lunes, 22 de junio de 2015

Lectio de estos días

En estos días el Señor me ha dado muchas lecciones. No sé por qué traía en mente la palabra "barca" hasta que me di cuenta que en la lectio de ayer domingo, esta era la palabra con la que el Señor quería hacerme reflexionar y trabajar. Se me ha presentado la oportunidad de integrarme en un proyecto humanitario. El Señor me dice: "Súbete a la barca". Sé que habrá tormentas, muchas dificultades, no es una empresa fácil. Pero al igual que los discípulos, siento temor e inseguridad. A ellos dijo: ¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Aun no tienen fe? Esto lo podemos aplicar cada uno en nuestras vidas. Yo lo asumo como dirigido también a mí, por lo que concluyo que quiere que me suba a la barca, a sabiendas de que habrá temporales ¿pero acaso no tengo fe? Quiero aprender de la obediencia de María y simplemente ser una barca que se deja guiar, poner toda mi confianza en sus manos como ella.

Las otras palabras que el Señor me destaca en la lectio, son: No se puede servir a Dios y al dinero...
Me quedo con esto: Servir a Dios. Es muy claro, servir a Dios está por encima de todo, y todo lo que hago puedo hacerlo por su amor y por servirle, hasta las cosas más cotidianas y fatigosas. Naturalmente que tuve innumerables oportunidades de servirle atendiendo a las personas con las que convivo, y no fueron pocas. Cuándo se asomaba algún pensamiento de fastidio o de deseos de evasión a las tareas y de prejuicio hacia otros... El Señor me recordaba: Hacerlo todo por servir a Dios.  

Hoy mi palabra fue juzgar... No juzquéis y no seréis juzgados. Trato de no juzgar, eso es verdad. Pero ahora tengo más conciencia de mis pensamientos y descubro que sí emito algunos juicios sobre otros. Muchos son juicios positivos o inofensivos. Pero otros juicios me posicionan a mí sobre otros. Esto ya lo tengo muy claro, no es esta la manera de negarse a sí mismo, ni de ser mansa y humilde de corazón como nos invita Jesús a ser. El yugo del ego es pesado, encadena demasiado, no puedo seguir dependiendo de su yugo. Necesito liberarme de él. Así que no puedo posicionarme sobre nadie y más bien saberme pequeña y nunca más que nadie. Hoy me elogiaron. El ego comenzaba a querer engolosinarse y yo a entrar en lucha. Me bastó con mirar la profundidad del cielo y su infinitud para comprender que cualquier acción es mínima en relación a lo vasto del universo y de la humanidad delante de una sola criatura que soy yo, y sobre todo, ante la obra extraordinaria y magnánima de Dios. 

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