Mateo 13, 31-35
El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.
La más pequeña de las semillas, el grano de mostaza que es sembrado por el hortelano. Ser la más pequeña y dejarse cultivar y cuidar por el hortelano. Los cuidados del Hortelano permitirán que esa semilla germine y crezca siendo tan pequeña. La palabra pequeña me habla de humildad, no dar cabida a presunciones, saberse diminuta, reconocer la realidad de la propia pequeñez sin posicionarse para permitir que el Señor obre aún siendo la más pequeña.
Sigo trabajando con la palabra cizaña. He descubierto que mi mente puede ser también como un campo. En ella ha sido sembrada la semilla de la Palabra de Dios. Pero me doy cuenta cómo muchos de mis pensamientos actúan como la cizaña que invade y sofoca la buena semilla. He experimentado y observado cuando vienen a mi mente pensamientos intrusivos que sofocan esa buena semilla de la Palabra, y empiezan a invadir mi mente. De repente me encuentro a mí misma pensando sobre lo que me hicieron, o me dijeron o me dejaron de decir o de hacer... si yo "logré algo", si debo, o si no debo, si el futuro, si estoy cansada, aburrida de la rutina, etc. etc. La buena semilla sembrada me hace recordar muchas de las cosas que dijo Jesús a sus discípulos, a la muchedumbre y también a los escribas y a los fariseos. No angustiarse, sino que baste a cada día sus propios problemas... No desear ocupar los primeros puestos... llevar la cruz, negarse a sí mismo... ser mansa y humilde... Al que me pida, darle... Pero a veces la cizaña de los pensamientos egocéntricos, egoístas, de falta de tolerancia, de perfeccionismo, etc... sofocan el crecimiento de la semilla que produce los frutos de amor. Ser la más pequeña de las semillas me libera de mis obsesiones para poder dar espacio a que crezca en mí lo que el Hortelano ha querido sembrar.
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