Lucas 24, 13-35
—«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
—«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos
días?»...
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
—«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos
días?»...
... —«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era
necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería
a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le
apremiaron, diciendo:
—«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan,
pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo
reconocieron.
necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería
a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le
apremiaron, diciendo:
—«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan,
pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo
reconocieron.
Nuestra angustia y el amor de Dios.
Ayer escuché a alguien decir cosas que me hicieron sentir angustia y temor. Una cierta fricción de una persona hacia otra que es vulnerable emocionalmente. Venía acongojada cuando al pasar cerca de una imagen de la Virgen Santa María de Guadalupe, vi su rostro dulce y sereno y comprendí que puedo confiar plenamente en su amor y en el del Señor que nos ha dado tan tierna y dulce madre y que todo va a estar bien con su protección.
Hoy por la mañana me sentía también angustiada. Hay ocasiones en las que por varios lados se requiere de mi intervención para realizar diferentes tareas importantes. Siento entonces gran tensión, como si fuera un guante de latex al que jalan de cada dedo en diferentes direcciones. La tensión es fuerte. Pero en el Silencio Sagrado el Señor me sugiere a través de diferentes enseñanzas que puedo confiar. Que sólo tengo que servir a cada tarea en el momento en que puedo hacerlo, dando prioridades. Que mi mente puede imaginar muchas escenas que en realidad no están pasando, no tienen fundamento, me pueden alterar y además de todo no son reales y no resuelven nada, son inútiles. Si pienso en todo lo que me piden hacer y lo presionada que me siento, no me sirve de nada. Puedo estar en el presente trabajando en una cosa sin pensar angustiosamente en lo demás. Pensar en todo al mismo tiempo me impide hacer la tarea que en el momento requiere mi atención. Pero lo más importante es abrir los ojos, ver más allá de lo tangible y terreno, reconocer tu real presencia y existencia y ofrendar cada cosa yendo con la intención de servir a quien tanto nos ama.
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