Juan 9, 1-38
"Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?".
"Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.
Hiciste el milagro, pero los fariseos no creyeron, te acusaron por haber curado en sábado. Recriminaron al ciego, lo llenaron de injurias y lo echaron fuera.
...Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: "¿Crees en el Hijo del hombre?".
El respondió: "¿Quién es, Señor, para que crea en él?".
Jesús le dijo: "Tú lo has visto: es el que te está hablando".
Entonces él exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante él.
¿Crees en el Hijo del hombre?
Primero me abriste los ojos... con los ojos de la conciencia cada vez más abiertos, puedo ver tus obras, y esas obras no son más que tuyas... Veo... me abres los ojos. Creo... y mientras más conciencia tengo y más claridad... sé que eres Tú... Adquiero más conciencia de la realidad de tu presencia completa en la eucaristía, tu carne y tu sangre y el amor de tu entrega... eres el Amor y estás vivo en el pan y el vino. Creo... he visto tus obras en quien estaba enfermo y ahora está por tu amor sostenido. Creo... he visto las obras de tus manos. Por la noche me fascino y embeleso cuando poso mi mirada en el espacio celeste estampado y colmado de estrellas. Creo... porque la bondad existe y hay tantas personas que la reflejan. Creo... estoy cierta porque tu Palabra es vida y con ella me nutres día a día, si no... moriría... Creo... aunque no vea tu rostro, pero intuyo tu ternura y recibo tu amor.
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