viernes, 28 de febrero de 2014


Como un niño para entrar en el Reino

 Mc 10, 13-16

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.


 Ser como niño, para entrar en el Reino... Me conmueven intensamente estas palabras hoy, días en que veo a mi madre postrada en un lecho y regresando a ser como un niño pequeño. En su ancianidad ella puede estar segura que entrará en el Reino de los cielos. Hace unos días le trajeron la comunión. Ante la Hostia Santa conteniendo el Cuerpo divino de Jesús ella exclama implorando: "Perdóname Jesús todos mis pecados". Requisito para entrar en el Reino, la conversión y la conciencia de haber cometido errores y actos que pudieron dañar a alguien o a ella misma. El otro requisito, "ser como niños"... Ella es ahora realmente como una niña, indefensa criatura incapaz de hacer daño a nadie, pequeña y desvalida, agradecida por el amor derramado en ella por los cuidados maternales... Se invirtieron los papeles y yo soy ahora para ella una madre que la cobija, que la protege, que la alimenta, que la cuida y que la atiende. Que no tenga miedo, que no tema. Ella fue educada en una generación en la que presentaban a Dios como un ser que condena y castiga. Comprender el amor tan absoluto e incondicional de Dios es difícil para todos los que crecieron con esa idea. ¿Cómo hacerle confiar plenamente en ese amor tan dulce y misericordioso? El padre del hijo pródigo se asomaría por la ventana o de lejos cada día para ver si el hijo volvía. Y cuando lo ve venir, se apresura hacia él para llenarlo de besos y lo recibe y mira con ternura. Mi oración es que ella no tema, que el amor de Dios, su ternura, su perdón y misericordia le sean tangibles. Amen.

martes, 25 de febrero de 2014

 Recibir en tu nombre

 Marcos 9, 37


"El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado".

Recibir en tu nombre... A los más pequeños, a los más desvalidos, a los más insignificantes, a los enfermos, los ancianos, las personas marginadas, abandonadas, pequeños desatendidos, los olvidados. ¿Recibirlos en tu nombre? ¿Qué significa recibir en tu nombre? ¿Como si fueras Tú? ¿Tal como Tú los recibirías? Ir en tu nombre, atenderlos en tu nombre, de parte tuya como representantes tuyos, ovejas de Cristo, hermanos de Cristo, discípulos de Cristo. No ir en nombre propio sino como dignos representantes tuyos tal y como Tú los albergarías en tu corazón, con comprensión, con compasión, con empatía y bondad amorosa. Así lo harías Tú y eso es recibir en tu nombre. ¿Recibir? Como quien recibe en casa a alguien muy querido y esperado. Albergar, hospedar de corazón, en espíritu y verdad. Eso implica recibir en tu nombre. 

Transforma mi corazón en la casa que dé albergue a aquellos que me necesitan.

lunes, 24 de febrero de 2014


Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos".

Marcos 9, 14-29


"¡Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos. Si puedes...!", respondió Jesús. "Todo es posible para el que cree". 
Inmediatamente el padre del niño exclamó: "Creo, ayúdame porque tengo poca fe". Mc 9, 22-23 



 Sé que puedes, no tengo duda alguna de que puedes. Todo es posible para Dios. Yo creo en ti y creo que eres Dios y nos amas, no tengo duda. Tú dices: Todo es posible para el que cree... No dudo de Ti, dudo de mí. Me siento frágil y vulnerable. ¿Falta de fe en Ti? No. Sólo que reconozco que soy vulnerable, tenía una fe equivalente a certeza. Me sentía protegida. Hasta que la enfermedad incurable, la enfermedad crónica y casi siempre devastadora entró en mi casa. Reconocí que soy vulnerable, reconocí que no tengo un escudo protector infranqueable. Rogué y rogué. Y te bendigo mil veces porque aun cuando la enfermedad sigue, está controlada. Ahora la enfermedad vuelve a aparecer en mi casa acompañada de vejez, muchísimos años encima. ¿Qué puedo pedirte? ¿Sánala? ¿Llévatela para que no suframos las dos? Confío en tu amor, misericordia y sabiduría. "No se haga mi voluntad sino la tuya". Danos paciencia, fortaleza, entereza y compasión, Señor. Esto te pido y digo: Creo.

viernes, 21 de febrero de 2014

Seguirte y tomar la cruz...

Marcos 8, 34

Dijo a la multitud que lo seguía y a sus discípulos: "Quien quiera ir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga". ¿Qué es seguirte y tomar la cruz? Seguirte es no temer al calvario que a veces la vida presenta y aceptarlo como Tú aceptaste el tuyo por amor, sólo por amor. Es tener la esperanza de que después del calvario aparecerá tu gloria. "Ni el ojo vio ni el oído oyó ni al corazón del hombre llegó lo que Dios tiene preparado para aquellos que le aman" (1 Corintios 2, 9). Llevar la cruz es seguirte, imitar tu actitud, proseguir el sendero aceptando todo por amor, sólo por amor. Es llevar ese calvario ineludible que en cada una de nuestras vidas aparece con la enfermedad, con el duelo, con las dificultades que representa el tratar de ser justo, con tantas otros dramas que en la vida se presentan, alternadas por momentos de paz y momentos felices y también a veces difíciles. Sí, ese calvario aceptado cuando no hay solución huamana y llevado por amor, es seguirte, seguir tus pasos, ir en pos de ti entregándolo todo.Atendiendo a mi anciana madre me das estas palabras y yo, quiero seguirte, ir en pos de ti.

jueves, 20 de febrero de 2014

Adorar...

Adorar a Dios es postrarse ante Él que trasciende todo entendimiento humano pero Es. Es porque es origen de la existencia misma de todo.
Adorar a Dios es contemplarle y amarle en silencio con profundo recogimiento, sin hablar, sin rezar, sólo adorar.
Adorar es ubicarse como diminuta criatura ante el Misterio dador y creador.
Adorar es abandonarse confiando plenamente en su amor y dejar fluir en sí su voluntad, su silencio.
www.adorasi.com

jueves, 13 de febrero de 2014

La vela encendida

La vela encendida.

Mateo 5, 15-16 

Una vela no se enciende para ponerla después debajo de una olla porque no daría ninguna luz y no alumbraría a los que están dentro de la casa. Una vela no se enciende por sí sola, es alguien que la enciende. La vela no está afuera, está adentro para que pueda iluminar la casa, el entorno de donde se coloca. Imaginaba esta escena con la vela afuera, a cierta distancia de mí. Pero de momento comprendí que la vela está a dentro y que para encenderla necesito de fuego, y que el fuego que la enciende es el fuego del amor de Dios. Pues como el fuego, el amor de Dios se propaga. Así que para encender la vela que hay en mi interior y no afuera, necesito estar consciente del amor de Dios, creer en él y confiar en él, en este amor infinito que sabe amar sin límites. Tener la conciencia y la certeza de ese amor, presentirlo, reconocerlo, dejarse amar, acoger con ternura y calidez. Tal calidez que se presiente, envuelve, acoge. Conciencia, fe, Eucaristía, Palabra y silencio sencillo y humilde y confiado en su entrega total para dejar permear está luz de su amor. Es dejar que la vela de mi interior sea encendida por el fuego divino del Amor, y así, esta vela podrá alumbrar en el entorno.