misericordioso y por eso exhorta a los más fuertes a tener misericordia:
"No hagas sufrir ni oprimas al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto. No explotes a las viudas ni a los huérfanos, porque si los explotas y ellos claman a mí, ciertamente oiré yo su clamor..."

viernes, 24 de octubre de 2014

Amar a Dios con todo el corazón

Lucas 10, 27

Cada día el Señor me permite ver con más claridad pensamientos de los que no era antes consciente. Esto me ayuda a orientarme más a comprender su voluntad. En estos días, y en relación a su evangelio del próximo domingo, que habla de Amar a Dios con todo el corazón, con todas tus fuerzas y con toda tu alma y a tu prójimo como a ti mismo.

La alegría basada en la alimentación y satisfacción del ego es efímera y, en cierto modo artificial y vulnerable. Se desmorona fácilmente en cuanto se presenta algo que contraría a ese ego. La alegría basada en el Señor, en permanecer en Él a través de la conciencia plena de la Eucaristía, de la Palabra en la continua Presencia y en el servirle con amor... es alegría plena, profunda que da serenidad y vivifica. Hoy me di cuenta de ello. Sentí lo irrelevante que es alimentar al ego y la propia imagen. Es como liberarse de su acción encadenante. Me di cuenta de otra cosa, cuando salí de misa, pude diferenciar entre la alegría de la autosatisfacción y aquella proveniente de la conciencia plena de la Presencia y del amor de Dios. Cuando salgo de misa y me siento buena... fácilmente se rompe esta sensación de "ser buena" con cualquier incidente que me contraría. Hoy me percaté de la otra clase de dicha... la dicha que da la certeza de la presencia de Cristo, sentirle en mí, saberle en mí y ofrendarme con lo poco que puedo y soy, deseando que su voluntad y su Reino se instalen para toda creatura. Amarle a Él y a su voluntad con todo el corazón...

Otra enseñanza, ahora que puedo reconocer mis pensamientos provenientes del ego, puedo valorar y discernir cuándo está presente el amor. ¿Antepongo algo a su amor? ¿Cuándo en mis intenciones está por encima el Señor, su amor y el servirle? ¿Está mi ser entero corazón, mente y fuerzas en su voluntad? Y referente al mandamiento del amor al prójimo... vienen pensamientos, vienen reacciones... vienen actitudes a hechos concretos y cotidianos, ¿llevan  amor y compasión? El Señor me abre los ojos, abre mi corazón y transforma mis actitudes egoístas.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Dichoso ese siervo...

Lucas: 12, 39-48
 
Dichoso ese siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. 


Espero poder expresar los regalos continuos que recibo del Señor. 
Ayer hablaba de la dicha que debe experimentar el cristiano y la angustia y la tristeza que se generan por no confiar totalmente en el amor y bondad de Dios hasta experimentar el abandonarse en Él con la confianza de un niño en brazos de su madre o su padre y saber que es Padre para todos y que a todos ama con perfecto amor. Y hoy me doy cuenta  que otra de las cosas que nubla y obstaculiza que la dicha impere y domine mi corazón, es que ahora que tengo mayor conciencia de mis pensamientos espontaneos, aquellos que surgen o cruzan por mi mente y de los que antes no era consciente. Me doy cuenta de la gran cantidad de pensamientos presuntuosos y al percartarme de mi gran imperfección, solía ponerme triste. Pero esto es como no aceptar lo imperfecta que soy, y este es el otro obstáculo. Si acepto toda esa imperfección sé que Dios me mira con ternura. La soberbia y la presunción son una barrera.  El muro de la presunción se desvanece y puedo dejar entrar a Dios en mí al reconocer mi pequeñez y reconocer su amor perfecto e incondicional. Es como regresar a la casa del padre y saber que el Padre está a la espera de que esos muros de presunción se derrumben para poder ir a abrazar a su hijo pródigo. La dicha es posible cuando se confía en su amor y se reconoce la pequeñez y la imperfección, y en la humildad, se cumple con las tareas confiadas por el Señor.

martes, 21 de octubre de 2014

La familia de Dios

Lucas 12, 35-38

Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos.
 
Ya sé porque muchas veces no me siento dichosa aun cuando la Palabra del Señor habla de dicha en multitud de ocasiones, como en este pasaje evangélico y otros: "Dichosos o bienaventurados los pobres de espíritu, los puros de corazón, los misericordiosos... Dichosos los que conocen la voluntad de Dios y la ponen en práctica... Permanezcan en mi amor para que su alegría sea plena...

Es que ya no me puedo sentir como un ser individual o una persona que se diferencíe o excluya a otros por su carácter individual. Ahora me siento parte de un todo... la familia humana... la creación toda. Me preocupa ver que estemos tan lejos del Señor. Veo tantas cosas en mi entorno y en el curso de la historia del hombre tan alejadas del amor bondadoso... Guerras, odio, masacres, abuso a los débiles... Saber sobre todo esto, obstaculiza mi dicha, siento temor, porque se trata no sólo de mi dicha sino nuestra dicha. Pero no puedo cerrar los ojos. Ante esto sólo puedo confiar en su amor, en su bondad... también en su sabiduría infinita, su justicia y su misericordia. Que purifiquemos de la forma en que Tú sabes que debemos hacerlo. 

Tú nos quieres solidarios, Señor. Entender que somos conciudadanos de los santos perteneciendo a la familia de Dios... como dice el apóstol san Pablo. No estamos solos... Confiar en tu amor, tu bondad, tu omnipotencia y sabiduría, de otra forma no puede haber dicha. Un cristiano no puede ser individualista sino abrir su corazón. Pero a pesar de nuestra impotencia, baste confiar en tu amor hacia toda creatura.
La compasión del Señor es efectiva: Se encarnó, vivió sirviendo, caminó anunciando el Reino, compadeciéndose y sanando, hablando con la verdad. Padeció, murió en la cruz condenado injustamente. Pero resucitó, quien todo lo puede, resucita y esta es nuestra esperanza... confiar en el amor de quien todo lo puede. Pero ahora, unidos a Cristo Jesús, ustedes, que antes estaban lejos, están cerca, en virtud de la sangre de Cristo. Efesios 2, 12-22

jueves, 16 de octubre de 2014

Ay de ustedes...

 Lucas 11, 47-54

 ¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso".


Todos estos días  el evangelio se ha tratado de la respuesta que Jesús dio al fariseo que lo invitó a comer a su casa, dirigiéndose también a los sumos sacerdotes, a los letrados, a los ancianos. Son palabras fuertes que antes me asustaban pero que ahora comprendo y comprendo la reacción del Señor ante la actitud de estos hombres que aprovechaban su posición. Su orgullo los cegaba y menospreciaban a los débiles, a los sencillos, a los leprosos, a los pecadores y demás personas marginadas por ese tiempo, habían rechazado a los profetas y se sentían dueños de la ley y la palabra de Dios como si a Dios pudiéramos encasillarlo dentro de nuestros criterios y preconcepciones. Pero el Señor dijo: ¡Cómo distan sus pensamientos de los míos! El Señor es Dios de misericordia y estos hombres a quienes se dirigió Jesús, no lo creyeron. Ponían duras cargas a los demás y ellos se sentían privilegiados y exentos de llevarla., Utilizaban su posición como puestos de poder y privilegios... Pero el Señor ama a todos por igual... basta con reconocer esto humildemente, todos tenemos la misma dignidad ante sus ojos. Puedo entender la reacción del Señor para hablar duramente cuando es necesario y en vez de alejarme o entristecerme por las palabras duras, me hace comprender que el abuso al débil, la soberbia que ciega y el posicionarse por encima de otros (lo que significa en realidad menospreciar) es un cáncer que aparta de la misericordia y confianza en el amor de Dios a sus creaturas. Ay de aquel que debiendo predicar a un Dios misericordioso y lleno de amor para acercar sus creaturas, da  testimonio escandaloso y de abuso por su posición. 

Comprendo Señor y cada día creo más en Ti. Quien busca la verdad te busca a Ti. Quien es de verdad compasivo te tiene a Ti.

martes, 14 de octubre de 2014

Lo interior y la verdadera libertad

Gálatas 5, 1

Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues, la libertad y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud.

Lucas 11, 37-41

 En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.
Pero el Señor le dijo: "Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio".

Señor... el interior... el interior es lo que hay en lo íntimo del corazón. Puede verse reluciente el exterior.  Puede llevarse a cabo con perfección lo ritual... lo tradicional... lo que adorna... Pero ¿qué hay en lo profundo del corazón? 
Hoy me regalaste  reflexiones que me invitan a cambiar en muchos momentos mi actitud. Me ayudas Tú a ver mi interior y percatarme de cuántas actitudes egocéntricas dominan mi vida en el fondo de mí, aunque pueda aparentar ser persona especialmente buena. Esa sensación interna de sentirme buena y santa me domina muchas veces. Pero es una actitud sin duda egocéntrica porque me lleva a sentirme diferente, y lo que hoy me regalas es el reconocer que no soy diferente, que todos somos creaturas humanas y nada me hace especialmente mejor que otros. Que todos somos creaturas de Dios y en esto no nos diferenciamos en lo más mínimo. Sentirme diferente o especial levanta murallas ante el otro. Es nutrir el individualismo, la separatidad... y somos uno: creaturas tuyas. No puedo ver a nadie como excluido de tu divina creación. No puedo levantar ningún tipo de muros... nada que me aparte, ni ideologías, ni prejuicios, ni elaborar de mí una imagen que se distingue de los otros. Sino entender que formo parte de tu amada creación y que nada me separa de ellos en cuanto humanidad, en cuanto a creatura, en relación a tu amor por todos. Esto es lo que me da verdadera libertad, saber que tu redención es por todos, que Tú les amas, y que mi vida está en Ti, por Ti y por ellos en ofrenda permanente.

martes, 7 de octubre de 2014

¿No te has dado cuenta que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer?

Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: "Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude".
El Señor le respondió: "Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará". 

Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer?

Puedo adivinar la serie de pensamientos que tendría Martha antes pronunciar estas palabras y los cuestionamientos y sentimientos que se producirían en ella. Puedo imaginarlo porque creo que son muy similares a los míos cuando siento que no me ayudan y me quedo con todo el trabajo. Me han dejado sola con todo el quehacer... Pero como ya lo he dicho antes... esta clase de pensamientos sólo son ruido, sólo desgastan y distraen, desvían la atención... que en cambio María, presta a las palabras y a la Presencia de Jesús. La contemplación se fundamenta en la atención plena y consciente de la Presencia, en actitud de escucha humilde y silenciosa, para poner todo en Él.

Esto es lo que hay que desarrollar y vivir... el silencio interior, la paz interior, que el ruido de lo ajeno a la Presencia no perturbe la escucha y el abandono confiado en Él y no perturbe la entrega en el amor comparando, vivtimizándose, prejuzgando...

lunes, 6 de octubre de 2014

¿Y quién es mi prójimo?

 Lucas 10, 25-37

 En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: "Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?" Jesús le dijo: "¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?" El doctor de la ley contestó: "Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo". Jesús le dijo: "Has contestado bien; si haces eso, vivirás". El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: 'Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso'.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?" El doctor de la ley le respondió: "El que tuvo compasión de él". Entonces Jesús le dijo: "Anda y haz tú lo mismo".

Amar a Dios con todo el ser, toda el alma, toda la mente, todo el corazón... corazón, mente, ser entero... y para demostrárselo... ¿cómo no amar a mi prójimo?

La parábola que presenta hoy el Señor cuando responde la pregunta del doctor de la Ley acerca de quién es el prójimo, me nutre y clarifica, como siempre son sus palabras, llenas de riqueza y luz que da vida.

Pasar de largo... prójimo... misericordia... anda, ve y haz tú lo mismo.

Pasar de largo... pasar indiferente... ensimismarse en su propio círculo concéntrico... cuyo centro es el yo individual y sus parámetros personales. 
Prójimo... el cercano... Hoy me dice que el prójimo es hermano. Y el samaritano trata con tal afecto y compasión a aquel hombre como si fuera su hermano o familiar cercano. No pasa de largo, no es indiferente a las necesidades de este hombre, no actúa por tranquilizar su conciencia... hace todo lo que está en sus manos para remediar el dolor de esta persona, la trata como cercano, como hermano.
¿Cómo pasar de largo? ¿Cómo encerrarse en el individualismo y no ver el sufrimiento del otro? ¿Cómo no reconocer en el otro a un hermano si Cristo nos hermana y nos hace uno? ¿Cómo sentirse separados si somos una familia... la familia humana en Dios Creador e infinito amor? ¿Cómo no corresponder si uno clama misericordia en los momentos difíciles... cómo no corresponder ante aquél que no se distingue de mí puesto que es creatura humana y creatura de Dios al igual que yo? Ya no puedo concebir el individualismo. Puedo reconocer el pluralismo pero no el individualismo... 
Muchos son los que padecen necesidades y sufren... misericordia es actuar no para apaciguar la conciencia sino con todo lo  que sea posible dentro de mis límites humanos, para remediar el dolor de ese hermano... cercano, prójimo... él mío y yo de él. Ser hermanos es un lazo bidireccional.

Anda ve y haz tú lo mismo. Danos un corazón abierto para comprender las necesidades de los hermanos y no pasar de largo...

viernes, 3 de octubre de 2014

Tú me conoces, Señor, profundamente

Muchas cosas suceden en la vida de los seres humanos. En todas las vidas, y cada vida es una historia rica en experiencias. Los seres humanos somos similares sin importar razas, culturas, creencias religiosas... Todos todos estamos conformados por una misma naturaleza humana con todo y sus limitaciones y también con una esencia básica original de bondad con la que Dios nos creó.

Hoy dice en el Salmo 138:

Tú me conoces, Señor, profundamente: tú conoces cuándo me siento y me levanto, desde lejos sabes mis pensamientos, tú observas mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. 

Esta es una realidad, el Señor conoce los pensamientos de cada uno. Él tiene conocimiento perfecto de su creatura.Y pensaba que ciertamente Dios conoce todo pensamiento que pasa por nuestra mente, pero también conoce las intenciones del corazón. Es decir, las intenciones profundas de su creatura racional, el ser humano. Los pensamientos son procesos mentales. Los hay voluntarios, racionales y conscientes. También los hay inconscientes, espontáneos, automáticos y frecuentemente irracionales. Sólo surgen. Ahora que estoy en este camino de búsqueda de silencio interior y contemplación, descubro pensamientos que surgen de forma espontanea o cruzan por mi mente de forma fugaz. Con la práctica del silencio, el Señor nos da la capacidad de vernos a profundidad y con mayor claridad. Estos pensamientos de los que hablo no son voluntarios, sólo surgen, como ya dije. Antes me asustaba por lo disparatado de algunos de estos pensamientos o porque algunos eran francamente egoístas o faltos de compasión, llenos de intolerancia y aversión. Los sentía repulsivos. Entraba en lucha. Ahora me doy cuenta de que sólo surgen y que así como surgen, los dejo ir ignorándolos porque no son voluntarios, yo no los quiero. El Señor no me juzga por ellos pues conoce que no llevan una mala intención pues son completamente involuntarios. Puedo darles cabida o no, no dejar que se conviertan en veneno. Surgen porque son parte de mi naturaleza humana. El primer punto esencial es reconocerlos. El segundo punto es soltarlos, no amarrarse, no perder la paz por ellos. Mantener la ecuanimidad o impasibilidad. Reconocer que son parte de la condición humana de cualquier persona de cualquier raza, cultura y creencia religiosa. Y repetir: ecuanimidad, desapego y misericordia. Desapego de mi ego y mucha misericordia como la que muestra el Señor para con todos. El Señor es mi Pastor. Hágase su voluntad llena de amor y bondad, creer  y escuchar sus palabras, ver los prodigios de sus obras.

jueves, 2 de octubre de 2014

Desapego, ecuanimidad, sabiduría y misericordia



Extraído de enseñanzas de Serlingpa de la tradición del budismo tibetano.

Tres venenos: apego, aversión y confusión.
Tres raíces de virtudes: desapego, ecuanimidad y sabiduría.

Agrego la virtud cristiana por excelencia: la misericordia, compasión hecha obras.

Son todas éstas, palabras para ser vividas. Repetirlas una y otra vez para conformar mi sentir y mi proceder.

Confiar en el amor y bondad de Dios

Job 19, 21-27


"Ojalá que mis palabras se escribieran; ojalá que se grabaran en láminas de bronce o con punzón de hierro se esculpieran en la roca para siempre.
Yo sé bien que mi defensor está vivo y que al final se levantará a favor del humillado; de nuevo me revestiré de mi piel y con mi carne veré a mi Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos lo contemplarán. Ésta es la firme esperanza que tengo".

Ciertamente sus palabras se escribieron para siempre hasta poderlas leer o escuchar nosotros y otras generaciones futuras. Esto me impresiona. Ciertamente el Señor no lo abandonó. Esto me conmueve.  

En mi vida tengo dos espinas clavadas que me duelen y el Señor lo sabe, aún lloro por ellas. Pero confío en su amor y su bondad. Repetirme esto una y otra vez, sobre todo cuando se me hacen presentes por alguna razón, vuelvo a repetir: Señor, confío en tu amor y tu bondad, confío en tu sabiduría, omnipotencia y en tu misericordia. Sí, confío en tu amor y tu bondad.

Hoy ruego a Dios que los ángeles custodios nos guíen y acerquen a Jesús cada vez más, confiando plenamente en su amor y su bondad.

miércoles, 1 de octubre de 2014

El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza...

Lucas 9, 57-62


Señor, hoy me hiciste comprender algo muy importante. En el evangelio de hoy, uno te dice: Te seguiré adonde quiera que vayas. Y tú le respondes: Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. A los otros dos les dices Tú: Síganme. Pero los dos quieren postergar ese seguimiento.

Pude imaginar y presentir la actitud de muchos, incluyéndome naturalmente a mí... que he estado dispuesta a seguirte, sin duda. Pero ¿en verdad he podido poner mi ser entero para que Tú te reclines en mí y descanses? ¿Qué significa que puedas reclinar tu cabeza? Tener un nido, una madriguera... es tener un lugar en el que uno puede descansar y sentir abrigo y refugio. Estas palabras del texto evangélico de hoy, me hacen sentir la esencia de lo que significa seguir a alguien. Palabras no son hechos. Se puede intentar y desear seguir pero en realidad no estar presente, quedarse en otro lado o irse a otro lado con la mente y el corazón aún cuando el cuerpo siga o esté presente, Por eso Jesús dice no tener dónde reclinar la cabeza o refugiarse como lo hacen las avecillas en sus nidos. ¿Dónde está mi mente y mi corazón? ¿En qué o en quién centro mis tareas cotidianas? No te seguí en el sentido de ingresar a un convento o monasterio. Pero no es la única forma de seguirte ni tampoco estar ahí, significaría que en realidad te sigo. Mente y corazón presentes, eso es seguirte. Yo en Ti me abandono y descanso. ¿Puedes Tú descansar en mí? 

En el caso de los otros dos personajes, ellos dicen sí, pero desean postergar el seguimiento. Hay otras cosas que quieren resolver... Es decir, tampóco están presentes... La fuerza del aquí y ahora, no después, ni tampoco seguir, estando ausentes el corazón y la mente. Esto sucede cuando encuentro justificaciones para no atender algunas necesidades de otros. A veces las atiendo sin que mi corazón esté presente. A veces las postergo, me justifico... ¿Cómo darte alivio? ¿Cómo ser descanso? ¿Cómo darte alivio y estar contigo? Llego a la conclusión de que sólo en el actuar con profunda misericordia con las personas que me rodean en la sincera intención de servirte a Ti, de amarte a Ti, de darme por Ti, de verte a Ti en ellos con la certeza de que estás ahí, en ellos... esperando mi entrega amorosa, compasiva y bondadosa. Sólo así puedo imaginar en tu mirada cierto alivio... Sólo así.