miércoles, 6 de agosto de 2014

Somos creaturas. Él, el Hijo amado.



 Pedro 1, 16-19


Queridos hermanos: Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.


Hoy dice en el evangelio: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco, escúchenlo… Él es. Él es Dios, Hijo de Dios, se transfigura… Y el Señor pide: Escúchenlo. En él me complazco… Es Él. Dios es Yahve… Yo Soy, dice el Señor. Cristo es el Hijo… Nosotros somos criaturas pequeñitas ante Él y que dependemos de Él. Asumir la propia naturaleza sin necesidad de querer ser otra cosa más que eso, lo que soy y aceptarlo en paz… No self... La vivencia de hoy… no quiero olvidarla. El Señor me hace ver y sentir la necesidad de aceptarme tal cual soy. Me da oportunidad de verme. Me da oportunidad de reconocer mis faltas, mis presunciones, mis expectativas perfeccionistas y de dar una probadita de la paz gozosa que da el aceptarse tal cual se es, imperfecta y limitada creatura con defectos. Veo algunas expectativas inconscientes que son presunción. Veo claramente lo que decía Sigmund Freud acerca del superego, ese deseo permanente de ser lo que deseo ser, de realizar la expectativa de una imagen que me trazo inconscientemente, algo que me doy clara cuenta que no alcanzo ni voy a alcanzar nunca porque soy de barro… La aceptación de mi realidad sin focalizarme en un autoconcepto imaginario me da inmensa paz. No quiero olvidar esta palabra: aceptación. La paz que Dios da, no como la da el mundo... Cómo desearía no perder esta clase de paz.Dimensionar mi pequeñez y su inconmensurable gloria y grandeza.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario