A donde me
ha llevado el silencio, y donde supongo
que debe de llevar practicándolo y practicando la meditación, es a tener mayor
claridad para observar los pensamientos que provienen de lo profundo del ser
interior dominado por el ego. Hablo específicamente de estos pensamientos
provenientes del ego que surgen tan sutilmente pero que tienen fuerza como para
inclinar hacia un lado u otro nuestras actitudes, es decir, dirigir nuestras
reacciones. Para descubrirlos, es necesario haber pasado por una etapa de
ejercitación en el silencio interior. Así, en el momento en el que aparecen, se
es capaz de percibirlos, distinguirlos y saber qué hacer con ellos. Muchas
veces, descubrir estos pensamientos egocéntricos, (llámese, presunción,
llámese, celos, llámese comparaciones, prejuicios o juicios a priori
favoreciéndose a sí mismo y
desfavoreciendo al otro) puede llevar al autoreproche, al enojo, a la tristeza
por darse cuenta de que no corresponden a los valores y expectativas que nos
hemos impuesto. Sin embargo, me doy cuenta de que reconocerlos es una gran gracia
de Dios y que significa y me habla del gran amor y compasión que Dios me tiene,
ya que me ha permitido reconocerlos para no darles mayor cabida en mi mente.
¿Cómo los combato? Ciertamente que no autoreprochándome sino reconociendo mi
humanidad imperfecta y que lo Dios
quiere es que tenga paz, que sepa que me ama, y que debatirse creando un
círculo vicioso no me libera. Necesito libertad para poder amar. ¿El remedio?
Descentrarme… Centrar mi ser, mi mente y mi corazón en Cristo y en el amor
tanto a mí como a sus otras creaturas, recitar plegarias tales como: Por su pasión dolorosa, ten misericordia de
nosotros y del mundo entero. Estas
son actitudes que hay que practicar constantemente… orar sin cesar, estar
alertas… El Señor me alerta en la vida del día a día en hechos, sucesos y
circunstancias muy concretas en las que me veo, reconozco mis pensamientos
egocéntricos espontáneos, no me ciclo y mejor me vuelco a Él y a su amor.
El silencio sagrado, silencio de soledad e intimidad con Dios prepara al alma para atender al llamado y a la voz del Verbo Divino. Silencio y Lectio Divina, dos elementos substanciales para la intimidad con Dios sumergiéndose en su Palabra y en su siempre amorosa voluntad. En este blog presento las consideraciones y reflexiones con las que el Señor me nutre y da vida a mi vida. Terapia Divina http://www.amazon.com/dp/B00GOZGX1A
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