miércoles, 30 de julio de 2014

El Reino y el tesoro escondido



Mateo 13, 44



“El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo”.


El tesoro es el amor de Dios, la fe y la confianza en su misericordia divina e infinita. Esto es lo que más alegría puede darme. Que nada ni nadie me haga perder ese tesoro. Es gozo poder encontrarlo. Comprendo que necesito deshacerme de todo lo que alimenta mi ego, todo apego al ego. Si me desapego de él y confío en su misericordia y amor puedo sentir esa paz y alegría que da el encontrarse con el amor de Dios. En esta parábola están presentes dos acciones importantes: por un lado conservar el tesoro, no perderlo por nada. Y por el otro, deshacerme de lo que me distrae… toda la cizaña. Sé que crecen juntas la buena semilla y la cizaña. Pero lo que es esencial es dejar crecer la semilla de la Palabra y estar atenta cuando aparece todo aquello que sofoca el fruto de la Palabra de Dios, aquello que agosta el fruto del amor. Cuando aparece la cizaña… no ciclarme… reconocerla en ese momento… reconocer que puedo prescindir de ella… De todo pensamiento y actitud de desamor y cualquier pensamiento que perturbe mi fe, confianza y amor a Dios en mis semejantes. Sí, tener conciencia de ella sin ciclarme ni dejarme perturbar… respirar profundo y volverme a mi Tesoro: fe y total confianza en su misericordia y en su amor. 

El profeta Jeremías sufre porque pensaba que el Señor le había contagiado con su ira. Pero el Señor le dice: "Si te vuelves a mí, yo haré que cambies de actitud, y seguirás a mi servicio; si separas el metal precioso de la escoria... "

Esta es la Palabra de Dios... Si te vuelves a mí, si separas el metal precioso de la escoria...

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