Juan 6, 51
"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".
Pan vivo... El pan vivo que es tu carne. Somos carne con vida que se extingue, carne que se deteriora y se marchita, carne que muere. Pero el alimento que Cristo nos da es vida. El Señor Jesús procede del Padre. Y el Padre es quien nos da la vida, existimos: respiramos, nos movemos, nos alimentamos, somos. El cuerpo necesita alimento. Cristo se compadece y da alimento a una multtud hasta saciarse. Dios se compadece y nos da el alimento que da vida al espíritu, vida eterna. El pan que Jesús nos da es su carne inmolada, es decir su donación total en la cruz. Esto significa el mayor don del amor. Es un pan, pero es a la vez su corazón misericordioso que se entrega y nos dice: Yoy soy el Señor de la Vida, doblego a la muerte y ustedes también resucitarán. El Señor quiere dar vida al mundo. Comer del pan que Él nos da y que ha bajado del cielo nos debe transformar en misericordia porque significa alimentarnos de su miisericordia. Comer de su pan debe abrirnos a amarnos como Él desea que nos amemos y así nos lo pide. A través de esta transformación del corazón, el Señor nos dará vida, la vida en la que reine el amor (que no pasará jamás), la vida eterna.
El silencio sagrado, silencio de soledad e intimidad con Dios prepara al alma para atender al llamado y a la voz del Verbo Divino. Silencio y Lectio Divina, dos elementos substanciales para la intimidad con Dios sumergiéndose en su Palabra y en su siempre amorosa voluntad. En este blog presento las consideraciones y reflexiones con las que el Señor me nutre y da vida a mi vida. Terapia Divina http://www.amazon.com/dp/B00GOZGX1A
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