jueves, 31 de julio de 2014

El Reino es como una red


Mateo 13, 47-53


Jesús dijo a la multitud “El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación”.
 

Señor, cuando leo o escucho tus palabras, no me puedo quedar con una idea superficial de lo que dicen ni con lo que muchos han podido interpretar o creer. Me debo dejar guiar por tu Espíritu en mi corazón y esta guía siempre está fundamentada en el amor y sólo en el amor. Me siento atemorizada y horrorizada cuando leo o escucho hablar del fuego eterno y el llanto y la desesperación. La desesperación es un sentimiento de impotencia y de dolor, de no poder hacer nada ante algo terriblemente doloroso. Por otro lado, percibo en las palabras del Señor, su deseo de proteger a quienes han sufrido victimización, violencia, abuso, explotación y toda clase de maltrato. Y su aseveración certera de acabar con el sufrimiento y experimentar el gozo de la gloria de Dios por siempre para todos aquellos que fueron víctimas. 


llanto y desesperación… ¡Despierten! Arrepiéntanse y crean en el evangelio… Están aún a tiempo...

En la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón dice el rico: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”. Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora pues, él es consolado aquí y tú atormentado. Y además, entre nosotros y ustedes se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a ustedes no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros”. “Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan ellos también a este lugar de tormento”. Le  dice Abraham: “Tienen a Moisés y a los profetas, que les oigan”.  El dijo: “No padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán”. Les contestó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite” (Lucas 16, 19-31).


Escoger... seleccionar... separar los buenos de los malos... Me pregunto ¿quiénes son los malos? Afortunadamente no somos ninguno de nosotros jueces que dicten la sentencia. La misericordia del Señor es inmensa y su omnisciencia es absoluta y perfecta. Él sabe el origen y causas de las actitudes y conducta de cada uno. Sabe de su vida y de su genética, biología y actividad neuronal. Yo no soy juez y el Señor trasciende a toda creatura en sabiduría, amor y misericordia. Pero advierte: “Sean misericordiosos… misericordia quiero, no sacrificios… Lo que hicieran a uno de estos, los más pequeños, a mí me lo hicieron. Quien escucha ahora lo que dice el Señor, está aún a tiempo de rectificar el camino hacia el amor.


miércoles, 30 de julio de 2014

El Reino y el tesoro escondido



Mateo 13, 44



“El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo”.


El tesoro es el amor de Dios, la fe y la confianza en su misericordia divina e infinita. Esto es lo que más alegría puede darme. Que nada ni nadie me haga perder ese tesoro. Es gozo poder encontrarlo. Comprendo que necesito deshacerme de todo lo que alimenta mi ego, todo apego al ego. Si me desapego de él y confío en su misericordia y amor puedo sentir esa paz y alegría que da el encontrarse con el amor de Dios. En esta parábola están presentes dos acciones importantes: por un lado conservar el tesoro, no perderlo por nada. Y por el otro, deshacerme de lo que me distrae… toda la cizaña. Sé que crecen juntas la buena semilla y la cizaña. Pero lo que es esencial es dejar crecer la semilla de la Palabra y estar atenta cuando aparece todo aquello que sofoca el fruto de la Palabra de Dios, aquello que agosta el fruto del amor. Cuando aparece la cizaña… no ciclarme… reconocerla en ese momento… reconocer que puedo prescindir de ella… De todo pensamiento y actitud de desamor y cualquier pensamiento que perturbe mi fe, confianza y amor a Dios en mis semejantes. Sí, tener conciencia de ella sin ciclarme ni dejarme perturbar… respirar profundo y volverme a mi Tesoro: fe y total confianza en su misericordia y en su amor. 

El profeta Jeremías sufre porque pensaba que el Señor le había contagiado con su ira. Pero el Señor le dice: "Si te vuelves a mí, yo haré que cambies de actitud, y seguirás a mi servicio; si separas el metal precioso de la escoria... "

Esta es la Palabra de Dios... Si te vuelves a mí, si separas el metal precioso de la escoria...

lunes, 28 de julio de 2014

La más pequeña de las semillas

Mateo 13, 31-35

El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. 

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo

La más pequeña de las semillas, el grano de mostaza que es sembrado por el hortelano. Ser la más pequeña y dejarse cultivar y cuidar por el hortelano. Los cuidados del Hortelano permitirán que esa semilla germine y crezca siendo tan pequeña. La palabra pequeña me habla de humildad, no dar cabida a  presunciones, saberse diminuta, reconocer la realidad de la propia pequeñez sin posicionarse para permitir que el Señor obre aún siendo la más pequeña.

Sigo trabajando con la palabra cizaña. He descubierto que mi mente puede ser también como un campo. En ella ha sido sembrada la semilla de la Palabra de Dios. Pero me doy cuenta cómo muchos de mis pensamientos actúan como la cizaña que invade y sofoca la buena semilla. He experimentado  y observado cuando vienen a mi mente pensamientos intrusivos que sofocan esa buena semilla de la Palabra, y empiezan a invadir mi mente. De repente me encuentro a mí misma pensando sobre lo que me hicieron, o me dijeron o me dejaron de decir o de hacer... si yo "logré algo", si debo, o si no debo, si el futuro, si estoy cansada, aburrida de la rutina, etc. etc.  La buena semilla sembrada me hace recordar muchas de las cosas que dijo Jesús a sus discípulos, a la muchedumbre y también a los escribas y a los fariseos. No angustiarse, sino que baste a cada día sus propios problemas... No desear ocupar los primeros puestos... llevar la cruz, negarse a sí mismo...  ser mansa y humilde... Al que me pida, darle... Pero a veces la cizaña de los pensamientos egocéntricos, egoístas, de falta de tolerancia, de perfeccionismo, etc... sofocan el crecimiento de la semilla que produce los frutos de amor. Ser la más pequeña de las semillas me libera de mis obsesiones para poder dar espacio a que crezca en mí lo que el Hortelano ha querido sembrar.

sábado, 26 de julio de 2014

La semilla buena y la cizaña. Discernimientos para ser templos.

Jeremías 7, 1-11

 No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: «Es el templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor. Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo; si no explotáis al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no seguís a dioses extranjeros, para vuestro mal, entonces habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a  vuestros padres, desde hace tanto tiempo y para siempre.

Qué deseables son tus moradas, Señor de los Ejércitos !  ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los Ejércitos ! Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor (del Salmo 83) 

Mateo 13, 24- 30

Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo ? ¿De dónde sale la cizaña? El les dijo: Un enemigo lo ha hecho. Los criados le preguntaron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero él les respondió: No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero. 

Dios mío, tengo una enorme necesidad de Ti. 
La cizaña crece junto con el trigo bueno. ¿Dejar que la cizaña sofoque los brotes de trigo? Discernir en mi alma, discernir en mi campo. Tu eres morada y yo puedo ser tu morada. El templo de adoración es intínsecamente el alma, el ser... cuando Dios habita en él. Cuando no se busca fuera sino dentro en la práctica de la justicia y del amor. Esos son los adoradores de verdad, dice el Señor. Pero hay que discernir... ¿cizaña? o ¿brotes de trigo bueno que crecen y dan fruto? ¿Dejarlos sofocar? Por sus frutos los conoceréis... dice el Señor. La cizaña crece al lado de la semilla buena, hay que discernir, hay que separar y escoger para poder ser templo o morada del Señor.

jueves, 24 de julio de 2014

Dios es misericordia


Hoy tuve una clara sensación en relación a lo que he escuchado y me han hecho creer acerca de Dios. Hoy lo sentí por completo bondadoso y misericordioso para con todos. Sentí cómo su Presencia emanaba bondad, calidez y misericordia. Fue una sensación fuerte y certera. Muy lejano a sentir o arder en ira o cólera.  ¿Dios castiga? ¿Dios puede arder en ira? ¿Dios quiere enviar a sus criaturas al fuego eterno? Sentí su amor y este sentir me proporcionó una gran paz y confianza. Dios sabe por qué desde hace algunos años me inquieto mucho por la salvación de todos. ¿Dios no va a querer la salvación de todas sus creaturas? Son muchos los pasajes bíblicos en los que se nos habla del amor y misericordia de Dios por sus creaturas, aún las pecadoras. El ser humano interpretaba las catástrofes como un castigo de Dios. Esta creencia estaba presente en muchas culturas. Los autores sagrados mencionan en diversas ocasiones que Dios castiga a naciones y pueblos. Sin embargo, también los autores sagrados hablan del perdón de Dios y su amor para con todos, su pueblo elegido y también para los paganos. ¿Habría entonces encarnado para la salvación de la humanidad conociendo la ceguera y dureza de corazón de su pueblo y de nosotros?


Esto dice el profeta en la lectura de la celebración eucarística del día de hoy:

Jeremías (2,1-3.7-8.12-13):

  Yo os conduje a un país de huertos, para que comieseis sus buenos frutos; pero entrasteis y profanasteis mi tierra, hicisteis abominable mi heredad. Los sacerdotes no preguntaban: "¿Dónde está el Señor?", los doctores de la ley no me reconocían, los pastores se rebelaron contra mí, los profetas profetizaban por Baal, siguiendo dioses que de nada sirven. Espantaos, cielos, de ello, horrorizaos y pasmaos –oráculo del Señor–. Porque dos maldades ha cometido mi pueblo: Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua".

En el Salmo 35 el salmista dice:

Señor, tu misericordia llega al cielo,

tu fidelidad hasta las nubes;

tu justicia hasta las altas cordilleras,

tus sentencias son como el océano inmenso.

¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,

los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,

les das a beber del torrente de tus delicias.

Porque en ti está la fuente viva,

y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,

tu justicia con los rectos de corazón.


El Señor me ha demostrado una enorme paciencia tal y como se la demostró a su pueblo. Me alejé y no veía, mi corazón estaba endurecido y sin embargo día a día me da oportunidades para que me acerque más a Él. ¿Me castigó? o ¿permitió que la vida siguiera su curso con consecuencias negativas para que de ellas aprendiera, y una enorme sed de su amor me empujara hacia Él? 


 Mateo (13,10-17):

 "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure." 

A pesar de mi ceguera me curaste, y ese es tu mayor anhelo, abrir los ojos de cada uno para que podamos comprender con el corazón el sentido profundo de amor de tu Palabra, Señor.

miércoles, 23 de julio de 2014

La semilla que cae en buena tierra

Mateo 13, 9

El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga. 

Que la semilla sembrada por el Sembrador fructifique. Al escuchar esta palabra me nace pedir que la semilla fructifique en mí. Pero me doy cuenta que mi oración de petición es individualista, es egocéntrica porque pido para mí... ¡Perdón... pido perdón! Señor, que la semilla de tu Palabra, por medio de las obras y la oración, germine y fructifique en cada cristiano, en todo cristiano, en todo aquel que se diga seguidor tuyo, para que fructificando, tu amor fermente y se expanda por toda la tierra y el Reino de los cielos se extienda. Me duele que la gente se aleje de tu Iglesia. Pero si tu Palabra fructifica por el amor, la gente creerá de nuevo.
Hace un momento, también una persona querida se acercó a mí con una gran amabilidad que yo aprecio mucho. Me invitó a hacer una oración ante el Santísimo Sacramento o donde pueda hacerla. Lo que me llama la atención es que al invitarme me hizo hincapié en que tratara de orarla frente al Santísimo porque se siente muy bonito. Yo le agradezco mucho esta invitación. Lo que llama mi atención es cómo muchas veces los cristianos (y lo digo con respeto y no lo digo sólo por ella) buscamos a Dios para sentir bonito. ¡Cómo es importante diluir el ego y hermanarnos con toda la familia humana! Señor, Tú nos enseñas, es por todos... creer en Ti no es para alimentar el individualismo sino la universalidad. Esto es ser católico, es decir universal.

Otra de las grandes enseñanzas del Señor el día de hoy fue sobre estas palabras dirigidas al profeta Jeremías:
Te nombré profeta de los gentiles. Yo repuse: ¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho.
El Señor me contestó: No digas «soy un muchacho» , que adonde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande, lo dirás.

¿Por qué me dicen  mucho estas palabras? Siento que el Señor me dice que no tenga miedo y que hable todo lo que Él me dicta en mi vida con la mayor claridad y honestidad. 
Hoy, me acerqué a una señora muy humilde que está viviendo una situación muy difícil. Ella ya es mayor y aún así cuida de su mamá que ya tiene más de 105 años. La cuida sola, la mueve, la sienta, la alimenta... y se gana la vida lavando ropa ajena. A menudo platicamos. Me despido de ella como siempre, me da un beso en la mejilla. El Señor me abre los ojos en el momento en que mi impulso es limpiarme la saliva dejada por su beso en mi mejilla... Diluir el ego... ¿Hablas con ella por consolarla y comprender profundamente su dolor? o ¿por sentirte buena? Diluye el ego. Baja los muros que te separan de los otros.

lunes, 21 de julio de 2014

Libertad interior y el discernimiento de los pensamientos


Hoy quiero escribir también sobre lo que he estado observando y meditando en relación a la mente humana. He podido distinguir que la mente tiene pensamientos encaminados a un fin, en donde la atención tiene un preponderante papel. Son pensamientos estructurados que ayudan a resolver alguna situación o problema. O son pensamientos que describen o definen alguna situación, algún concepto, alguna teoría, pero siempre llevan un objetivo de utilidad. Los otros, son pensamientos espontáneos que surgen sin que la atención y la conciencia lo decidan y no tienen una finalidad definida o concreta de utilidad o beneficio.  He estado observando mi mente. Me sorprende la cantidad de pensamientos espontáneos que aparecen sin que yo lo decida conscientemente. Es interesante ver que muchos de estos pensamientos suponen o interpretan cosas, califican sin más ni más a priori. Muchos son disparatados, otros redundantes a causa de algún suceso o actitud de alguien... Lo importante de esto, es descubrir la intrusión de estos pensamientos sin beneficio ni utilidad y reconocerlos sólo como eso... simples pensamientos locuaces o sin sentido y no permitir que me invadan y hagan perder la paz o descalifiquen a otros. Mirarlos, y así como llegan, saber que son sólo pensamientos y dejarlos ir con toda serenidad. Puedo discernir y obtener libertad y paz interior.

La misericordia de Dios y su amor por sus creaturas

La palabra y el mensaje que ayer produjeron en mí una profunda reflexión fueron en torno a la misericordia de Dios. En el libro de la Sabiduría dice el autor sagrado: Tu poder es el fundamento de tu justicia, y por ser el Señor de todos, eres misericordioso con todos. Y después agrega: Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano, y has llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta.
En san Pablo, leemos: El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene...
...Dios conoce profundamente los corazones...

Dios sabe muy bien por qué razón estas palabras me conmovieron tanto. Siento gran dolor por personas queridas que se han alejado de la Iglesia. No son personas malas, antes al contrario, son buenas y compasivas. Con estas palabras el Señor me hace comprender y confiar en su misericordia, y no perder la dulce esperanza de quien busca la justicia y la verdad.

sábado, 19 de julio de 2014

Morir al ego

Morir al ego, disolverlo... amando a todo semejante como si fuera el propio yo. Disolverlo en el todos... movido, fortalecido, animado, encendido por el Todo.

La purificación, la transformación a través de las tareas más ordinarias, menos agradables para dimensionar lo pequeño que se es ante el todos y ante el Todo. Y sin pensar que se hace algo grandioso o heroico... muriendo al ego.

jueves, 17 de julio de 2014

El Señor mira a la tierra desde su excelso santuario

Isaías 26, 7-9. 12. 16-19


Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden justicia los habitantes del orbe.

Señor, en el peligro acudíamos a ti, cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento. Como la preñada cuando le llega el parto se retuerce y grita angustiada, así éramos en tu presencia, Señor: concebimos, nos retorcimos, dimos a luz viento; no trajimos salvación al país, no le nacieron habitantes al mundo.
¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz, y la tierra de las sombras parirá. 

Del Salmo 101

Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.
El Señor mira desde su santuario, mira a la tierra y a sus angustiadas criaturas, retorcidas de dolor. Después nos hará ver la luz porque su rocío es luz y la tierra de las sombras será disipada por quien es la luz. 

Mateo 11, 28-30

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. 
Vengan a mí y yo les daré descanso... 

Una cosa hace falta... la humildad verdadera, la obediencia, aceptación y confianza de quien es la Luz. Experimentar y vivir la Ley del amor. El Señor nos mira desde su excelso santuario, escucha los gemidos del cautivo y libera a los condenados a la muerte. La puerta para dar a luz, la puerta para ver la luz es la humildad y la obediencia de la voluntad del que es Amor.

Volver a nacer, pero no de la carne sino del espíritu, dice el Señor. Volver a nacer es ser como un pequeño que no es aún asediado por los pensamientos perturbadores. Tener una conciencia pura, una mente limpia, experimentar la confianza y el abandono en quien nos ama por encima de todo. Mente limpia, mente confiada, corazón abierto y receptivo.

domingo, 13 de julio de 2014

Parábola del sembrador

Mateo 13, 1-23

 Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga. 

grano, esta es mi palabra hoy. Esta palabra me hace recordar: Si el grano de trigo no muere no da fruto. Morir... morir al ego. Me doy cuenta perfectamente que lo que me contraría y me desgasta son aún cosas relacionadas con el apego al ego. Morir al ego... eso es lo que permite que el grano se transforme en fruto. La tierra fértil, una tierra en donde no domina el ego sino que domina el amor, la compasión, la misericordia. Al no haber ego se da espacio al amor. Es gracias al amor que brotan los frutos. Es escuchando la Palabra y el evangelio del amor, ser tierra fértil libre del apego al ego, que los granos podrán germinar, crecer y dar fruto. Todo esto, puede quedarse aún en palabras. Pero para que no quede en el sólo escuchar con entusiasmo y luego dejarse llevar por las preocupaciones de la vida y sus problemas, es preciso observar minuciosamente los momentos en los que en mi vida domina el apego al ego. Me estoy observando... ¿me contrarían algunas cosas? ...descubro apego al ego, a mis deseos, a lo que yo supongo que debe de ser y cómo debe ser. ¿Que me desilusionan algunas cosas específicas? ...apego al ego, falta de aceptación, falta de mansedumbre, de humildad. ¿Que a veces me siento fastidiada, que trabajo mucho y siento que no me consideran ni me ayudan todo lo que yo quisiera? Apego al ego pues me doy cuenta que lo que me desgasta no es el exceso de trabajo sino mis propios pensamientos que giran en torno a no sentirme considerada, ayudada lo suficiente, etc.. y esto me lleva a olvidarme de actuar con verdadero amor sino más bien por obligación. Es el apego al ego que no permite muchas veces que mi tierra sea fértil y dé los frutos del amor de los que habla Jesús en su parábola. Su Palabra es vida que hace fructificar. Escucharla es comprenderla con el corazón y hacer de lado al ego. Esto es el negarse a sí mismo del que habla el Señor... Señor, permite que así sea. Dame tu gracia para desprenderme y nada entorpezca que tu Palabra se haga vida y fructifique.

sábado, 12 de julio de 2014

El discípulo no es más que el maestro, ni el siervo más que su señor

Mateo 10, 24-33

El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que el señor.
Dos cosas me ha inspirado hoy el Señor. Una, es que reflexionaba que el trabajo que hago por los demás no debe ser motivo de queja, ni externarla, ni mascullarla para mis adentros. Que me debo a Quien sirvo. Que Jesús hizo todo en obediencia amorosa, desde servir siempre sin queja alguna (como María y también como José), hasta entregar su propia vida como prueba de su infinito amor y ofrenda de salvación. Me hace comprender que mi servicio es entrega porque no me pertenezco. Porque he dicho que no me pertenezco y como tal, debo asumir mi ofrenda.

Lo que les digo al oído, pregónenlo...
Por otro lado, el Señor sigue susurrando al oído cosas que sin duda quiere que comparta. Reflexionaba sobre mis propios pensamientos cayendo en la cuenta, una vez más, que yo tengo libertad de elegirlos. Puedo engancharme o mantener su desarrollo no, porque el Señor nos ha hecho libres. Puedo elegir entre permitirme pensamientos que critican, califican o descalifican prejuiciosamente en mi interior (aunque no lo externe) o decidirme por pensar y ver con benevolencia a quien critico y elegir orar con amor por esa persona. Esto me revela que puedo tomar conscientemente el camino de los pensamientos, actos y actitudes encausados al amor en vez de aquellos que descartan, descalifican o reprueban las actitudes de los otros, desconociendo además, sus motivaciones internas y su vida.

viernes, 11 de julio de 2014

Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan

Oseas 14, 2-10

Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré rocío para Israel, florecerá como azucena, arraigará como un álamo.



¿Cómo podría yo expresar  y describir todo lo que el Señor me ha sugerido con su Palabra en todos estos días? En el profeta Oseas hay palabras muy duras pero también palabras de inmenso amor. Tu becerro es repulsivo y mi ira arde contra él (Oseas 8, 4-7). Y más adelante dice en el autor sagrado: Siembren justicia y cosecharán misericordia; preparen sus tierras para la siembra, pues ya es tiempo de buscar al Señor, para que venga y llueva la salvación sobre ustedes. ..."Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo, dice el Señor. Pero mientras más lo llamaba, más se alejaba de mí: ofrecía sacrificios a los dioses falsos y quemaba ofrendas a los ídolos. Yo fui quien enseñó a andar a Efraín, yo quien lo llevaba en brazos; pero no comprendieron que yo cuidaba de ellos. Yo los atraía hacia mí con los lazos del cariño, con las cadenas del amor. Yo fui para ellos como un padre, que estrecha a su creatura y se inclina hacia ella para darle de comer. Mi corazón se conmueve dentro de mí y se inflama toda mi compasión. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, pues yo soy Dios y no hombre, yo soy el Santo que vive en Ti y no el enemigo a la puerta.

El amor de Dios por su creatura es infinito. Uno puede no comprender la magnitud de ese amor. Podemos emitir un juicio sobre Dios completamente alejado de la realidad. El amor de Dios es tan grande que a pesar de todas las caídas y alejamientos del hombre, Dios siempre está ahí, tan presto para perdonar. Todo ser humano pasa por un éxodo en su vida a través del cual se aleja, reniega, vuelve, y luego nuevamente se aleja. Pero la mayor prueba de su amor es que a pesar de todo eso que Él ya conoce de antemano, aún así, se entrega en su Hijo por la redención del mundo. No me queda más que postrarme ante este grande amor.

lunes, 7 de julio de 2014

Ánimo, hija. Tu fe te ha curado

Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá. Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ¡Animo, hija! Tu fe te ha curado. Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: ¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en
pie. 

Ánimo, hija... en otras traducciones dice: Ten confianza, hija... Son palabras que me conmueven porque sé que esas mismas palabras el Señor me las dirige también a mí... y a todo aquel que necesita de fortaleza, de consuelo, de esperanza. Porque el Señor es misericordioso, universal y perfecto amor. Reflexionaba cómo con sólo tocar la orilla del manto con fe, la mujer quedó sana. En el pan eucarístico estás, y alimentarse de él en un acto de profunda fe, sana y conforta el espíritu preparándolo para vivir en actitud de amor y misericordia hacia los demás. Señor, Tú me animas continuamente a vivir este acto de fe y certeza de tu presencia viva en substancia, tu cuerpo entregado por todos. Me sumerges en esta realidad de amor para que no me encierre en mí misma sino en comunión de amor ore por los presentes en la asamblea eucarística y por todas tus creaturas bien amadas por Ti. Creer y vivir esto es ser sanada por Ti.
Que comprendamos, Señor este misterio de tu amor para que nuestro corazón no se encierre ni se limite sino que ame.

domingo, 6 de julio de 2014

Las enseñanzas del Señor

Sigo recibiendo tantas enseñanzas del Señor Jesús. Las palabras mansa y humilde de corazón aparecen en el momento preciso. Me voy sintiendo cansada y también fastidiada por la rutina actual de mi vida. Por la mañana pensaba que ya no era dueña de mi vida. Que me debo a las tareas de cuidado, higiene y atención de mi madre anciana. Ella es muy prudente, pero aún así me siento muy absorbida y no son tareas apasionantes ni placenteras. Que debo ser tolerante con la presencia de otras personas en mi casa. Que pierdo libertad y que me siento observada por esas personas. Que debo atender y estar solícita a las necesidades de mis hijos y familia, mi esposo, la casa... Que mi tiempo se diluye entre obligaciones y pocos o nada de actividades placenteras... De momento siento necesidad de colgar la toalla, como se dice popularmente, o sea, de abandonar todo. Mi salud física parece no estar muy bien. Tengo que esperar a ver qué dice el médico. Me siento deseosa de ver el rostro de mi Señor, pero a veces pienso que en el fondo es en parte un deseo de evasión. Pero hoy me habla Jesús de ser mansa y humilde de corazón y me hace sentir la necesidad de ser eso: mansa y humilde de corazón para lo que Él quiera. En esta etapa de mi vida se requiere de mi entrega y servicio, de mi paciencia, de mi obediencia (o mansedumbre a lo que la vida me pide), de esperar prudentemente diagnóstico y pronóstico de enfermedad. La Palabra no es estéril, basta alimentarse de ella y que el espíritu la asimile en profundidad en los hechos concretos de la vida. No puedo quejarme, porque muchas cosas han mejorado, muchísimas. Parte de la mansedumbre es aceptar en silencio y con amor los sucesos ineludibles. Y en esta aceptación va siempre una ofrenda y el Señor sabe por quién y por quiénes la ofrendo. El Señor me hace ver la necesidad que tiene mi corazón de abrirse en el suyo por todos a quienes Él ama: la humanidad entera.

sábado, 5 de julio de 2014

Odres nuevos

Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan. 

Odres nuevos

El vino nuevo he de contenerlo en odres nuevos. No puedo poner vino nuevo en odres viejos. Las actitudes y obras del hombre nuevo no pueden ser contenidas en odres desgastados. El hombre viejo tiende a caer en sus costumbres egocéntricas o francamente egoístas. Nuevamente y como siempre, esas son palabras que aparecen y repito en los momentos en los que descubro mi tendencia a las antiguas actitudes, pensamientos  y tendencias egocéntricas. Nuevamente son palabras cargadas de un significado profundo que no puede quedarse simplemente en lo semántico. Van más allá, tienen la fuerza de abrir horizontes encaminados al amor, el valor supremo evangélico. 
   Reír cuando es tiempo de reír, llorar cuando es teimpo de llorar. Celebrar la presencia del esposo, celebrar con gozo y alegría porque Él está presente, se queda con nosotros, sella una Nueva Alianza y nos invita al convivio donde todos estén revestidos de su gracia y nos amemos como hermanos para llegar a la Jerusalén celestial.

viernes, 4 de julio de 2014

Mansedumbre, humildad, misericordia... valores evangélicos

de Mateo 9, 9-13 

¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores ? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios» : que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. 

Quiero aprender del Señor. Estoy asumiendo ser mansa y humilde de corazón. Aprender de Ti, Dios mío. Hago conciencia de estas palabras y me siento impresionada: Dios, Señor de todo... manso y humilde de corazón. Humildad que nace de lo profundo y que es auténtica. ¿Cómo hacer vida esto? Me repito una y otra vez estas palabras cuando me descubro en algún pensamiento o actitud presuntuosa. Hacer conciencia... modificar actitudes, silenciar la mente, ubicarme... ¿Cómo cristalizar y vivir las palabras del Señor? Se necesita de una disciplina para enraizar, para asimilar, para vivir estos valores evangélicos y cada una de las cualidades que hay que aprender del Señor Jesús: la misericordia, por ejemplo. Misericordia quiero, no sacrificios. Son los enfermos los que necesitan médico y no los sanos. Has venido a buscar a los pecadores, no a los justos. Los justos, ya son justos, ya están sanos. Ahora llamas a los pecadores, esta es tu misericordia divina y esto es un gran consuelo y una gran esperanza. Mansedumbre, humildad, misericordia... valores evangélicos... Tú dices: Aprendan de mí... Tú eres el Maestro, Tú nos enseñas y nos dices cómo, cuál es el Camino. Nos toca enraizar tus palabras, repetirlas como mantras en la mente hasta que hagan surcos en la memoria, aparezcan en el momento preciso y necesario y poder hacerlas vida. Mansa y humilde de corazón. Comprender qué significa esto. Traer tus palabras a mi vida, repetirlas una y otra vez, hacer que resuenen en mi conciencia, asumirlas y vivirlas.

miércoles, 2 de julio de 2014

Manso y humilde de corazón

Hoy, por el momento, sólo quiero decir que en mi vida se están dando eventos importantes a una velocidad vertiginosa. Hay cosas que me gustaría que fueran de otra forma. Pero comprendo que mi mente es estrecha, pequeña... tiene razonamientos limitados y que no cabe todo lo que Tú sabes que tiene que pasar, lo que tiene que ser y de qué manera. Sólo ruego... que recuerde tus palabras para aceptar lo que Tú, con tu sabiduría y amor, permites: Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón... y la carga se hace ligera. La humildad conlleva la aceptación y también el respeto a las decisiones de otros. Ellos tienen derecho a decidir según su mejor discernimiento.

Y confiar en tu amor. Confiar en María dulcísima y su maternal cuidado y amor.