miércoles, 30 de abril de 2014

El que se acerca a la luz...

Hechos de los apóstoles 5, 17-26

En aquellos días, el sumo sacerdote y los de su partido -la secta de los saduceos—,
llenos de envidia, mandaron prender a los apóstoles y meterlos en la cárcel común. 


llenos de envidia... la envidia es cegadora... no permite ver. Puedo imaginar la escena y la fuerza del sentimiento y coraje que se produjo en el sumo sacerdote y los saduceos. Puedo imaginar cierta clase de prepotencia de ser él el sumo sacerdote y ver cómo seguían a los simples pescadores. Fueron incapaces de ver los signos de Dios a través de Pedro y Juan y los demás discípulos. La envidia, la ira... sentimientos cegadores que surgen en medio de las tinieblas. 

El que se acerca a la Luz... Dice el Señor:

En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios (Juan 16, 21).

Acercarse a la luz... buscar con sinceridad y humildad la verdad... El amor verdadero y la compasión están siempre ligados a la verdad que es luz. ¿Cómo acercarse a la luz? Haciendo silencio interior, permitiendo que tu Luz apacigüe e ilumine... Sumergiéndose en tu Palabra que es Luz verdadera, escuchando con el corazón, con los sentidos físicos y espirituales, con el alma y con todo el ser. Mirar y descubrir los sentimientos engendrados por las tinieblas... el orgullo, la envidia, la vanidad, el egoísmo, el desamor. Mirar en Ti... humildemente poner todo a la luz de tu Presencia, bajo la mirada de tu amor, tu justicia y tu sabiduría y dejarse iluminar...

martes, 29 de abril de 2014

La acción del Espíritu Santo

 Hechos de los apóstoles 4, 32-37

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía.

Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado...  

Me conmueve mucho este sentir y actuar de aquellos primeros creyentes. Yo sé que en la actualidad hay congregaciones en donde se vive esto. ¡Cuánto me hubiera gustado estar en una de ellas y unirme a ese sentir común de pobreza, de compartir y de vivir en la alegría del evangelio. Pero mi realidad es otra y en esta realidad necesito vivir lo que mi condición de laico me permite. Me entusiasma y llena de gozo cuando dice Lucas en este pasaje: Y Dios los miraba a todos con mucho agrado... Me gustaría imaginarme que Dios me mira con agrado cuando llego a comprender lo que es servirle con humildad y amor a los demás. Desearía con el alma ver una sonrisa en su rostro. Sé que la esboza en algunos momentos y desearía que siempre fuera así. También la idea de compartir, como dice el pasaje arriba: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Creo que esto es verdad... tengo pero no puedo amarrarme y sé que Dios me lo ha dado y no compartirlo sería una necedad. Tengo que trabajar en esto porque me descubro con esa sensación de tener como mío mucho de lo que he recibido.

El Espíritu Santo sopla donde quiere...

lunes, 28 de abril de 2014

Lo que nace del Espíritu es espíritu.

Hoy, una palabra resonó de manera especial en mí en varios momentos de la celebración eucarística. Fue la palabra Espíritu. En el saludo, cuando el sacerdote dice: La gracia del Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos ustedes. 

Después, en: Hechos de los apóstoles 4, 23-31  Cuando los sumos sacerdotes y ancianos prohibieron a Pedro y a Juan predicar en nombre de Jesús y anunciar su resurrección todos los discípulos se pusieron a orar...

Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos, los llenó a todos el
Espíritu Santo, y anunciaban con valentía la palabra de Dios.
 


Y en la plegaria eucarística:

Te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

El evangelio:

Juan 3, 1-8

Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le
dijo:
—«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.»
Jesús le contestó: —«Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.»
Nicodemo le pregunta: —«¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez
entrar en el vientre de su madre y nacer?»
Jesús le contestó: —«Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.» 


Espíritu Santo, Espíritu de Dios que congrega y une, da plenitud y fortaleza, que transforma y derrama gracia, nutre, se da, se entrega a través de su aliento que envuelve e inunda, derrama su energía y fuerza santificante...

Nacer del Espíritu... gestarse, mutrirse como la criatura por nacer se nutre de la madre mediante el cordón umbilical, dejarse derramar por sus dones. La carne viene de la carne. El espíritu nace y se nutre del Espíritu que sopla donde quiere.

Señor nútrenos con las gracias de tu Espíritu, derrama profusamente tus dones, que nuestra vida esté receptiva y en estrecha unión para absorber tus dones como la criaturita concebida se nutre de su madre y podamos volver a nacer, no ya de la carne sino del Espíritu.

domingo, 27 de abril de 2014

No dudar sino creer...

Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa
con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y
les dijo:
—Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de
alegría al ver al Señor.


...Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los
discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y
para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre. 


Por alguna razón las palabras miedo y alegría resonaron en mí al hacer la lectio. Sentimientos muy humanos. He sentido muchas veces miedo y angustia por las exigencias de la vida y algunos sucesos dolorosos. Pero ahora el Señor me hace ver que siento miedo cuando no confío, y no confiar en Él significa falta de fe. Cuando en Él confío y creo en Él como Dios Vivo y eterno Resucitado siento paz. Y todas mis lectios de los últimos días tienen una secuencia con la que el Señor me sorprende. Me ha hablado de creer, me ha hablado de remover la roca que impide que vea su misericordia y su amor. Creo que es en esto en lo que quiere hacer énfasis... que confíe en su amor y su misericordia, que está vivo, que es mucho más que una creencia por tradición, que es mucho más de lo que mi mente pueda concebir y que su amor por todos es infalible. Cuando me hago consciente de que su amor no abandona, que Él es verdaderamente misericordioso, que puedo dejar en sus manos amorosas a mis seres queridos aun cuando no comprenda muchas cosas que desearía yo cambiar pero no puedo... cuando creo y no sigo dudando... entonces sé que puedo ser dichosa.

sábado, 26 de abril de 2014

Y ellos no les creyeron...



Marcos 16, 9-15

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:
—«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»


No les creyeron... ni a María Magdalena ni a los discípulos que se dirigían a Emaús. Tampoco Tomas creyó. Qué difícil es creer en las cosas sobrenaturales. Jesús se impresiona de la incredulidad de ellos. Me parece que esto es tan actual, es real en todos los tiempos. Pero ¿cómo no creer en lo inexplicable para el hombre si para Dios todo ha sido posible? A pesar de los avances en la ciencia, hay un oceano de misterios que el ser humano no puede explicarse pero son, existen aunque no podamos explicarlos. Creer en su resurrección, creer que el Espíritu Santo guió e iluminó a los apóstoles, hombres sencillos, cuando anunciaban el Reino de Dios y la Resurrección de Jesús. Creer que en la Eucaristía el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Hoy me puse a reflexionar en esto. Vi a una persona que fue a comulgar. Después de recibir al Señor miraba hacia altar y hacía reverencias hacia éste, o no sé si hacia el Sagrario. Esto me llama la atención, no como un juicio negativo hacia esa persona u otras que hacen cosas similares, sino porque intuyo que no hay conciencia o no se cree que el mismo Jesús,  cuando comulgamos, está en cada uno de forma viva y real. No hace falta reverenciar hacia afuera sino adorar hacia dentro porque Él está ahora ahí y ahí hay que adorarlo... Intuyo, sólo intuyo... que cuando después de la comunión todo se hace deprisa y no se da ese tiempo de adorar y abrir el corazón latiendo con el suyo para amar en Él a la humanidad y la creación... tampoco se cree con profundidad. ...Y les echó en cara su incredulidad... Ayúdanos Señor a creer en Quien todo lo puede. Creer en Quien es origen, en quien es Todo, en Quien es Amor. Ayúdanos a creer...

viernes, 25 de abril de 2014

¡Ciertamente un milagro patente!

Asistir a la Eucaristía es nutrimento esencial en mi vida. Escuchar tu Palabra es riqueza y delicia.  Estoy recuperando poco a poco algunas de mis actividades. Estos versículos hablaron hoy de forma especial a mi espíritu:

Hechos de los apóstoles 4, 1-12
En aquellos días, mientras hablaban al pueblo Pedro y Juan, se les presentaron los
sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al
pueblo y anunciaran la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Les
echaron mano y, como ya era tarde, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente.

Muchos de los que habían oído el discurso, unos cinco mil hombres, abrazaron la fe. 

Del Salmo 117

 La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor
quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.  


Ciertamente un milagro patente, cinco mil hombres abrazan la fe por la predicación y testimonio de los primeros discípulos. Los constructores desecharon a Jesús, el nazareno, el Resucitado del cual mandaron decir que su cuerpo muerto había sido robado. Pero la fe se extiende... la fe fortifica, la fe sostiene. Y el Señor Jesús es la piedra angular tal y como había sido anunciado. Es la obra del Señor. ¡Aleluya! ¡Que sea nuestra alegría y nuestro gozo! Es el Señor...


De Juan 21, 1-14

—«Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron:
—«No.»
Él les dice:
—«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel
discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
—«Es el Señor.» 


El Señor lleva a cabo su obra y nada la detendrá. Todo pasará pero la Ley del amor prevalecerá por siempre y el proyecto salvífico de Dios llegará. ¡Es el Señor!

jueves, 24 de abril de 2014

La paz esté con ustedes. ¿Por qué están turbados...?

Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".
Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,
pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?

 Es una delicia cuando uno puede comprender que el deseo del Señor Resucitado es siempre deseo de paz. Hoy por la mañana, cuando escuché en la Primera lectura:

En aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, la
gente, asombrada, acudió corriendo al pórtico de Salomón, donde ellos estaban.
Pedro, al ver a la gente, les dirigió la palabra:
—«Israelitas, ¿por qué os extrañáis de esto? ¿Por qué nos miráis como si
hubiéramos hecho andar a éste con nuestro propio poder o virtud? 


 Me hizo recordar que por algún tiempo sentí tener la virtud de lograr buenas cosas, en cierto modo milagrosas o difíciles. Reconozco sinceramente esta gran presunción y experimento compunción, pena... Pero el Señor me sugiere: Descansa. Ya lo sabía, te conozco bien... pero ten paz... descansa. El Señor conoce a su creatura y sabe de sus debilidades y su condición humana. Y nos ama. La presunción ata, amarra... la verdad libera proporciona la paz que el Señor desea para su creatura... Es una delicia comprenderlo.

miércoles, 23 de abril de 2014

Ellos se detuvieron preocupados

Lucas 24, 13-35

—«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
—«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos
días?»...
... —«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era
necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería
a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le
apremiaron, diciendo:
—«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan,
pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo
reconocieron.

Nuestra angustia y el amor de Dios. 

Ayer escuché a alguien decir cosas que me hicieron sentir angustia y temor. Una cierta fricción de una persona hacia otra que es vulnerable emocionalmente. Venía acongojada cuando al pasar cerca de una imagen de la Virgen Santa María de Guadalupe, vi su rostro dulce y sereno y comprendí que puedo confiar plenamente en su amor y en el del Señor que nos ha dado tan tierna y dulce madre y que todo va a estar bien con su protección.
Hoy por la mañana me sentía también angustiada. Hay ocasiones en las que por varios lados se requiere de mi intervención para realizar diferentes tareas importantes. Siento entonces gran tensión, como si fuera un guante de latex al que jalan de cada dedo en diferentes direcciones. La tensión es fuerte. Pero en el Silencio Sagrado el Señor me sugiere a través de diferentes enseñanzas que puedo confiar. Que sólo tengo que servir a cada tarea en el momento en que puedo hacerlo, dando prioridades. Que mi mente puede imaginar muchas escenas que en realidad no están pasando, no tienen fundamento, me pueden alterar y además de todo no son reales y no resuelven nada, son inútiles. Si pienso en todo lo que me piden hacer y lo presionada que me siento, no me sirve de nada. Puedo estar en el presente trabajando en una cosa sin pensar angustiosamente en lo demás. Pensar en todo al mismo tiempo me impide hacer la tarea que en el momento requiere mi atención. Pero lo más importante es abrir los ojos, ver más allá de lo tangible y terreno, reconocer tu real presencia y existencia y ofrendar cada cosa  yendo con la intención de servir a quien tanto nos ama.

martes, 22 de abril de 2014

La roca del sepulcro y el amor del Padre

Volviendo a mi lectio del domingo de Pascua de resurrección...
Me dice tantas cosas esta imagen de la roca. La roca es pesada, obstaculiza el paso, no deja ver la luz, encierra... obstruye, es difícil de mover... Esta metáfora me sugirió una reflexión. Por la mañana pensé en el amor de Dios y cómo lo tengo por cierto, pero mi afán y hábitos de autocrítica me impiden ver con claridad su amor y su misericordia porque siento que me mide como yo me mido. Esos hábitos y afán me obstaculizan ver que si Dios me permite ver mis errores, pequeñeces y fallos es para que me observe con transparencia y valore su amor y le siga más de cerca. No es para que viva autoreprochándome o autoculpándome. Creo que soy producto de una cultura de recriminación, reproche y culpabilización. Pero esto es como la roca pesada que impide ver la luz, la luz de la misericordia y del amor de Cristo, la luz del amor y la misericordia del amor del Padre y la guía de su Espíritu Santo. La cultura de la recriminación y culpabilización hacia el yo o hacia los demás es perturbadora y obstaculiza esa clara visión del amor de Dios, su misericordia y su perdón... para conmigo misma y para con todos los demás. Ese obstáculo pesado no deja ver lúcidamente, que como el padre de la parábola del hijo pródigo... sólo está esperando el retorno de su hijo, no para echarle en cara sus errores y pecado, sino para celebrar con él su regreso al Hogar del que se había alejado.

Juan 20, 11-18


En la lectio de hoy dos frases me nutren de nuevo de su amor. Refiriéndose a los ángeles: Ellos le preguntan: Mujer, ¿por qué lloras?  Y luego Jesús también le pregunta: Mujer ¿por qué lloras? Esto me dice que a veces busco y me angustio sin entender que estás ahí. 
Y luego dices: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro". Padre vuestro, Dios vuestro... Es nuevamente este amor que me conmueve, tu insistencia para que entienda: Sí, es Padre tuyo, Padre de todos y como el Padre perfecto les ama con su perfecto amor.

lunes, 21 de abril de 2014

Ellas se asieron a sus pies y le adoraron.

Mateo 28, 1-20


Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. Ya os lo he dicho. Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos.En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: ¡Dios os guarde! Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron.

Imagino la escena, el alba resplandece e ilumina con una luz nueva el día naciente. Las mujeres se llenan de temor y de gozo al mismo tiempo. El temor aparece por no saber la razón de la presencia de esos seres luminosos. Temor por desconocer lo que vienen a comunicar. Se experimenta el gozo al saber que el Maestro amado ha resucitado. Gozo y adoración al descubrir su grandeza. Gozo y adoración al corroborar su poder y divinidad. Gozo que reemplaza todo dolor porque lo anunciado por Él cobra vida, es real. Un gozo que no puede equipararse a nada. Un gozo que a partir de entonces no perturbó su fe y tuvieron la fuerza para anunciar, para transmitir el mensaje a los demás discípulos. Un mensaje que hoy llega a mí también y me llena de emoción. Ellas se asieron a sus pies y le adoraron. Yo me sostengo firmemente también de Él. Si no me sostuviera moriría amarrada a mis apegos. Pero Él le da sentido a mi vida y en Él me refugió y digo: En tu amor confío. Si pierdo lo que amo mi vida continuará, inmersa en Ti no perderá sentido.

domingo, 20 de abril de 2014

Vio y creyó. Nada que se pueda comparar...

Nada que se pueda comparar
Juan vio y creyó. No vio en ese momento al Señor pero vio las señales de lo que había sucedido. Signos que demostraban lo que ya les había expresado y explicado de las Escrituras. Imagino el gozo, nada que se pueda comparar. Muchas veces he soñado que mi hermano fallecido vuelve y está con nosotros. Veo la alegría de mi madre junto a él de nuevo vivo.
¿Volver a ver al Maestro después de todo lo acontecido? ¿Compartir nuevamente el pan con Él y verlo resucitado con más gloria que nunca?
¿Tener conciencia de la certeza de que Él vive glorioso en el Padre y el Espíritu Santo? ¿Con que podrá compararse el gozo de ver resucitado al ser querido? ¿Con qué podría compararse ver a Cristo vivo y lleno de gloria triunfante sobre la muerte que representa el pecado del ser humano?
Por ahora... ver y creer. Ver y creer por los signos.

La misa de Pascua me dejó algo más. Algo que el Señor me permite vislumbrar o intuir cada vez un poco más... Valorar la eucaristía como una celebración en la que yo soy participante entrañablemente unida con todos los que ahí están. Una sensación de necesidad real de hacerme yo cada vez menos, de no enaltecerme, hacer de lado esa actitud inconsciente porque percibo el amor del Señor por todos los demás.Hoy sentí el impulso y necesidad de orar con gran fervor en favor de sus necesidades y no anteponer las mías. A eso se refería el Señor tantas veces y hoy me invitó a experimentarlo como necesario en la eucaristía.

sábado, 19 de abril de 2014

Pascua del Señor. Remover la roca para resucitar con Cristo



Juan 20, 1-9 

La Pascua del Señor

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra del sepulcro removida. Echa a correr y llega a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba y les dice: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto"...

Llega nuevamente Juan y entra:

...Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.



¿A qué se asemeja la piedra que tapa el sepulcro? La roca encierra, no deja ver la luz. La comparo con los hábitos de pensamiento inconscientes o pertenecientes al campo de mi subconsciente. Pasan por mi mente veladamente, sin pasar por la atención consciente y son difíciles de remover porque se han hecho hábito y me impiden ver la luz. Son pensamientos que giran en torno al ego. Son pensamientos que generalmente me ponen en una posición privilegiada, que me enaltecen, endulzan una cierta necesidad de admiración. Cuando el Señor me permite descubrirlos me deja ver la luz. Es entonces cuando la roca que cubría mi interior (mi inconsciente) y tapaba la Luz, empieza a removerse. Hábitos de pensamientos que todavía generan actitudes... aunque menos. La buena noticia es que esa roca pesada puede ser removida por la gracia del Señor. Entonces el yo puede mirarlos con claridad y pueden  ser reemplazados por pensamientos nuevos... iluminados por la Buena Noticia del Señor. El evangelio es luz que genera nuevos pensamientos y nuevas actitudes. El hombre viejo se renueva. El proceso es reconocerlos, hacerlos conscientes, verlos y sustituirlos por pensamientos evangélicos... Son muchas las propuestas del Señor y todas ellas basadas en el amor. Cuando la Palabra se hace alimento diario las propuestas del Señor emergen para dar la oportunidad de sustituir los pensamientos viejos por los pensamientos y actitudes evangélicas.

El silencio ayuda. El silencio permite alejarse del ruido mundano, del ruido generado por los mecanismos defensivos del ego. Habituarse a hacer silencio en la presencia del Señor permite ver esos pensamientos, roca pesada que se ha hecho hábito. Él remueve la piedra con su poder, su gracia y su luz. Él ilumina y restaura. ¿Y yo? mi parte es estar atenta para verme, escucharle y dejarme guiar por Él, que las palabras de la Buena Noticia suplan mis viejos habituales pensamientos y pueda renacer a Él, día a día hasta que se llegue el momento de ver su rostro, ver su gloria en la resurrección.

Señor, te imploro que con tu gracia sea removida esa piedra pesada de nuestros hábitos egocéntricos y autodefensivos para que podamos vernos y buscar la luz de la verdad en Ti. Transfórmanos en mujeres y hombres nuevos para posteriormente resucitar contigo...

viernes, 18 de abril de 2014

Velar, estar presente

Velar, estar presente, retirarme adonde el alma y el corazón estén con el Señor. En mi interior deseo estar en una capilla, ante un sagrario, la lámpara encendida, cierta que ahí está, sentir el calor y la luz de su Presencia. Estar en silencio, tratando de acompañarlo, de estar despierta velando con el corazón y la conciencia puestos en Él... Pero estoy aquí, atareada, atendiendo a mi madre anciana, en casa, ajetreada y con el deseo de no hacer lo que estoy haciendo sino sentada en silencio, retirada del ruido... Pero no puedo. Y entonces reflexiono que estoy donde debo de estar porque estoy dando un servicio y ésta es una situación que no puedo eludir. Puedo interiorizar mi deseo de estar acompañando en silencio al Señor y no lamentarme de que no puedo estar donde quisiera. Aquí mismo, dentro de mí le puedo acompañar sirviendo. De nada sirve estar en un lugar físicamente intentando servir pero con la mente y el anhelo de estar en otra parte. Albergar en mi mente y en mi corazón mi intención de acompañarle, Él lo sabe todo. Sabe lo que deseo. Estar con Él en el servicio. Estar con Él en lo ineludible. Estar con Él, pensando en Él, atendiendo por Él, en mis fatigas por Él... callar mi mente ruidosa, dejar pasar pensamientos contradictorios, dejar fluir... dejar fluir su amor... dejar fluir su gracia... y servir.

jueves, 17 de abril de 2014

Y ustedes están limpios, aunque no todos...



17 abril 2014

Jueves Santo

Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó.

 Luego echa agua en un platón y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con la que estaba ceñido.

Llega a Simón Pedro, éste le dice: “Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?”

Jesús le respondió: “Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, lo comprenderás más tarde”.

Le dice Simón Pedro: “No me lavarás los pies jamás”. Jesús le respondió: “Si no te lavo, no tienes parte conmigo”. Le dice Simón Pedro:”Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza”.

Jesús le dice: “El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”.

Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: “No están limpios todos”.

Después que lavó sus pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: “¿Comprenden lo que he hecho con ustedes?

Ustedes me llaman “el Maestro” y “el Señor”, y dicen bien, porque lo soy.

Pues si yo, el Señor y el Maestro les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.

Porque les he dado ejemplo, para que ustedes también hagan como yo he hecho con ustedes.

Regresar al Padre... sabías que era ya la hora. Amaste a los tuyos hasta el extremo. Les lavaste los pies, "Ya están limpios todos menos uno" dijiste. Fuiste a prepararles una morada pues en la casa de tu Padre hay muchas moradas. La necesidad de estar limpios es esencial. Estar limpios, libres de manchas, libres de suciedad. Como la suciedad que se va quedando adherida  al cuerpo y a la ropa cuando se camina o pasa por lugares terregosos. Las adherencias no permiten ver la semejanza que tus creaturas tienen contigo, Señor. En el camino de la vida se pegan estas adherencias que manchan y ensucian. Pero Tú, con tu amor, mansedumbre y humildad nos invitas a ser lavados por Ti. Reconciliados contigo, con nosotros, con los otros. Limpios con el hisopo, limpios de pecado o mancha. Humildad, se requiere de humildad para reconocer y confesar el pecado, nadie está libre de culpa. Se necesita humildad para aceptar ser perdonado. Se necesita humildad para perdonar... Y entonces quedaremos limpios. Señor, que aceptemos ser lavados por Ti para tener parte contigo. Estar contigo sin que las adherencias del camino de la vida y nuestra debil humanidad se interpongan para tener parte contigo... habitar en una de las moradas del Padre y gozar mirando tu rostro y tu gloria cuando Tú lo dispongas, cuando llegue nuestra hora...




miércoles, 16 de abril de 2014

¿Soy yo acaso, Maestro?

Mateo 26, 25


Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
—«¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió:
—«Tú lo has dicho.»


Judas Iscariote representó un papel siguiendo a Jesús, jugó el rol de seguidor pero no permitió ser tocado en su corazón por el mensaje del Reino, no entró en comunión y contacto profundo con el Maestro. Si realmente hubiera sido tocado a fondo por este amor divino de Cristo, no hubiera hecho lo que hizo de entregarlo. San Juan apóstol fue tocado y tuvo la gracia de comprender a fondo muchos de los signos del amor que el Señor mostró a quienes lo escuchaban y seguían. Fue el más sensible para contemplar y captar estos signos siendo muy joven aún y de comprender posteriormente el significado de estas revelaciones del Señor. Por eso Jesús le amaba con predilección.

Representar un papel como seguidor de Cristo es una cosa, pero otra muy distinta es dejarse tocar por Él, hacer contacto con su corazón misericordioso, llegar a la conciencia de la realidad de su persona y naturaleza humana y divina actual y eterna. Contactar en lo íntimo del alma, experimentar verdadera fe, confianza, certeza y abandono a su voluntad dejando de lado la representación de cualquier papel, cualquiera que este sea.

Ayúdanos Señor, te imploro, a permitir que tu Corazón toque el nuestro para ser fieles a tu amor.

martes, 15 de abril de 2014

¿Con que darías tu vida por mí?

Isaías 49, 6

Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y
conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi
salvación alcance hasta el confín de la tierra.


Me llena de emoción este versículo del profeta Isaías, me conmueve hasta las lágrimas comprender la universalidad del amor de Dios y ver lo sectarios que somos la mayoría de los humanos. Te pido Señor que nos des un corazón abierto como el tuyo que trasciende todo. Que el nuestro trascienda las fronteras del ego para amar imitando a tu dulce y Sagrado Corazón. 

Juan 13, 31-38

—«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es
glorificado en el, también Dios lo glorificara en sí mismo: pronto lo glorificara. Hijos
míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los
judíos os lo digo ahora a vosotros: "Donde yo voy, vosotros no podéis ir."»
Simón Pedro le dijo:
—«Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió:
—«Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me
acompañarás más tarde.»
Pedro replicó:
—«Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi
vida por ti.» Jesús le contestó: —«¿Con que darás tu vida por mi? Te aseguro que no
cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»  


¿Con que darás tu vida por mí?

Me doy cuenta cuánto debo reconocer mi fragilidad y debilidad humanas.  Así me sentí hace un momento, ¿qué te respondería si me hicieras esta misma pregunta? 
   Sí, me reconozco con debilidades y equívocos a lo largo de mi vida. Pero ciertamente reconocerlo me sirve para entender que mi humanidad es frágil e imperfecta, que el poder y la gloria son tuyos, que Tú conoces toda mi vida y mi debilidad, pero que como a Pedro, aun así me amas. Tu amor nos da la dignidad de creaturas tuyas. Reconocer humildemente la verdad de mi pequeñez ante tu Luz me da la paz de saberme amada por Ti.


lunes, 14 de abril de 2014

La Cruz...



“¿Por qué mi Señor Jesús hubo de morir en la Cruz? El signo de la cruz tiene muchísimo significado. Creo que no es un hecho casual esa forma de muerte. Vi en mi mente a Jesús en la cruz y pensé: la cruz tiene un tronco vertical en el que fueron clavados sus pies en el pedestal de la cruz y éste fue introducido en la tierra, donde habitamos los seres humanos. La cabeza es situada arriba, en la parte alta del madero. Arriba y cielo son términos que simbolizan el “lugar” donde reina Dios, es el ámbito del espíritu, “el Reino de los Cielos”. En la cruz Cristo humano y divino es el lazo que nos une con Dios. Es en su corazón vivo, resucitado y eucarístico que nos une con Dios Trino y con todos nuestros hermanos y creaturas.
  Dios Padre y Creador quiere comunicarse con sus creaturas. Nos habla ya en el Antiguo Testamento sobre su Hijo. Después Dios envía a Jesús, el Cristo, el Mesías, el Hijo amado, Dios que se encarna para transmitir su mensaje de amor y salvación a los hombres: Este es mi Hijo amado en quien tengo puestas mis complacencias, escúchenlo... Dios se vale de Cristo para hablarnos. Dios se acerca a nosotros por medio de Él y nos anuncia el Reino. Dios se hace Palabra, padece, nos rescata y resucita para darnos Vida. El Verbo se hizo carne. Su corazón está vivo en la Hostia que vivifica y une. Dios es el Padre, es el Hijo, es el Espíritu Santo. Él se comunica…
 Jesús, siendo de condición divina se abaja, se anonada y adopta la condición humana (Filipenses 2, 7). Nos abre así la vía de paso directo y comunión con Dios. Nos une y nos enseña cómo unirnos a Él en la oración, en la escucha de la Palabra, en la Eucaristía y los demás sacramentos, en las obras de misericordia, en las bienaventuranzas, en el hacer vida su mensaje de amor. Nos enseña cómo orar, cómo comunicarnos con Dios, cómo dirigirnos a Él de una manera diferente, llamándole Padre y sintiéndole en verdad Padre amoroso, compasivo, comprensivo y misericordioso…  El hombre clama a Dios, implora, alaba, ruega y pide perdón, pide ser liberado del mal existente e innegable que es causa de discordias, guerras, abusos de poder, violencia, sometimiento al débil…
 Jesús nos anima, nos dice: no teman, pidan al Espíritu Santo, busquen el Reino de Dios y su justicia y lo demás les será dado por añadidura. Estas son sus palabras y así nos enseña a dirigir nuestra plegaria a Dios…
   Volviendo al signo y significado de la cruz, la cruz se forma también por un tronco o eje horizontal. En la cruz Jesús tiene los brazos abiertos. Tiende los brazos a la humanidad entera, nos abraza. El eje horizontal simboliza el amor fraterno, brota de Él hacia nosotros y de nosotros a Él. Su amoroso Corazón es el centro que une los dos ejes representados por la cruz: eje vertical y eje horizontal. Cristo es el lazo de unión entre Dios y los hombres, entre los hombres y Dios, entre Él y nosotros y nosotros hacia nuestros hermanos. Nos abre a la fraternidad en Él.  Este amor que brota de su corazón se extiende a la humanidad entera. Y pide a sus discípulos de todos los tiempos que “nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado”. Nos une con el Padre en el Espíritu Santo, Espíritu de Dios y de amor y a través de Él une a todas las creaturas. Esto me hace comprender el gran amor de Dios, la comunión, el ser Uno. Dios hizo todo perfecto, todo tiene sentido, toda la creación nos revela manifiestamente su amor y su sabiduría. Toda la creación es un constante darse y recibir.
   Si se extendiese el eje vertical sobre la tierra, se formaría un círculo. Lo circular significa lo infinito, que no acaba, lo eterno del amor de Dios a sus creaturas.  Al extender los brazos el Hijo, si continuara esa línea horizontal, se formaría otro círculo que me habla de universalidad, de totalidad, del absoluto amor por toda la humanidad. Unión, comunión, ser uno con el Padre, uno con el Hijo y uno con el Espíritu Santo de Dios, el Espíritu del amor. La cruz no es un símbolo casual o fortuito, tiene el significado concreto del Amor, unir en el amor y la donación. No hay mayor amor...

(De Terapia Divina http://www.amazon.com/dp/B00GOZGX1A)