Las palabras de san Pablo a los Romanos en Rom 7, 18-25 hicieron eco en mi corazón y me permitieron reflexionar sobre mi vida actual.
Es la gracia de Dios la que transforma porque la naturaleza humana es débil, propensa a sucumbir y lenta para reconocer el error falto de amor.
Es por esto que todo este mes de recuperación post-operatoria, no alejada, pero sí dispersa, he estado descentrada y dispersa. El alimento esencial de mi vida espiritual me ha faltado.
Me has alimentado con los fragmentos del Diario de Sta. Faustina en este año de la Misericordia. Y he podido comprender una vez más la fuerza de tu misericordia, la alegría de confiar en Ti entregándote todo y esencialmente nuestra voluntad. Yo deseo eso en mi vida, Me preguntaba ¿Cómo hago esto? Me diste sin demora la respuesta: "Recuerda siempre que mi voluntad se fundamenta en el amor". Naturalmente que el amor a Ti, pero éste debe plasmarse en amor a los demás. Tener como guía de mis actos el amor, así someto mi voluntad a la tuya. Alegría, esa es la verdadera alegría: Confiar en Ti y amar, regir cada acto por el amor. El domingo se procalamará tu Palabra y podemos decir con la misma fuerza que Bartimeo y con él: ¡Señor, ten compasión de nosotros, que veamos!
Analizar mis acciones, sustentarlas en el amor. En la vida cotidiana se me requieren acciones, respuestas, interacciones con los demás, con quienes convivo más. María es el modelo del "Hágase". Tener presente en mi mente y en mi corazón esta palabra: "Hágase".
Y así, hoy me doy cuenta: Mis impulsos egocéntricos son más rápidos que mis intenciones y comprendo lo que dice san Pablo sobre la naturaleza humana, por ello pido tu gracia, continuamente tu gracia para decir el hágase antes de que mis impulsos me lleven a la acción que escatima amor. Y te ruego, ten compasión de nosotros, Tú conoces nuestra naturaleza, por favor, Señor, que veamos.
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