lunes, 31 de agosto de 2015

¿El mandamiento de Dios o las tradiciones de los hombres?

Marcos 7, 14-23
El otro día por la mañana, sentía yo una gran alegría. Un suceso aparentemente simple motivó mi alegría. Obtuve una sonrisa de una persona que casi siempre está seria. Qué bello es suscitar una sonrisa en alguien que casi nunca sonríe. Pensé en Dios, y reflexioné que Él es el creador de las sonrisas y si sus creaturas sonríen, cuánto más sonreirá Él… ¿Sonríes Tú, Dios y Señor de todo y de todos? Seguramente que sí, por eso nosotros sonreímos. Iba por la calle y al cruzar por una avenida se abrió ante mí un panorama espectacular: un volcán que se percibe cerca de aquí estaba nevado ofreciéndome con él tu sonrisa. Toda obra bella es tu sonrisa. La mañana soleada, los reflejos del sol en las nubes creando obras artísticas excelsas y de colores y matices tan diversos como inigualables… son tu sonrisa para el mundo entero. Las copas de los árboles con diferentes tonalidades de verde causadas también por los reflejos del sol y por sus variados colores originales de hojas tiernas y de hojas ya caducando…
Escuchaba a la par un canto compuesto con la letra de un poema de San Juan de la Cruz. Todo me llevó a Ti y a valorar tu gran bondad.

Por la tarde, casi noche, mi alegría se convirtió en tristeza. ¿Por qué? Comentarios… comentarios que me entristecieron. Me duele cuando la gente hace comentarios negativos sobre otras personas o sobre otras creencias religiosas y más aún cuando no se tiene fundamento. La visión del ser humano es restringida. Valoro mucho cuando hay respeto hacia los otros y hacia otras religiones. Sea de personas que critican a la Iglesia sin conocer a fondo toda la obra de misericordia que realiza en todo el mundo y se deja llevar por casos aislados que la prensa se encarga de divulgar en mucho, por amarillismo Así como también me entristecen católicos que descalifican a priori otras tradiciones que de hecho pueden tener enorme riqueza y enseñanzas. Respetar es un signo de apertura y verdadera humildad que fomenta la paz y la armonía. Cuando hay crítica, velada o explícita, no hay humildad ni verdadero amor y compasión porque los juicios se fundamentan en un panorama incompleto. ¿Se puede valorar o juzgar sólo con una visión parcial, con una cerrazón o inclinación marcada sólo hacia lo que se quiere creer? ¿Puede darse un juicio absoluto o categórico de esta manera? Creo que lo único absoluto es lo que se fundamenta en el amor. Por eso... ¿El mandamiento de Dios? ¿o las tradiciones de los hombres?

Por otro lado, el evangelio me sugiere poner atención y discernir entre lo que es puro y lo que se procesa en la mente y llega a hacerse impuro. Vuelvo a lo mismo... lo puro es lo que motiva al verdadero amor, lo que no está contaminado por el egoísmo y los intereses personales egocéntricos. Lo impuro son aquellos pensamientos que generan animadversión, aborrecimiento, egoísmo, es lo que hay que desechar así como el cuerpo desecha lo tóxico y que no nutre. El silencio y el respeto depuran en buena parte aquello enfermo y egoísta que se procesa en la mente para evitar las intenciones malas, las injusticias, el abuso, codicias y todo lo que menciona Jesús. 

martes, 25 de agosto de 2015

Nosotros creemos que Tú eres el Santo de Dios

Del evangelio del Domingo 23 de agosto del 2015

Juan 6, 69

Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios.

Digo que creo…

Reflexionaba cómo mi mente está muy a menudo volcada hacia el exterior y menos hacia el interior. Quizá esto es normal. Pero es necesario volverse al propio interior, mi ser íntimo y buscarte. Aún en momentos supuestos de interiorización, la mente está dirigida al exterior. Hoy me di cuenta de eso porque hubo una circunstancia y actitud de una persona que desató enojo en mí. Interpreté como descuido, falta de consideración, hacerme a trabajar más por una decisión de alguien, que afectó y alteró mi momento y disposición a hacer otra cosa. Trabajando ya de mala gana en corregir lo que suscitó la torpeza de esa persona, me percaté que lo que me hacía falta en ese momento era girar mi mirada, no al hecho ni a la torpeza de la persona (que además lo hizo sin intención de molestarme), sino a tu presencia viva, Señor.  Traer a mi mente y corazón tu rostro y mi interior consciente hacia tu viva Presencia, me hizo cambiar instantáneamente mi actitud. No puedo perderte. No puedo dejar que predominen mis interpretaciones, ni mis impulsos. Me di cuenta cómo puedo decir una cosa en cuanto a lo que creo, pero que mis impulsos y mi distracción me llevan a reaccionar de otra manera no tan acorde a lo que digo que creo. Pero si traigo tu viva presencia y tu rostro, no como un simple decir creer, sino como alguien vivo y presente, mi visión cambia automáticamente y sé que la actitud necesaria es el amor, la aceptación, la comprensión y la paciencia. ¿Permitir que mi mente se deje llevar por la corriente de mis impulsos y de algunos sucesos? ¿U orientar mi ser entero hacia la realidad de tu existencia y viva Presencia llena de amor?

Oro en silencio, y luego me percato de que mi mente se distrae en pensamientos conectados con el exterior, o en relación a mi yo. Después de comulgar me quedo en silencio, permanezco consciente de que ahí estás Tú. Puedo distraerme con mis propias reflexiones conectadas con el exterior, mi mente viaja en el espacio y en el tiempo, siendo que en ese aquí y ahora sólo cuentas Tú. Y me vienen a la cabeza tus palabras: Martha, Martha, tú te preocupas de muchas cosas, siendo que una sola es la más importante… Así veo mi mente cuando se dispersa en el tiempo y el espacio, preocupada por tantas cosas. Y recuerdo a María, sentada contemplándote. Entonces aquieto mi mente, respiro consciente de tu Presencia y mi alma puede sentarse a contemplarte como María, sin nada más que tu bendita Presencia.

martes, 18 de agosto de 2015

Para los hombres es imposible, mas no para Dios

Mateo 19, 23-30
Pero Jesús, mirándolos fijamente , les respondió: "Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible".

Esto lo dijo en relación a lo difícil que resulta para los ricos, apegados al dinero, entrar en el Reino de Dios, es decir, el Reino del amor.

Mirándolos fijamente... Mirar fijamente... El Señor nos mira fijamente a cada uno, y nos dice: Para Dios todo es posible... ¿Cómo no va a mirar a todos quien por ellos ha padecido y entregado? Para Él todo es posible... ¿Y mi mirada, en dónde se posa?  Cuántas cosas pueden distraerme.Mi conciencia se hace cada vez más aguda y me permite ver con mayor claridad en donde se encuentra puesta mi mirada, mi mente o mi corazón. Me mantengo despierta muchas horas en el día de las cuales, puedo decir que mi mirada y mi corazón están puestos fijos en Ti cierta parte de este tiempo, pero son breves momentos en relación al tiempo que paso distraída de Ti. Mis distractores son el internet, publicidad, historias y más historias y gran cantidad de información. Aún cuando estoy contigo, me descubro a mí misma con mis ojos puestos en otras cosas. Aún cuando oro, me percato de que hay veces en que mi mirada se cicla y gira en torno a mí misma o a cosas externas, tantos estímulos... Cuando canto en la Celebración, tengo que hacer un esfuerzo para no centrarme en cómo cantan los demás o en cómo canto yo, sino a quién le canto... Me invitas a dilucidar... ¿necesidades superfluas, inútiles? ¿Necesidades esenciales para la vida? ¿Necesidades espirituales que me acercan realmente a Ti, me conectan y me impulsan a amar, comprender y servir? ¿o se centran en intereses egoístas? 
Mirarte fijamente y comprender lo cerca que estás, incluso de una forma más íntima cuando te recibo en la comunión.

Hoy me diste otras reflexiones. Dos caminos, dos formas de expresar, dos formas de llevar la vida espiritual. Me has permitido escuchar y adentrarme en algunas enseñanzas del budismo. Aparentemente dos pedagogías distintas en el camino espiritual.  Si analizo y hago remembranzas, percibo en mi educación que predomina la idea de que somos malos, pecadores... y llevo a cuestas esta sensación de culpa que me impide tener una paz completa y profunda y una alegría sencilla y permanente. Y me distraigo... Y Tú ahí, esperando a que mi mirada, mente y corazón regresen. En el silencio, te intuyo, te toco... Bendito silencio.

Ellos, los budistas, enseñan que todas las personas poseen una bondad básica. Esto genera paz y confianza. Nosotros lo sabemos puesto que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios que nos confirió la dignidad de hijos, y también hermanos y amigos de Jesús. 

Que poseemos una inclinación innata al mal, también es cierto. Sólo que, cuando continuamente te dicen que eres pecador, olvidas la contraparte con la que Dios en verdad nos proyectó y concibió como sus creaturas. Es como cuando a los niños pequeños sus padres les reprenden continuamente con calificativos negativos, crecen con la idea de ser lo que sus padres u otros les han repetido tantas veces. Reconocer con toda verdad que tienes la capacidad de ser bueno, no te hace presuntuoso sino agradecido. No te hace soberbio sino consciente del sí mismo y de la pequeñez propia y la grandeza y bondad de la Providencia y la Misericordia de Dios, de manera que te permita amar más y más... Para Dios todo es posible. Participar en su Reino requiere de la paz que Él nos otorga, la confianza en su providente amor, valorar este amor para ubicar los bienes materiales en su justa dimensión, abrir el corazón a quienes sufren y compartir lo que en verdad pertenece a Aquel que todo lo provee.

martes, 11 de agosto de 2015

¿Quién es el más grande?

Silencio... ¿Me busco o te busco? ¿Me busco o me entrego, aguardo... me dono... me pierdo...? Son capas en mi mente y corazón que se desprenden, descubriendo tu rostro, tu mirada... Lo distingo... lo percibo... 

De Mateo 18, 1-14

¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos? Jesús llamó a un niño, lo puso enmedio de ellos y les dijo: Yo les aseguro que si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos...

Me he buscado... pero se develan las capas... Aparece fugazmente tu dulce rostro. dulce, sí... compasivo con la fuerza de la realidad... Mansos y humildes... como niños... el yugo impuesto y autoimpuesto se aliviana. Ser como niños, Tú fuiste compasivo siempre con el desvalido, el desprotegido, el pequeño, el sencillo. Puedo imaginar tu rostro, puedo presentirlo. Cuando se levantan los velos que se han ido interponiendo entre la claridad de tu verdad y todos los esquemas adoptados en el transcurso de la vida,  puedo apreciar tu rostro sonriente, dulce y compasivo de ayer y de siempre. ¿Cuál era tu semblante y tu reacción cuando te pedían que los sanaras? ¿Cuando los veías llorando por la muerte de alguien amado, por la enfermedad propia o de alguien querido? ¿Cuando te presentaban a los niños? ¿O cuando hablabas a la multitud desorientada o hambrienta del pan y de Dios? Vislumbrar tu rostro real... Un niño puede hacerlo, percibe tu amor, al pequeño no lo doblega la ambición o el poder. Ser mansa y humilde de corazón, desprenderse... 

Las lectios de estos días me llevan a seguir buscando la humildad, la pureza de corazón, el desprendimiento de toda actitud que alimente el ego, la imagen... Renunciar a sí mismo, aborrecer, que significa sentir rechazo o aversión hacia algo o alguien. 
...  Morir a sí mismo, el grano revienta para dar paso y cabida al fruto. El amor a Dios por encima de la propia vida. El amor a Dios y no esclavizarse al ego. Lo que separa de Dios es aborrecible. Servir a Jesús y ser discípulo suyo debe conllevar la libertad sobre las ataduras del ego que esclavizan. Y Dios quiere nuestra libertad... Sean como niños, como el más pequeño...

domingo, 9 de agosto de 2015

Yo soy el pan de vida

Juan 6, 51

"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".

Pan vivo... El pan vivo que es tu carne. Somos carne con vida que se extingue, carne que se deteriora y se marchita, carne que muere. Pero el alimento que Cristo nos da es vida. El Señor Jesús procede del Padre. Y el Padre es quien nos da la vida, existimos: respiramos, nos movemos, nos alimentamos, somos. El cuerpo necesita alimento. Cristo se compadece y da alimento a una multtud hasta saciarse. Dios se compadece y nos da el alimento que da vida al espíritu, vida eterna. El pan que Jesús nos da es su carne inmolada, es decir su donación total en la cruz. Esto significa el mayor don del amor. Es un pan, pero es a la vez su corazón misericordioso que se entrega y nos dice: Yoy soy el Señor de la Vida, doblego a la muerte y ustedes también resucitarán. El Señor quiere dar vida al mundo. Comer del pan que Él nos da y que ha bajado del cielo nos debe transformar en misericordia porque significa alimentarnos de su miisericordia. Comer de su pan debe abrirnos a amarnos como Él desea que nos amemos y así nos lo pide. A través de esta transformación del corazón, el Señor nos dará vida, la vida en la que reine el amor (que no pasará jamás), la vida eterna. 

viernes, 7 de agosto de 2015

Renunciar a sí mismo y seguirte

Mateo 16, 24

El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga.

Primera implicación:Seguirte.  Quiero seguirte... De verdad lo quiero, Señor. ¿Es posible seguirte sin renunciar a sí mismo? Si no se renuncia a sí mismo ¿A quién se sigue? 

Segunda implicación: Renunciar a sí mismo. ¿Qué significa renunciar a sí mismo? No seguir al ego. Renunciar a él, a sus deseos, caprichos, exigencias, empoderamiento, intereses, criterios personales, juicios parciales egocentrados, presunciones... Renunciar... Puedo distinguir en hechos concretos de mi vida cotidiana el sinnúmero de veces en las que se antepone el ego... Me pregunto cómo es posible que no haya visto en el transcurso de mi vida todas estas exigencias y actitudes controladas por el ego? Y me avergüenzo ante Ti, Señor, me morifico ante Ti. Tú eres mi alimento, tu pan eucarístico me nutre, tu Palabra me confronta, no en una lucha, sino en un reconocimiento de tu amor y de la necesidad de verme sin nada, sin conceptos erróneos sobre mí. Verme sin nada ante quien es Amor. Tu pan es Vida eterna porque une, invita al amor de unos por otros. De tu Corazón misericordioso manan las gracias para que en verdad nos amemos. No estoy sola... estás Tú y están todos ellos. Misericordia... fraternidad, humildad... 

 Desfilan ante mí las imágenes de las circunstancias en las que me falta renunciar a mí misma. Salgo de mis reflexiones, salgo de tu Casa y empiezo a ver multitud de personas que comienzan el día para trabajar, para atender a sus familias, pululan por las calles y comprendo cuánto las amas. Me das paz. 
Poco después se me presentan ocasiones en las que que puedo optar por renunciar a mi ego o dejarme llevar por mis reacciones egocéntricas. Un suceso, un estímulo, un pensamiento interpretativo egocéntrico, una sensación y una reacción. Cosas de todos los días... el tráfico, un quehacer, una persona que necesita de mi paciencia y cariño, otra que me pide algún servicio que está en mis manos... tareas domésticas... Renunciar a mí misma... hacer silencio ante Ti para no dar pie a los pensamientos y reacciones alteradas y egocéntricas. Silencio... ofrendar con amor. Recordarlo, quiero seguirte, Tú me clarificas y me das la luz para ver en lo cotidiano la oportunidad de renunciar a las exigencias e intereses propios de mi ego. Las reacciones vienen después del pensamiento interpretativo. Detenerlas haciendo silencio, detenerlas, no darles rienda suelta, recordar que al renunciar a ellas puedo seguirte más de cerca, y eso quiero.

domingo, 2 de agosto de 2015

La santidad de la verdad

Efesios 4, 24 y de Juan 6, 24-35

Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la verdad.

La santidad de la verdad

Dejar que el Espíritu Santo renueve su mente...  Para acercarse a la santidad es preciso meditar con la verdad como consejera. Dejarse renovar por el Espíritu. 

Distingo entre estas dos actitudes y pensamientos: Una, cuando me miro y veo el mundo con los ojos de la verdad y la misericordia, que se fundamenta en la verdad. Y la otra, cuando juzgo a priori dejándome llevar por los juicios de mi ego. La verdad me induce a no emitir juicios sin fundamento. Por eso no puedo juzgar a ninguna persona aun cuando yo no entienda sus actitudes. La verdad permite ver con justicia al otro y a mí misma. Puedo enojarme... pero ¿por qué me enojo? ¿Es el ego que reacciona? ¿Puedo ufanarme de algo? ¿No es el ego que veladamente se posiciona y sobrevalora? La verdad... La santidad se alcanza por la verdad... ¿Qué verdad? La verdad de la justicia, la verdad del reconocimiento de las propias miserias y la aceptación de mi naturaleza imperfecta, la verdad ante Dios. En la homilía de hoy, el sacerdote, al hablar sobre la necesidad de ver a través de la luz de la verdad de Cristo, su evangelio y su Palabra, puso un ejemplo muy elocuente: El polvo en la casa se percibe mejor bajo los rayos luminosos del sol, de otra manera podría parecer que la casa está limpia. De igual forma, ante Dios, que es luz, se puede ver con claridad la basura que genera el ego y que impide amar con entrañas de madre. La Palabra es Pan de Vida. La Eucaristía es Pan para la vida eterna. Cristo es el Pan, la Verdad y la Vida. El Pan que se inmola para dar alimento al mundo. Sin duda alguna, es esencial ver hacia dentro, identificar la basura, en la oscuridad no se ve la basura. Pero hoy, el Señor se encarga de hacerme ver... Veo mi humanidad, veo mis miserias, y le agradezco porque es la única forma en la que se puede cambiar y convertirse día a día a Él e intentar hacer las obras de Dios.