A partir del evangelio del Domingo (Mc 10, 17-30), en el que el Señor expresa: ¡Qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios!, he estado meditando éstas y las siguientes palabras de Jesús en los posteriores pasajes evangélicos que nos propone la Liturgia: ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio. Y en Lucas 11, 42 el Señor señala: ¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan los diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios!
Confiar en las riquezas... confiar en el poder de uno mismo, en los "logros exitosos". Gustar del y confiar en el reconocimiento, los elogios...
Dimensionar... Logros, reconocimiento, elogios... No los busco pero los recibo y me halagan... Aunque cada vez menos practicando la impasibilidad. Vanagloria que es gloria vana e insignificante para el Reino. ¿Qué me agrada más?
Lo interior... el Señor conoce lo exterior y lo interior... Dimensionando... Quiero morar y experimentar el Reino de Dios, aprender de Él que es manso y humilde de corazón... y no olvidar la justicia y su amor, por mí... y por todas sus demás creaturas.
Dimensionanado... ¿Cuánto valen los elogios? ¿Cuánto valen los logros materiales, intelectuales, sociales, si no están al servicio de la justicia y el amor de Dios? Valen poco, valen nada...
Dimensionando y diferenciando la gloria vana e intrascendente, a la del gozo trascendente del Reino... ¿Logros? Los he tenido... pero prefiero los que se fundamentan en la justicia y el amor de Dios que me permitan experimentar su Reino... y ser humilde instrumento para edificarlo en Cristo Jesús.
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