Pedro 1, 16-19
Queridos hermanos: Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.
Hoy
dice en el evangelio: Este es mi Hijo amado,
en quien me complazco, escúchenlo… Él es. Él es Dios, Hijo de Dios, se transfigura…
Y el Señor pide: Escúchenlo. En él me complazco…
Es Él. Dios es Yahve… Yo Soy, dice el Señor. Cristo es el Hijo… Nosotros somos
criaturas pequeñitas ante Él y que dependemos de Él. Asumir la propia naturaleza
sin necesidad de querer ser otra cosa más que eso, lo que soy y aceptarlo en paz…
No self... La
vivencia de hoy… no quiero olvidarla. El Señor me hace ver y sentir la
necesidad de aceptarme tal cual soy. Me da oportunidad de verme. Me da
oportunidad de reconocer mis faltas, mis presunciones, mis expectativas
perfeccionistas y de dar una probadita de la paz gozosa que da el aceptarse tal cual se
es, imperfecta y limitada creatura con defectos. Veo algunas expectativas inconscientes
que son presunción. Veo claramente lo que decía Sigmund Freud acerca del
superego, ese deseo permanente de ser lo que deseo ser, de realizar la
expectativa de una imagen que me trazo inconscientemente, algo que me doy clara
cuenta que no alcanzo ni voy a alcanzar nunca porque soy de barro… La
aceptación de mi realidad sin focalizarme en un autoconcepto imaginario me da inmensa
paz. No quiero olvidar esta palabra: aceptación.
La paz que Dios da, no como la da el mundo...
Cómo desearía no perder esta clase de paz.Dimensionar mi pequeñez y su inconmensurable gloria y grandeza.
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