miércoles, 7 de mayo de 2014

El que vea al Hijo y crea en Él

Juan 35-40

Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.

Ver al Hijo... y creer en Él. Se puede ver con los ojos de manera física... un estímulo u objeto concreto con formas, colores, tamaño... Se puede ver con los sentidos espirituales, con el corazón, con ese intuir que da certeza porque el corazón late ante esta certeza que no es producto de la imaginación y que por tanto no lleva a la autoexaltación. La autoexaltación es engaño... La certeza de la que hablo lleva a la humildad... permite reconocer la naturaleza original y su origen... reconoce la existencia y la bondad de quien suscitó su vida y de Aquel que se hizo humano y que proviene del Origen o Padre creador... reconoce su impotencia y su ignorancia ante el Misterio trascendente pero no le impide creer. Dichosos los que sin ver creyeron. Una cosa es decir creer y otra muy distinta es creer en verdad. Quien cree en verdad es coherente con lo que cree, actúa de acuerdo a lo que cree. San Pablo creyó primero que debía perseguir cristianos y después creyó en Cristo y se entregó a servirle. Señor, ayúdanos a ver con los sentidos del corazón, con aquellos sentidos que nos llevan a creer en Ti, en tu amor y tu existencia inefable. Muchos tienen hambre y sed de Ti sin saberlo. Ayúdanos a encontrarte, a vislumbrarte y amarte con todo nuestro ser.

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