martes, 1 de noviembre de 2016

Bienaventurados... dichosos...

Hoy en la Eucaristía de celebración de todos los santos, estas bellísimas palabras del Señor Jesús, me hicieron sentir gran alegría. Porque aquellas personas que tuvieron un corazón puro, que vivieron la pobreza y el desapego a los bienes terrenales de corazón y de verdad, quienes padecieron la injusticia, los que fueron misericordiosos, los mansos, obedientes y fieles al Amor, los que trabajaron con sinceridad y hechos concretos por generar y promover la paz, los perseguidos por amor a su fe y al Señor, los que lloraron... todos ellos gozan en la gloria de Dios y contemplan ahora su Rostro Santo. Muchos gozan ya de esa dicha, reconocidos o no, pero gozan de esa dicha. Oro para que intercedan por los que aquí aún estamos, porque ese es el camino de trascendencia y dicha para nosotros, peregrinos aquí y ahora en nuestra Tierra.

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