Debo
confesarlo, ha habido momentos en que para mí el escribir ha tenido una doble
intención. Quizá veladamente, además de buscar ser de utilidad con mis
escritos, también albergaba el deseo, de que se me considerara como una persona
santa. Cuando me daba cuenta, luchaba contra ese deseo presuntuoso y en cierto
modo, egocéntrico. Ahora veo esto con claridad. Y deseo que la verdad sea la
que me rija y sea así para todos. ¿Luchar? Sigue siendo egocéntrico porque es
no aceptar la propia fragilidad y naturaleza. Las luchas me amarran, me anclan en el ego. La verdad libera, dice Jesús. Esto que descubro
lo escribo porque no lo veía y es importante verlo y hacerlo ver. Nuestro ego
busca, aún en el camino espiritual, posicionarse y ser apreciado. Eso significa
no tener conciencia pura o tener una conciencia adormecida. ¿El móvil la santidad? El móvil abrazar a Cristo, ser uno con su voluntad que es redimir a todos en la misericordia y el amor. La verdad nos hará
libres. Y una vela no se pone debajo de una cama sino en un candelero para que
con la luz se pueda ver (Mc. 4, 21-25).
El silencio sagrado, silencio de soledad e intimidad con Dios prepara al alma para atender al llamado y a la voz del Verbo Divino. Silencio y Lectio Divina, dos elementos substanciales para la intimidad con Dios sumergiéndose en su Palabra y en su siempre amorosa voluntad. En este blog presento las consideraciones y reflexiones con las que el Señor me nutre y da vida a mi vida. Terapia Divina http://www.amazon.com/dp/B00GOZGX1A
jueves, 28 de enero de 2016
lunes, 25 de enero de 2016
Consagración mariana y desapego
Voy
comprendiendo con mayor exactitud lo que significa la consagración mariana.
Esta consagración es justamente trascender el ego. Entregárselo todo a María,
absolutamente todo para gloria de Dios. No apropiarse de nada. No buscar nada
para sí, entregarlo todo confiando. Creer que lo que uno puede hacer será
heroico, brillante, trascendente… es pura vanidad. Basta existir amando. El
amor de Dios es como un océano infinito. Captarlo y vivir con esa certeza.
Como tú, Madre amorosa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)