martes, 23 de septiembre de 2014

Sean como niños... de ellos es el Reino de los cielos



De las lecturas del domingo pasado y de mis vivencias actuales.

Dice en el Libro del profeta Isaías: 

“Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos. 

En el Salmo 144, su autor dice:
El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas. Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No está lejos el Señor de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor de quien lo invoca.

La misericordia y bondad de Dios me sobrepasa.
Sean como niños… Observaba hace un instante la imagen del rostro de un bebé. Mi atención se concentró en sus ojos. En verdad denotan una gran pureza de corazón. Él es una creatura incapaz de hacerle daño a nadie, ni pasa tampoco por su corazón ni la envidia, ni los celos, ni el deseo de poder. Ser como ellos… En ese momento, cuando observaba esta imagen, la presencia de alguien cerca de mí, me contrarió. Entonces me percaté de que esa creatura no tendría esa reacción que yo tuve. Su mente y corazón no han fomentado ninguna discordia ni intolerancia hacia los demás. Ese es el estado natural de la mente. El estado natural de la mente no es intolerante. Lo que nos hace intolerantes son todos los patrones que hemos adquirido a lo largo de la vida y que no conforman nuestra verdadera naturaleza bondadosa hecha a semejanza de Dios. Por eso el Señor Jesús nos dice: No impidan a los niños que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos. Mt 19, 13-15


viernes, 19 de septiembre de 2014

Señor, danos tu luz y compasión

Una vez más una película me lleva a la reflexión. La película se llama Doubt, con Merril Streap como actriz principal. Es una buena película. No la narraré para quien desee verla. Mi reflexión es sobre cómo el ser humano, cuando tiene rigidez y dureza de corazón puede llegar a dar por hecho algo cuyas pruebas no posee y enjuiciar y condenar a alguien. Juzgar por apariencias, y dar por hecho... es algo muy grave. Y esto es tan frecuente... criterios humanos, visión restringida. He oído que algunas personas dicen: Piensa mal y acertarás... Esto me sorprende, ¿no es mejor la prudencia? ¿quién puede tirar la primera piedra? Juzgar sin fundamentos, ¿quién tiene derecho?

  También al Señor le han atribuido cosas, han hablado, han escrito... Pero el Señor es bondad, es misericordia, es perdón, es compasión... El Señor es Verdad, es Luz, es Amor, el Señor es Sabiduría... Señor, mira y sana nuestra humanidad frágil, ignorante de tantas cosas, nuestra pobre visión que no puede abarcar la verdad. Cierra nuestros labios cuando se trate de mancillar la honra de alguien, y a abrirlos con compasión cuando sí haya que decir algo, siempre que sea justificado por el amor.


Estar presente



Estar presente… esta es parte esencial de la escucha además del silencio. Hace un instante estaba intentando hacer mi oración y me di cuenta de cómo me asaltaba alguna imagen de un monasterio silencioso que invitaba a la búsqueda de la unión con Dios. Siempre lo imagino con arcadas permitiendo la entrada de algunos rayos de la luz del atardecer. Añorando… algo que he anhelado, pero algo inexistente para mí en este momento. Esto equivale a estar ausente. Estar presente no significa necesariamente exaltación, porque el ego desea siempre apegarse a esta sensación agradable y entonces se olvida de la Presencia silenciosa de Dios. Estar presente es estar disponible sin que la imaginación construya lo que desearía escuchar, sentir… experimentar. Estar presente es no emitir juicios sobre lo que sucede o deja de suceder fuera  o dentro de mí, de acuerdo a mis patrones preconcebidos o mis expectativas egocéntricas. Hay momentos para callar, para silenciarse, para interiorizar la Presencia. Hay momentos en los que, a partir de la lectura de la Palabra, el Señor hace sugerencias sutiles o conduce y genera movimientos del corazón para que pueda comprender lo que quiere decir, para dejarse guiar por su voluntad encaminada siempre al amor. Entonces la Palabra resulta una fuente inagotable de riquezas para el alma creyente. Pero son necesarios los momentos de silencio, de hacer de lado lo preconcebido, de disponer el corazón confiando, sólo confiando… en actitud de abandono humilde y desapegado, simplemente estar presente ante su Presencia. Ampliar esta perspectiva y actitud de vida a las tareas cotidianas. Estar presente en cada actividad del día y realizarla con la plena conciencia y la entrega amorosa que requiere.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Si tu hermano comete pecado...

 De Mateo 18, 15-20


 "Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano". 

Señor, creo que he exagerado en cuanto al respeto a la libertad de los otros. Porque he tenido oportunidad de hablar con personas que han incurrido en alguna falta y yo no me he querido involucrar. ¿Hasta qué punto esto está bien? Ahora me haces reflexionar que hay cosas que deben decirse. La prueba es clara. Por no hablar con alguien querido sobre una falta, esta ha tenido consecuencias negativas. Ahora veo que debo hablar, no como quien juzga sino con amor, que es muy distinto.

Por otro lado, la palabra "apartarse", hoy me dice mucho también. Apartarse de lo que daña, alejarse... y acercarse a quien da vida en abundancia y vida eterna.

Tengo días en los que no cuento con ayuda y se me hacen tremendamente pesados. Ayer ni siquiera pude ir a misa, que es mi alimento. El Señor es mi alimento y cuando no estoy estrechamente unida a Él a través de la Eucaristía y la oración, estoy irritable y las cosas se me hacen muy difíciles. Pero por otro lado, sé que realizar lo difícil, a pesar de mi frágil y contrariada humanidad cuando las cosas no son fáciles, son una mejor ofrenda realizada por amor a una personita muy especial, por quien ofrendo todas mis acciones. Si todo fuera fácil, ¿qué clase de ofrenda sería? La puerta es estrecha, no holgada y cómoda. Lo que sí es importante, es no apartarme del alimento de mi vida que es Cristo, no alejarme de mi meta y de mi Todo que es la Trinidad.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Odres nuevos y odres viejos

Lucas 5, 33-39


"¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?".
Jesús les contestó: "¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán".
Les dijo también una parábola: "Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres.


No se puede meter vino nuevo en odres viejos. Cada cosa donde le corresponde y en el momento indicado. Estando el Novio... no se puede ayunar sino celebrar. Por eso hay tiempo de penitencia y ayuno, prepararse en el encuentro: cuaresma y adviento. 
No me puedo amarrar a mis juicios y prejuicios, ni a patrones ni esquemas.

Durante mi oración de silencio, es natural que vengan pensamientos. Me doy cuenta que algunos son pensamientos que tratan de amarrame a mi ego... eso es lo viejo... eso era y es aún lo habitual... lo viejo... un verborreo que corrompe el silencio de la Presencia y me distrae intentando atarme, liarme con mi ego... presunciones y juicios... Cuando está el Novio... se celebra con el Novio y no se dispersa uno ni se evade esa Presencia con parloteos, presunciones o luchas que intentan rebatir esos parloteos egocéntricos o prejuiciosos. Simplemente aceptar que surgen pensamientos de cualquier índole sin emitir juicios sobre ellos... simplemente dejarlos ir tal y como aparecen para que no me líen con mi ego. Aparecen y se van como el vaivén de las olas del mar. Los pensamientos en ese momento son irreales, son fantasías... son producto de la imaginación... la Presencia es real, ineludible, permanente y eternamente presente, aunque para algunos sea también producto de la imaginación. Puede serlo si yo deseo controlarla y describirla. Pero no lo es si yo dejo que Ella sea. Esa Presencia está, independientemente de todo, independientemente de cualquier concepto imaginario. Comprender esto es lo nuevo. Ser adoradores de Dios en cualquier momento y en cualquier lugar... eso es lo nuevo, no lo habitual, no lo que mi mente puede concebir... sino la Presencia... presente en todo momento. Y yo... ante ella sin aferrarme a mi ego.

En mi vida ordinaria tener presente lo que pertenece a lo viejo y a lo que me invita lo nuevo... la Buena Nueva de Jesús y que edifica su Reino.

martes, 2 de septiembre de 2014

¿Quién ha entendido el modo de pensar de Dios?


El pensamiento de Dios y el pensamiento del hombre... Estas palabras de san Pablo expresan cómo la sabiduría del Espíritu de Dios puede habitar y guiar a aquellos que le buscan humildemente y con pureza de corazón, y cómo es el Espíritu quien mueve e inflama. De Él proviene toda sabiduría y gracia.


Corintios: 2, 10-16


El Espíritu conoce perfectamente todo, hasta lo más profundo de Dios. En efecto, ¿quién conoce lo que hay en el hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Del mismo modo, nadie conoce lo que hay en Dios, sino el Espíritu de Dios. Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios, para que conozcamos las gracias que Dios nos ha otorgado. De estas gracias hablamos, no con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu y con las cuales expresamos realidades espirituales en términos espirituales.
El hombre, con su sola inteligencia, no puede comprender las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son una locura; no las puede entender porque son cosas que sólo se comprenden a la luz del Espíritu. Pero el hombre iluminado por el Espíritu puede juzgar correctamente todas las cosas, y nadie que no tenga el Espíritu lo puede juzgar correctamente a él. Por eso dice la Escritura: ¿Quién ha entendido el modo de pensar del Señor, como para que pueda darle lecciones? 

Orar en silencio, aceptación humilde, apertura, corazón puro... permitir que la gracia del Espiritu de Dios fluya en el corazón como Él, en su infinita sabiduría, lo dispone.

lunes, 1 de septiembre de 2014

El pensar de Dios y el pensar de los hombres



Anteayer vi una película que representa perfectamente la reflexión que el Señor me regaló ese día acerca del tesoro escondido. La película se llama Al otro lado del mundo. Pude comprender más a fondo que el amor que yace en el corazón del hombre, aunque frecuentemente cubierto y oculto por lo material, por frivolidades y otras muchas cosas terrenales y egoístas, si se encuentra y descubre ese amor, contribuye milagrosamente en la edificación del Reino de Dios.



El pensar de Dios y el pensar de los hombres


Mateo 16, 21- 27
En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo,diciéndole: "No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: "¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!".

La pedagogía del Señor para darnos a conocer lo que le agrada me sorprende. ¿Qué es lo que a Dios agrada? Por encima de todo, de sacrificios y perfeccionismos obsesivos y de todo, lo que al Señor agrada es el amor, todo lo que se hace por verdadero amor profundo. Amarle a Él y que nos amemos los unos a los otros como Él nos amó. No podemos comprender el sufrimiento, el dolor, el cáliz que en algunos momentos la vida acarrea. Y nos resistimos… nos resistimos con todo. ¿Por qué a mí habría de sucederme esto?, decimos cuando nos toca beber algún cáliz o dolor. Pedro no fue la excepción en ese momento: No lo permita Dios… Esto no puede sucederte a Ti, Señor… Pero Dios lo permite. ¿Por qué? Es ahí donde nuestro nivel de comprensión no abarca el pensamiento de Dios. Dios se entrega, Dios se encarna, padece, muere crucificado por una sola razón: el Amor. Y el entendimiento sigue obnubilado y le cuesta comprender que después del cáliz y la pasión, después del morir por amor viene la resurrección, el Amor vence a la muerte.
En la película que mencionaba, se ve esto con claridad. Hasta que no beben del cáliz que les toca beber y que Dios permite, porque sabe que de ahí surgirá el amor… no pueden experimentar la riqueza del Tesoro escondido. Pero cuando lo descubren… dan paso al amor por encima de todo, como aquel que se deshizo de todo y compró aquel campo para conservar el Tesoro. El amor hasta la entrega, la ofrenda, la entrega oblativa por amor.


Hoy, me bastan las palabras de Pablo.
Cor 2, 1-5

Cuando les hablé y les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios, a fin de que la fe de ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres.