domingo, 20 de abril de 2014

Vio y creyó. Nada que se pueda comparar...

Nada que se pueda comparar
Juan vio y creyó. No vio en ese momento al Señor pero vio las señales de lo que había sucedido. Signos que demostraban lo que ya les había expresado y explicado de las Escrituras. Imagino el gozo, nada que se pueda comparar. Muchas veces he soñado que mi hermano fallecido vuelve y está con nosotros. Veo la alegría de mi madre junto a él de nuevo vivo.
¿Volver a ver al Maestro después de todo lo acontecido? ¿Compartir nuevamente el pan con Él y verlo resucitado con más gloria que nunca?
¿Tener conciencia de la certeza de que Él vive glorioso en el Padre y el Espíritu Santo? ¿Con que podrá compararse el gozo de ver resucitado al ser querido? ¿Con qué podría compararse ver a Cristo vivo y lleno de gloria triunfante sobre la muerte que representa el pecado del ser humano?
Por ahora... ver y creer. Ver y creer por los signos.

La misa de Pascua me dejó algo más. Algo que el Señor me permite vislumbrar o intuir cada vez un poco más... Valorar la eucaristía como una celebración en la que yo soy participante entrañablemente unida con todos los que ahí están. Una sensación de necesidad real de hacerme yo cada vez menos, de no enaltecerme, hacer de lado esa actitud inconsciente porque percibo el amor del Señor por todos los demás.Hoy sentí el impulso y necesidad de orar con gran fervor en favor de sus necesidades y no anteponer las mías. A eso se refería el Señor tantas veces y hoy me invitó a experimentarlo como necesario en la eucaristía.

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