sábado, 28 de marzo de 2015

Crean, al menos por las obras...



«Ya se lo he dicho, pero ustedes no creen. Las obras que hago en el nombre de mi Padre manifiestan quién soy yo...


 ...¿estaría insultando a Dios al decir que soy el Hijo de Dios? Si yo no hago las obras del Padre, no me crean. Pero si las hago, si no me creen a mí, crean a esas obras, para que sepan y reconozcan que el Padre está en mí y yo en el Padre. Si yo no hago las obras del Padre, no me crean. Pero si las hago, si no me creen a mí, crean a esas obras, para que sepan y reconozcan que el Padre está en mí y yo en el Padre.»

Ya se lo he dicho, pero ustedes no creen. Las obras que hago en el nombre de mi Padre manifiestan quién soy yo... 
...¿estaría insultando a Dios al decir que soy el Hijo de Dios

Meditando sobre la Palabra del Señor en el evangelio de ayer, me pregunto: ¿Qué clase de velo producía tal ceguera en esos judíos en esta escena evangélica que al ver las obras de Cristo, no vieran ahí la mano de Dios y no aceptaran la veracidad de sus palabras? Las palabras del Señor fueron muy claras. Es la ceguera que genera el ego... encerrarse en los propios criterios e intereses y no querer ver más allá de estos. Lo mismo sucede actualmente. Tanta discordia, tanta incredulidad. Creer que Jesús es Dios implica una actitud de humildad y confianza y una actitud hecha misericordia por los demás y adoración a Dios infinitamente sabio y bondadoso. Me digo: ¿quién eres, Jesús? y puedo adivinar su rostro amoroso diciendo: Ahí tienes la respuesta, no dudes, soy el Cristo, el Hijo de Dios que me entrego por amor.

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