Siempre
la honestidad, siempre hablar con la verdad del corazón. Mi vivencia hoy fue experimentar
y discernir cuando hay fuertes ataduras inconscientes al ego. Camino a la iglesia,
no sé por qué me vino a la mente una amiga que tiende a la depresión. Recordé cómo
iba a verme buscando ayuda. Hace unos dos meses me dijeron que andaba mal. Ahora
me doy cuenta que debía yo haberla llamado para preguntar por ella y animarla. Entonces
me vino una pregunta: Cuando la atendía, ¿era con amor? Siempre pensé que lo hacía
con cariño. Pero si fuera amor compasivo y misericordioso, mi impulso inmediato
era haberle llamado, y eso no pasó por mi cabeza. Descubro que quiero a las personas
pero que es un amor que no sale del confort de mi ego. Cuando llegué a la iglesia
y en el acto de contrición reflexioné sobre cuántas veces no he hecho eso de no
ir más allá en el amor. El verdadero amor es comprensivo, compasivo y misericordioso
como ayer meditaba sobre el amor de Jesús. El amor misericordioso no se queda en
un sentimiento sino que se expresa en obras. Así es el amor de Cristo.
Otra
de mis vivencias esta mañana fue seguir discerniendo entre las ataduras del ego
y la libertad que da el amor de Dios. El ego me puede llevar a enredarme en sentimientos
de reproche, culpa y recriminación. Todo esto es aprovechado por quien pretende
siempre perder y enredar a las almas y así logra que te sigas amarrando al ego.
Cuando recordé las palabras: No self… Sentí
que Dios no quiere que me enrede. Sí quiere que reconozca mis faltas de amor, pero
no que me debata contra mi ego a causa de mi ego. Es necesario trascender ese ego
para encontrarse con el amor de Dios y lo que en verdad quiere Dios. Dios quiere
liberarnos del cautiverio del ego y de la fuerza del mal que ronda y ronda para
confundirnos y perdernos. Dios quiere que tengamos paz y libertad para poder amar. Y el Señor me regaló paz y sensación de libertad en Él.
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