Juan 14, 21-26
"El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará;
iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La
palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
Una de
las expresiones del amor es agradar al amado. Las palabras del amado resuenan
en el alma e impulsan a la persona a realizar lo que agrada a aquel a quien tanto
ama.
Iremos a él y habitaremos en él.
Habitar… habitación… lugar en el que uno vive, descansa, se refugia y
protege, como el hogar, lugar en el que se siente uno acogido, en donde se comparte
con los suyos, lugar de intimidad… de estar y ser sin reservas... sin necesidad
de aparentar, simplemente ser. Jesús el Señor, el Padre, y la Presencia del
Espíritu Santo de Dios que acoge, nutre y clarifica harán morada en aquel que ama a Dios, cohabitará con aquel que le ama y Jesús se manifestará en él. Sé que
esto es cierto. Sé que mientras más espacio le doy a Dios en mi vida más puede
Él manifestarse en mí y asentarse y arraigarse su Palabra en mi conciencia. Hoy me estuve atenta durante
poco más de una hora a las veces en que el espacio de mi mente es ocupado por
mi yo y mi imagen, situación generalmente inconsciente. Me percaté de que estar
atenta a eso desplazaba mi intención de
estar atenta a la presencia viva de Jesús, el Señor y del Padre y su Santo
Espíritu durante la celebración eucarística. A pesar de que reconozco que mi
atención consciente está ya más presente, pude descubrir hoy esto. Fue un ejercicio interesante porque así, pude
regresar conscientemente a su Presencia no dejándome llevar por distracciones. Permitir
que el Señor se manifieste en mí como Él lo quiera, liberarme de la actitud
egocéntrica e inconsciente para darle lugar y espacio para que habite a sus
anchas en mí y así, Él se manifieste y yo pueda ser fiel a sus palabras. Para que pueda eclosionar mi amor por Él en obras y actitudes.
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