miércoles, 7 de octubre de 2015

La mirada fija en el Señor

Somos seres eminentemente sociales. Muchos de mis pensamientos y actitudes giran en torno a los demás: lo que dicen, hacen o dejan de hacer, o cómo lo hacen, lo que piensen acerca de todo y de mí. Mi mente es una ventana abierta que recibe una innumerable información de afuera y yo, conectada con ella.
Hoy, distingo con mayor claridad que ese permanecer  ligada con mi entorno social y circunstancial me atrae y distrae cuando supongo que miro hacia dentro. Son breves los momentos en que estoy conectada conscientemente y exclusivamente en Ti, Señor. Luego mi atención se desvía. Un ejemplo, es cuando canto en la celebración eucarística o en la liturgia. Me descubro centrada en cómo canto y no a quién canto y qué le digo con mi canto. También me sucede en algunos momentos de mi oración silenciosa... Trato de hacer silencio, y si en algún momento me sugieres alguna reflexión, mi impulso se va hacia afuera y pienso: Esto que me dices es importante, debería escribirlo... Y entonces mi atención sale del momento del silencio en mi habitación interior en la que sólo quiero estar contigo y entregarme centrantrándome solamente en Ti.. Mi habitación interior se convierte en la escena de Martha y María en Betania: Mi mente es Martha, quien se preocupa de muchas cosas. Pero basta descubrir esto, para regresar serenamene, permanecer en quietud, entregada y dispuesta a poner mi mirada fija sólo en Ti, como María de Betania.

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