Juan 14, 27-31
—«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago.»
...que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago.
Ante estas palabras me brotan lágrimas. El Padre es Misterio trascendente, inaccesible a la comprensión humana si no es por Cristo. Cristo lo muestra, refleja su amor... Para mí era, en cierto modo, lejano. Estaba más familiarizada con la persona de Cristo. Pero ahora que he seguido el camino de la contemplación a través de la oración de silencio y la lectio divina, el sumergirme en la Palabra de Dios me ha acercado más a este Misterio: el AMOR DEL PADRE. ¿Qué es lo que me dicen estas palabras de Jesús además de su deseo de paz y de obediencia para la salvación de todos? Que detrás está siempre el anhelo del Padre, su amor infinito, su compasión por su creatura, su ternura y su real deseo para que habitemos en su morada en la que reina la plenitud del amor. "Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo unigénito"... Esto es lo que me conmueve infinitamente... ¿Cuánto nos amará este Misterio omnipotente y glorioso dueño y Señor del universo total que hasta se dona en su Hijo?
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