Muchas
reflexiones e ideas pasan por mi cabeza. A veces pienso, ¿cómo las escribiré,
Señor? Siento que debo expresarlas, pero
no sé cómo. Cómo agradecer a tantas personas que han ayudado a que se me abran
los ojos. Hace un momento pensaba que antes estaba ciega. Ahora encuentro una
mejor palabra que la de ceguera Estaba adormecida o dormida, como decía Anthoni
de Mello. Veía, pero veía como dormida, no era consciente de muchas cosas.
Siempre he sido creyente. Mi padre era muy creyente y venía de una familia en
la que había monjas y sacerdotes. Mi
padre mismo, estuvo en un seminario. No sé si por deseos de mis abuelos o por
voluntad propia, pero no hizo los votos y después conoció a mi mamá, se enamoró
de ella y se casó. Pero no era esto lo que quería decir, sino agradecer a tanta
gente que me ha ayudado a despertar. A despertar del letargo, a reconocer en mí
un individualismo del que no era consciente. Soy un individuo, pero mi mundo no
es exclusivo. La oración contemplativa cristiana y también enseñanzas de
grandes maestros budistas me han hecho despertar. El corazón de cada ser humano
es un órgano sensible. Todos sentimos. Y ser empático con el otro es empezar a
despertar. Abrir el corazón. No puedo vivir una fe en el individualismo. No
puedo participar en una celebración eucarística sin implorar todo lo que
imploro no sólo por mí y los míos sino por toda la asamblea que me circunda, no
puedo estar ajena ni lejana a ella ni al resto de la humanidad sufriente y
sintiente. Me sorprende no haber comprendido esto y pido perdón. Pero ya no me
debato en la lucha ni me dejo hundir en la tristeza, pues esto no me llevaría a
nada. Ahora lo que deseo y practico, es desvanecer el ego, restarle
importancia, yo soy yo, sí y no. Pero no soy más importante que nadie. Dios me
ama a mí, pero ama a todos. La imagen que he cultivado y me he construido de mí misma, sin darme
cuenta, no tiene ninguna importancia. Si hay elogios o críticas, da exactamente
lo mismo y comienzo a permanecer ecuánime porque la vanidad es vacío. Gracias,
gracias a todos por ayudarme a despertar.
El silencio sagrado, silencio de soledad e intimidad con Dios prepara al alma para atender al llamado y a la voz del Verbo Divino. Silencio y Lectio Divina, dos elementos substanciales para la intimidad con Dios sumergiéndose en su Palabra y en su siempre amorosa voluntad. En este blog presento las consideraciones y reflexiones con las que el Señor me nutre y da vida a mi vida. Terapia Divina http://www.amazon.com/dp/B00GOZGX1A
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