viernes, 7 de agosto de 2015

Renunciar a sí mismo y seguirte

Mateo 16, 24

El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga.

Primera implicación:Seguirte.  Quiero seguirte... De verdad lo quiero, Señor. ¿Es posible seguirte sin renunciar a sí mismo? Si no se renuncia a sí mismo ¿A quién se sigue? 

Segunda implicación: Renunciar a sí mismo. ¿Qué significa renunciar a sí mismo? No seguir al ego. Renunciar a él, a sus deseos, caprichos, exigencias, empoderamiento, intereses, criterios personales, juicios parciales egocentrados, presunciones... Renunciar... Puedo distinguir en hechos concretos de mi vida cotidiana el sinnúmero de veces en las que se antepone el ego... Me pregunto cómo es posible que no haya visto en el transcurso de mi vida todas estas exigencias y actitudes controladas por el ego? Y me avergüenzo ante Ti, Señor, me morifico ante Ti. Tú eres mi alimento, tu pan eucarístico me nutre, tu Palabra me confronta, no en una lucha, sino en un reconocimiento de tu amor y de la necesidad de verme sin nada, sin conceptos erróneos sobre mí. Verme sin nada ante quien es Amor. Tu pan es Vida eterna porque une, invita al amor de unos por otros. De tu Corazón misericordioso manan las gracias para que en verdad nos amemos. No estoy sola... estás Tú y están todos ellos. Misericordia... fraternidad, humildad... 

 Desfilan ante mí las imágenes de las circunstancias en las que me falta renunciar a mí misma. Salgo de mis reflexiones, salgo de tu Casa y empiezo a ver multitud de personas que comienzan el día para trabajar, para atender a sus familias, pululan por las calles y comprendo cuánto las amas. Me das paz. 
Poco después se me presentan ocasiones en las que que puedo optar por renunciar a mi ego o dejarme llevar por mis reacciones egocéntricas. Un suceso, un estímulo, un pensamiento interpretativo egocéntrico, una sensación y una reacción. Cosas de todos los días... el tráfico, un quehacer, una persona que necesita de mi paciencia y cariño, otra que me pide algún servicio que está en mis manos... tareas domésticas... Renunciar a mí misma... hacer silencio ante Ti para no dar pie a los pensamientos y reacciones alteradas y egocéntricas. Silencio... ofrendar con amor. Recordarlo, quiero seguirte, Tú me clarificas y me das la luz para ver en lo cotidiano la oportunidad de renunciar a las exigencias e intereses propios de mi ego. Las reacciones vienen después del pensamiento interpretativo. Detenerlas haciendo silencio, detenerlas, no darles rienda suelta, recordar que al renunciar a ellas puedo seguirte más de cerca, y eso quiero.

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