Lo había olvidado, Señor. No es lo mismo hacer obras buenas para sentirse bueno, que hacer obras buenas con la única finalidad de hacer un verdadero bien al otro, sin importar si lo agradece o no, sin importar si siento cierta animadversión por algún resentimiento guardado, sin importar la descalificación que a veces mi ego elabora por algún prejuicio que más bien habla de mi intolerancia o del reflejo de mis propias miserias. ¿Para sentirme buena? Es presunción que me aleja de la contemplación del Señor, no es deseo profundo y sincero por el bienestar del otro sino mera autocomplacencia y presunción. El amor va mucho más allá. ¿Por puro amor a Dios y con mansedumbre y humildad para generar en tu rostro una sonrisa de agrado? Fomentar, enraizar, incrustar en mi corazón el sentimiento sincero de no creer que por una supuesta bondad soy superior a nadie. Dar por amor, darse más allá de un conformismo y unn autosatisfacción. Buscar tu rostro, Señor, para contemplarte y diluir la presunción que suele dominarme, disolver el ego que reacciona cuando se supone humillado, sólo buscar tu rostro lleno de amor, por ellos, por mí, por cada uno.
El silencio sagrado, silencio de soledad e intimidad con Dios prepara al alma para atender al llamado y a la voz del Verbo Divino. Silencio y Lectio Divina, dos elementos substanciales para la intimidad con Dios sumergiéndose en su Palabra y en su siempre amorosa voluntad. En este blog presento las consideraciones y reflexiones con las que el Señor me nutre y da vida a mi vida. Terapia Divina http://www.amazon.com/dp/B00GOZGX1A
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