De las lecturas del domingo pasado y de mis vivencias actuales.
Dice
en el Libro del profeta Isaías:
“Mis pensamientos no son los
pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor. Porque
así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de
ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos.
En
el Salmo 144, su autor dice:
El Señor es compasivo y
misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor
para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas. Siempre es justo el
Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No está lejos el
Señor de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor de quien lo invoca.
La
misericordia y bondad de Dios me sobrepasa.
Sean como niños… Observaba hace
un instante la imagen del rostro de un bebé. Mi atención se concentró en sus ojos.
En verdad denotan una gran pureza de corazón. Él es una creatura incapaz de hacerle
daño a nadie, ni pasa tampoco por su corazón ni la envidia, ni los celos, ni el
deseo de poder. Ser como ellos… En ese momento, cuando observaba esta imagen, la
presencia de alguien cerca de mí, me contrarió. Entonces me percaté de que esa creatura
no tendría esa reacción que yo tuve. Su mente y corazón no han fomentado ninguna
discordia ni intolerancia hacia los demás. Ese es el estado natural de la mente.
El estado natural de la mente no es intolerante. Lo que nos hace intolerantes son
todos los patrones que hemos adquirido a lo largo de la vida y que no conforman
nuestra verdadera naturaleza bondadosa hecha a semejanza de Dios. Por eso el Señor Jesús nos dice: No impidan a los niños que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos. Mt 19, 13-15