Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que
por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.
No hablarte en demasía. No hace falta. Hablar mucho es como distraerse en los propios problemas y situaciones de vida. Tú sabes lo que nos hace falta. Hablar demasiado es como desconfiar de Ti ciclándome en mí misma más que en tu Providencia paternal y amorosa. ¿Qué habría de decirte que Tú no sepas? ¿Qué habría de pedirte que Tú no estuvieras atento a esa necesidad mía? Nos enseñas a orar y en esta oración está contenido todo. Santificarte con todo el ser, pedir que tu Reino se haga presente entre nosotros y que confiemos plenamente en tu voluntad amorosa y así, exclamar confiados ¡Fiat! Confiar en tu Providencia que nos alimenta sin que necesitemos desbordar nuestros graneros, pedirte perdón sabiendo que nos amas y amas a quien supuestamente nos ofende y recordar el ejemplo de tu amadísimo Hijo: Padre, perdónalos que no saben lo que hacen. El amor lo perdona todo. Que ame como Tú, Señor. No nos dejes caer... no me dejes caer... las tentaciones existen, líbranos del mal... que el mal existe ¿Alguien puede dudarlo? Esta es la oración del hijo que se sabe amado por el Padre. No hablarte en demasía. Ya está dicho todo. Regresar al Silencio Sagrado, al recinto Sagrado en el que Tú lo eres todo, en el que Tú me proteges de mi propio ego, en el que puedo sentirme acogida.
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