Mt 7, 12
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo
por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.
Cuántas veces he escuchado y leído estas palabras. Puedo memorizarlas, puedo repetirlas, puedo recomendarlas a otros, pero vivirlas en profundidad sin hacer distinción de personas requiere una verdadera compasión y empatía bondadosa por el otro, sin importar quién sea o cómo sea. A veces faltaría una profundidad de conciencia y honestidad para discernir si lo hago con todos, sobre todo quienes menos me simpatizan. Siempre se trata de claridad de conciencia y de una profunda sinceridad interna. No honrar con los labios sino con el corazón al Señor en sus criaturas. Si digo honrar al Señor, luego entonces habría de honrar a sus creaturas como su obra delicada y amorosa. El primer paso es discernir bajo tu luz, siempre tu luz que da claridad en los resquicios más ocultos del corazón. Segundo paso es comprender que son como yo, de la misma naturaleza humana, que siente, que teme y que hace lo que puede, según su nivel de conciencia, para encontrar la felicidad o no sufrir. Además de reconocer humildemente que las amas tanto como a mí o como a las personas que más amo. Que las amas con amor de madre y de padre porque la naturaleza pura de ese amor eres Tú. Nadie da a sus hijos una piedra cuando les piden pan.
Conciencia, ejercitar la conciencia y el discernimiento honesto y sincero y con empatía bondadosa atender al otro, los otros.
ResponderBorrarFinal del día. Discernimiento. Tengo una tendencia a hacer conjeturas sobre actitudes de otros y eso me predispone a ser un poco hostil con algunas personas. "Reconcíliate con tu hermano", dice el evangelio de mañana. Presuponer y prejuzgar predispone. Lo observé en tres ocasiones. Cambiar la hostilidad por sensible comprensión cambia mucho las cosas.
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