Juan 6, 30-35
Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre. Y el que cree en mí no tendrá sed.
Cómo me llevaste, Señor, a comprender esto. Cómo me diste esperanza cuando sentía que ya no podía. En la etapa más difícil y dolorosa de mi vida, en la que me sentí abandonada por Dios. Cuando sentía que todo era oscuro por el dolor emocional que experimentaba y la desesperanza por no encontrar una solución... me diste una luz de esperanza y una gran sed de Ti. No sé cómo creía antes. Pero después de que ese rayito de luz comenzó a filtrarse en mi vida, mi sed por Ti se hizo enorme y tu acción misericordiosa me permitió creer. Fue un signo... Crean al menos por las obras... La oscuridad comenzó a disiparse gracias a Ti... y mi fe se solidificó. Hoy me muestras otros signos de tu amor. Hoy me permites intuir que aun cuando sea sólo una partícula del todo... me miras con amor y compasión. Así lo presentí hoy. me pareció verme a mí misma a través de tus ojos misericordiosos y pude adivinar la ternura de tu mirada por tu criatura. Hoy sé que contigo voy, hoy sé que no puedo dejar ya de creer en Ti y que día a día vas saciando mi hambre de Ti.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario