Marcos 10, 17-27
Jesús lo miró con amor y le dijo: Sólo una cosa te falta: Ve y vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después ven y sígueme. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.
¿Vender todo lo que tengo y dárselo a los pobres? Pude haberlo hecho, lo deseaba pero no lo hice... ¿En qué porcentaje de la población me encuentro? ¿Los que tienen más o los que tienen menos? Vivo holgadamente, tengo, sin duda alguna, de sobra... Lo que poseo me pertenece a medias...
Puedo sentirme apesadumbrada muchas veces, sobre todo cuando veo la injusticia y la inequidad antagónica, extrema...
¿Poner la confianza en los bienes terrenales, en la riqueza...? Anhelo el Reino... Puedo presentir el gozo de experimentarlo...
El Reino de los cielos, se experimenta cuando se pone la confianza en Dios, absolutamente y por encima de todo; cuando se compenetra el alma y el ser entero en el mandato único del amor siendo capaz de compartir, de dar, de servir; cuando se respira una atmósfera de calidez, de justicia, de bondad abierta a todos y que se entrega fraternal y alegremente; cuando la misma cruz de cada día se ofrenda por amor. El Reino está cerca... y ya está aquí, dijo Jesús al estar ya Él aquí. Es la antesala, el preámbulo que le espera a los que aman de la forma en que Cristo enseñó. No hay nada imposible para Dios...
Abre nuestro corazón para construir en el día a día y en Ti el Reino de Dios, como la levadura que fermenta y multiplica. Para Ti todo es posible.
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