martes, 18 de agosto de 2015

Para los hombres es imposible, mas no para Dios

Mateo 19, 23-30
Pero Jesús, mirándolos fijamente , les respondió: "Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible".

Esto lo dijo en relación a lo difícil que resulta para los ricos, apegados al dinero, entrar en el Reino de Dios, es decir, el Reino del amor.

Mirándolos fijamente... Mirar fijamente... El Señor nos mira fijamente a cada uno, y nos dice: Para Dios todo es posible... ¿Cómo no va a mirar a todos quien por ellos ha padecido y entregado? Para Él todo es posible... ¿Y mi mirada, en dónde se posa?  Cuántas cosas pueden distraerme.Mi conciencia se hace cada vez más aguda y me permite ver con mayor claridad en donde se encuentra puesta mi mirada, mi mente o mi corazón. Me mantengo despierta muchas horas en el día de las cuales, puedo decir que mi mirada y mi corazón están puestos fijos en Ti cierta parte de este tiempo, pero son breves momentos en relación al tiempo que paso distraída de Ti. Mis distractores son el internet, publicidad, historias y más historias y gran cantidad de información. Aún cuando estoy contigo, me descubro a mí misma con mis ojos puestos en otras cosas. Aún cuando oro, me percato de que hay veces en que mi mirada se cicla y gira en torno a mí misma o a cosas externas, tantos estímulos... Cuando canto en la Celebración, tengo que hacer un esfuerzo para no centrarme en cómo cantan los demás o en cómo canto yo, sino a quién le canto... Me invitas a dilucidar... ¿necesidades superfluas, inútiles? ¿Necesidades esenciales para la vida? ¿Necesidades espirituales que me acercan realmente a Ti, me conectan y me impulsan a amar, comprender y servir? ¿o se centran en intereses egoístas? 
Mirarte fijamente y comprender lo cerca que estás, incluso de una forma más íntima cuando te recibo en la comunión.

Hoy me diste otras reflexiones. Dos caminos, dos formas de expresar, dos formas de llevar la vida espiritual. Me has permitido escuchar y adentrarme en algunas enseñanzas del budismo. Aparentemente dos pedagogías distintas en el camino espiritual.  Si analizo y hago remembranzas, percibo en mi educación que predomina la idea de que somos malos, pecadores... y llevo a cuestas esta sensación de culpa que me impide tener una paz completa y profunda y una alegría sencilla y permanente. Y me distraigo... Y Tú ahí, esperando a que mi mirada, mente y corazón regresen. En el silencio, te intuyo, te toco... Bendito silencio.

Ellos, los budistas, enseñan que todas las personas poseen una bondad básica. Esto genera paz y confianza. Nosotros lo sabemos puesto que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios que nos confirió la dignidad de hijos, y también hermanos y amigos de Jesús. 

Que poseemos una inclinación innata al mal, también es cierto. Sólo que, cuando continuamente te dicen que eres pecador, olvidas la contraparte con la que Dios en verdad nos proyectó y concibió como sus creaturas. Es como cuando a los niños pequeños sus padres les reprenden continuamente con calificativos negativos, crecen con la idea de ser lo que sus padres u otros les han repetido tantas veces. Reconocer con toda verdad que tienes la capacidad de ser bueno, no te hace presuntuoso sino agradecido. No te hace soberbio sino consciente del sí mismo y de la pequeñez propia y la grandeza y bondad de la Providencia y la Misericordia de Dios, de manera que te permita amar más y más... Para Dios todo es posible. Participar en su Reino requiere de la paz que Él nos otorga, la confianza en su providente amor, valorar este amor para ubicar los bienes materiales en su justa dimensión, abrir el corazón a quienes sufren y compartir lo que en verdad pertenece a Aquel que todo lo provee.

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