Domingo 17 de julio 2016
Dentro de la actividad
también se puede serenar la mente y ponerla en disposición de silencio y
escucha de quien es el Verbo. Las preocupaciones, los pensamientos de “No me
ayudan”, “me dejan sola con el trabajo”, “todo lo tengo que hacer yo…”, “no me
consideran…”, llenan la mente y la alteran y atormentan. Elegir el silencio y la serenidad es elegir la mejor parte. Esto
habla en mi vida concreta. Me es familiar, soy a veces Marta… La mejor parte es
el silencio, la serenidad y la escucha. ¿De qué me sirve lamentarme? ¿Por qué
amarrarme en pensamientos sobre lo que debería ser y no es? Aún en las tareas
puedo tomar la actitud de María y escuchar la voz del Señor que siempre tiene
palabras que nutren, palabras para la vida, lecciones que se fundamentan en su
amor, no en la expectativa del amor de los demás, amor efímero y muy limitado y sujeto a su imperfección.