martes, 11 de agosto de 2015

¿Quién es el más grande?

Silencio... ¿Me busco o te busco? ¿Me busco o me entrego, aguardo... me dono... me pierdo...? Son capas en mi mente y corazón que se desprenden, descubriendo tu rostro, tu mirada... Lo distingo... lo percibo... 

De Mateo 18, 1-14

¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos? Jesús llamó a un niño, lo puso enmedio de ellos y les dijo: Yo les aseguro que si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos...

Me he buscado... pero se develan las capas... Aparece fugazmente tu dulce rostro. dulce, sí... compasivo con la fuerza de la realidad... Mansos y humildes... como niños... el yugo impuesto y autoimpuesto se aliviana. Ser como niños, Tú fuiste compasivo siempre con el desvalido, el desprotegido, el pequeño, el sencillo. Puedo imaginar tu rostro, puedo presentirlo. Cuando se levantan los velos que se han ido interponiendo entre la claridad de tu verdad y todos los esquemas adoptados en el transcurso de la vida,  puedo apreciar tu rostro sonriente, dulce y compasivo de ayer y de siempre. ¿Cuál era tu semblante y tu reacción cuando te pedían que los sanaras? ¿Cuando los veías llorando por la muerte de alguien amado, por la enfermedad propia o de alguien querido? ¿Cuando te presentaban a los niños? ¿O cuando hablabas a la multitud desorientada o hambrienta del pan y de Dios? Vislumbrar tu rostro real... Un niño puede hacerlo, percibe tu amor, al pequeño no lo doblega la ambición o el poder. Ser mansa y humilde de corazón, desprenderse... 

Las lectios de estos días me llevan a seguir buscando la humildad, la pureza de corazón, el desprendimiento de toda actitud que alimente el ego, la imagen... Renunciar a sí mismo, aborrecer, que significa sentir rechazo o aversión hacia algo o alguien. 
...  Morir a sí mismo, el grano revienta para dar paso y cabida al fruto. El amor a Dios por encima de la propia vida. El amor a Dios y no esclavizarse al ego. Lo que separa de Dios es aborrecible. Servir a Jesús y ser discípulo suyo debe conllevar la libertad sobre las ataduras del ego que esclavizan. Y Dios quiere nuestra libertad... Sean como niños, como el más pequeño...

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