lunes, 29 de junio de 2015

Jesús, el Hijo de Dios Vivo

Festividad de san Pedro y san Pablo

Tú eres el Hijo de Dios Vivo

Qué encontraron en Jesús.. Pedro y Pablo. Uno, que a pesar de seguirlo, en el momento difícil lo negó... Pero después entregó todo por Él y su Reino, hasta la propia vida. 

Otro, quien lo persiguió ferozmente, pero después cambia esta acción para entregarse absolutamente a predicar el evangelio de forma incansable y entregar su vida hasta la muerte por Él y su Evangelio de Vida.

Yo no tuve ese privilegio infinito de verlo, ni de vivir con tanta fuerza como Pablo, la manifestación de su Presencia, tan viva que le transformó de perseguidor a uno de los más grandes e inagotables anunciadores del Reino. Pero quiero tenerlo presente con una fuerza tal que me mueva en todo y pueda abstraerme de cualquier cosa que no sea su Presencia viva y nada pueda moverme más que sólo Él. Tener la convicción, no sólo intelectual sino interior, no sólo por tradición sino por la fuerza poderosa que debe dar la viva presencia de Cristo: en la eucaristía, en el sagrario, en la oración, en la vida cotidiana y en el propio ser interior... permanentemente. Vivir en estrecha unión, intimidad y convicción de Cristo vivo, sin distractores, con plena atención, viviendo en Él y con Él cada momento, sin desbordada atención a lo externo, ritos, signos, ornamentos, personas, circunstancias, eventos y otras cosas que nos desvían del Centro: Cristo eternamente vivo, Cristo actual en mi vida, Cristo vivo y actual en cada momento de mi vida.

lunes, 22 de junio de 2015

Lectio de estos días

En estos días el Señor me ha dado muchas lecciones. No sé por qué traía en mente la palabra "barca" hasta que me di cuenta que en la lectio de ayer domingo, esta era la palabra con la que el Señor quería hacerme reflexionar y trabajar. Se me ha presentado la oportunidad de integrarme en un proyecto humanitario. El Señor me dice: "Súbete a la barca". Sé que habrá tormentas, muchas dificultades, no es una empresa fácil. Pero al igual que los discípulos, siento temor e inseguridad. A ellos dijo: ¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Aun no tienen fe? Esto lo podemos aplicar cada uno en nuestras vidas. Yo lo asumo como dirigido también a mí, por lo que concluyo que quiere que me suba a la barca, a sabiendas de que habrá temporales ¿pero acaso no tengo fe? Quiero aprender de la obediencia de María y simplemente ser una barca que se deja guiar, poner toda mi confianza en sus manos como ella.

Las otras palabras que el Señor me destaca en la lectio, son: No se puede servir a Dios y al dinero...
Me quedo con esto: Servir a Dios. Es muy claro, servir a Dios está por encima de todo, y todo lo que hago puedo hacerlo por su amor y por servirle, hasta las cosas más cotidianas y fatigosas. Naturalmente que tuve innumerables oportunidades de servirle atendiendo a las personas con las que convivo, y no fueron pocas. Cuándo se asomaba algún pensamiento de fastidio o de deseos de evasión a las tareas y de prejuicio hacia otros... El Señor me recordaba: Hacerlo todo por servir a Dios.  

Hoy mi palabra fue juzgar... No juzquéis y no seréis juzgados. Trato de no juzgar, eso es verdad. Pero ahora tengo más conciencia de mis pensamientos y descubro que sí emito algunos juicios sobre otros. Muchos son juicios positivos o inofensivos. Pero otros juicios me posicionan a mí sobre otros. Esto ya lo tengo muy claro, no es esta la manera de negarse a sí mismo, ni de ser mansa y humilde de corazón como nos invita Jesús a ser. El yugo del ego es pesado, encadena demasiado, no puedo seguir dependiendo de su yugo. Necesito liberarme de él. Así que no puedo posicionarme sobre nadie y más bien saberme pequeña y nunca más que nadie. Hoy me elogiaron. El ego comenzaba a querer engolosinarse y yo a entrar en lucha. Me bastó con mirar la profundidad del cielo y su infinitud para comprender que cualquier acción es mínima en relación a lo vasto del universo y de la humanidad delante de una sola criatura que soy yo, y sobre todo, ante la obra extraordinaria y magnánima de Dios. 

lunes, 15 de junio de 2015

Sean perfectos como su Padre celestial...

Mt 5, 43-48
“Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial…
… Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.
Esta doctrina de Jesús es sorprendente. Algo es muy claro, Jesús conoce perfectamente al Padre, sabe cómo es el Padre y nos hace ver la entrega, la justicia y el proceder del Padre. ¿Que a nosotros nos cuesta llevar a cabo esto? Eso es clarísimo, pero Jesús insiste: Sean como Él… Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto. ¿En qué consiste por lo tanto la perfección? ¿Es posible llevarla a cabo? Durante el transcurso del día tendré muchas oportunidades de preguntarme si voy más allá del amor exclusivo a los míos. Habrá personas en mi entorno en en todo momento. ¿Seré capaz de verlas y tratarlas como trato a quienes amo? Lo importante será no olvidar a qué perfección se refiere Jesús. Si salgo de mí misma para comprender al otro. Si salgo de mí misma y aunque no pueda comprenderlo porque ese otro me hace sentir contrariada y, en algunos casos humillada, pero veo en esta situación una oportunidad para minimizar a mi ego y amar a Dios…  entonces, estaré acercándome a esa perfección. No me faltarán oportunidades. El egoísmo no permite amar, por eso el ego debe menguar... disminuirse... Señor, abre mis ojos para ver estas oportunidades de amar a quienes más me cuesta, no sólo orar por ellos, que ya es mucho, sino morir a mi ego por amor a Ti y amarles como criaturas tuyas también, tanto como yo y los míos.


martes, 9 de junio de 2015

Contacto consciente con el Señor

Muchas cosas ayudan a mantenerme en contacto consciente y constante con el Señor. Naturalmente que la Sagrada Eucaristía y la oración humilde y silenciosa en la que desaparezcan los caprichos de mi ego, son esenciales. También la escucha atenta de la Palabra introducida como rico alimento a mi vida. Pero me falta más para no dejarme arrebatar por lo cotidiano falto de Ti. Mirar... contemplar tu obra... cielo, árboles que apuntan al cielo, nubes multiformes que se dibujan y desdibujan, aves... giro la cabeza para un lado y para otro, hacia arriba y hacia abajo... siempre hay signos de tu belleza creadora, generosa y sabia. Así me conecto, no puedo dejarme absorber y alejarme. Antes al contrario, te necesito como necesito el aire que me mantiene viva.

Sí, para gloria de Dios

2 Co 1, 18-22

Todo Él es un "sí". En Él, todas las promesas han pasado a ser realidad. Por Él podemos responder "Amén" a Dios, quien a todos nosotros nos ha dado fortaleza en Cristo y nos ha consagrado.

Cristo dijo sí. María dijo sí. Decir sí a Dios.

Mt 5, 13-16

Que brille la luz de ustedes ante los hombres, dice el Señor, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos.

Que brille la luz, para eso es la luz, para despejar las tinieblas. Para que brille la luz todo será siempre para gloria de Dios.

Muchas reflexiones surgen en mi mente con esos versículos. Lo primero es decir sí a Dios. Él, en su amor infinito dice sí. También María es ejemplo del sí confiado en el amor y sabiduría de Dios. Cristo, se entrega por amor como oblación perfecta, en obediencia al Padre – lo que me asegura que el Padre dijo también sí-. Los grandes santos han dicho sí. Decir amén, decir así sea… Sea, Señor…


Brillar, recibir la luz… actuar conforme a la luz que infunde el Espíritu del amor, para que Dios sea glorificado. En otro pasaje, Jesús dice: Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda. Nos invita a la discreción, a la no fanfarronería. Todo es cuestión de la pureza de intención y humildad. Las obras ¿son por amor y no por satisfacer y alimentar al propio ego? Dios conoce las intenciones. El ego disminuye, el ego desaparece, la gloria de Dios es la meta, el fin, el por qué y el cómo. ¿Por qué la veneración a los santos? Porque son intercesores en el amor de Dios. Pero todo desaparece para dar cabida a la única fuente de vida, de santidad y de amor y darle por siempre gloria a Él, a Él todo el honor y la gloria. Amén.

jueves, 4 de junio de 2015

Corpus Christi

Celebramos esta fiesta gracias a uno de los muchos milagros eucarísticos en los que Dios, en la persona de Cristo, nos confirma su presencia viva y verdadera en la hostia consagrada. Esto nutre nuestra fe, nos anima, nos vivifica profundamente.

Me he dado cuenta de que comulgar tiene un significado muy profundo. Es albergar y albergarse en el corazón vivo y  misericordiosísimo de Jesús, abierto a todos, para abrirnos también nosotros en misericordia. Ya no puedo quedarme sólo en estado de complacencia egocéntrica sino darme cuenta que comulgar es abrir el corazón a la humanidad entera y ofrendarse humildemente junto con Cristo, Señor de misericordia y rogarle que nuestro corazón sea transformado también en misericordia. Adorarlo, y permitir que el Señor obre a través de su gracia, dejar que fluya su gracia como circula la sangre por todo el cuerpo, desaparecer humildemente, permitirle imperar y desaparecer humildemente.