miércoles, 25 de marzo de 2015

He aquí la esclava del Señor

He aquí  la esclava del Señor... hágase en mí según tu Palabra.

Ser esclava del Señor, esto me conmueve
 y me mueve... ¿Qué es ser esclava? Servir...servir incondicionalmente, obedecer ciegamente... Pero cuando el amo y propietario es el Señor... obedecer confiadamente, hacer de cada acto un servicio, una entrega, no anteponer ningún interés egoísta... ¡Qué difícil, porque el ego trata siempre de posicionarse! Pero en María no existía ese ego, ella fue la llena de gracia, la Inmaculada... En ella se gestó el Hijo del Altísimo, ella fue su morada, su sagrario, ella fue sierva y morada. Ser sierva, ser esclava y ser morada, el Señor me invita a mí a ser sierva y morada. Limpiar la casa para albergar al Señor, recibirlo, hospedarlo, ser su esclava, servirlo en mi prójimo. Esa sensación de ser morada al recibir a Jesús... mantenerla. Que no entren a la casa los ladrones que perturban y que se llevan la paz y el sentimiento de unidad y bondad que el Señor que habita en ella desparrama.

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