Juan 20, 1-9
La Pascua del Señor
El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra del sepulcro removida. Echa a correr y llega a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba y les dice: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto"...
Llega nuevamente Juan y entra:
...Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.
¿A qué se asemeja la
piedra que tapa el sepulcro? La roca encierra, no deja ver la luz. La comparo con
los hábitos de pensamiento inconscientes o pertenecientes al campo de mi
subconsciente. Pasan por mi mente veladamente, sin pasar por la atención consciente y son difíciles de remover porque
se han hecho hábito y me impiden ver la luz. Son pensamientos que giran en
torno al ego. Son pensamientos que generalmente me ponen en una posición
privilegiada, que me enaltecen, endulzan una cierta necesidad de admiración. Cuando el Señor me permite descubrirlos me deja
ver la luz. Es entonces cuando la roca que cubría mi interior (mi inconsciente)
y tapaba la Luz, empieza a removerse. Hábitos de pensamientos que todavía
generan actitudes... aunque menos. La buena noticia es que esa roca pesada puede ser removida
por la gracia del Señor. Entonces el yo puede mirarlos con claridad y
pueden ser reemplazados por pensamientos
nuevos... iluminados por la Buena Noticia del Señor. El evangelio es luz que
genera nuevos pensamientos y nuevas actitudes. El hombre viejo se renueva. El
proceso es reconocerlos, hacerlos conscientes, verlos y sustituirlos por
pensamientos evangélicos... Son muchas las propuestas del Señor y todas ellas basadas
en el amor. Cuando la Palabra se hace alimento diario las propuestas del Señor
emergen para dar la oportunidad de sustituir los pensamientos viejos por los
pensamientos y actitudes evangélicas.
El silencio ayuda. El
silencio permite alejarse del ruido mundano, del ruido generado por los
mecanismos defensivos del ego. Habituarse a hacer silencio en la presencia del
Señor permite ver esos pensamientos, roca pesada que se ha hecho hábito. Él
remueve la piedra con su poder, su gracia y su luz. Él ilumina y restaura. ¿Y
yo? mi parte es estar atenta para verme, escucharle y dejarme guiar por Él, que
las palabras de la Buena Noticia suplan mis viejos habituales pensamientos y
pueda renacer a Él, día a día hasta que se llegue el momento de ver su rostro, ver su
gloria en la resurrección.
Señor, te imploro que con tu gracia sea removida esa piedra pesada de nuestros hábitos egocéntricos y autodefensivos para que podamos vernos y buscar la luz de la verdad en Ti. Transfórmanos en mujeres y hombres nuevos para posteriormente resucitar contigo...
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