domingo, 2 de agosto de 2015

La santidad de la verdad

Efesios 4, 24 y de Juan 6, 24-35

Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la verdad.

La santidad de la verdad

Dejar que el Espíritu Santo renueve su mente...  Para acercarse a la santidad es preciso meditar con la verdad como consejera. Dejarse renovar por el Espíritu. 

Distingo entre estas dos actitudes y pensamientos: Una, cuando me miro y veo el mundo con los ojos de la verdad y la misericordia, que se fundamenta en la verdad. Y la otra, cuando juzgo a priori dejándome llevar por los juicios de mi ego. La verdad me induce a no emitir juicios sin fundamento. Por eso no puedo juzgar a ninguna persona aun cuando yo no entienda sus actitudes. La verdad permite ver con justicia al otro y a mí misma. Puedo enojarme... pero ¿por qué me enojo? ¿Es el ego que reacciona? ¿Puedo ufanarme de algo? ¿No es el ego que veladamente se posiciona y sobrevalora? La verdad... La santidad se alcanza por la verdad... ¿Qué verdad? La verdad de la justicia, la verdad del reconocimiento de las propias miserias y la aceptación de mi naturaleza imperfecta, la verdad ante Dios. En la homilía de hoy, el sacerdote, al hablar sobre la necesidad de ver a través de la luz de la verdad de Cristo, su evangelio y su Palabra, puso un ejemplo muy elocuente: El polvo en la casa se percibe mejor bajo los rayos luminosos del sol, de otra manera podría parecer que la casa está limpia. De igual forma, ante Dios, que es luz, se puede ver con claridad la basura que genera el ego y que impide amar con entrañas de madre. La Palabra es Pan de Vida. La Eucaristía es Pan para la vida eterna. Cristo es el Pan, la Verdad y la Vida. El Pan que se inmola para dar alimento al mundo. Sin duda alguna, es esencial ver hacia dentro, identificar la basura, en la oscuridad no se ve la basura. Pero hoy, el Señor se encarga de hacerme ver... Veo mi humanidad, veo mis miserias, y le agradezco porque es la única forma en la que se puede cambiar y convertirse día a día a Él e intentar hacer las obras de Dios.

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