Celebramos esta fiesta gracias a uno de los muchos milagros eucarísticos en los que Dios, en la persona de Cristo, nos confirma su presencia viva y verdadera en la hostia consagrada. Esto nutre nuestra fe, nos anima, nos vivifica profundamente.
Me
he dado cuenta de que comulgar tiene un significado muy profundo. Es albergar y
albergarse en el corazón vivo y
misericordiosísimo de Jesús, abierto a todos, para abrirnos también
nosotros en misericordia. Ya no puedo quedarme sólo en estado de complacencia
egocéntrica sino darme cuenta que comulgar es abrir el corazón a la humanidad
entera y ofrendarse humildemente junto con Cristo, Señor de misericordia y
rogarle que nuestro corazón sea transformado también en misericordia. Adorarlo,
y permitir que el Señor obre a través de su gracia, dejar que fluya su gracia como
circula la sangre por todo el cuerpo, desaparecer humildemente, permitirle
imperar y desaparecer humildemente.
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