Juan 14, 7-14
Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y
no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre…
…El Padre, que permanece en mí, hace sus
obras. Créanme, yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, crean a las
obras. Les aseguro que el que cree en mí, también él hará las obras que yo
hago, y aún mayores.
Dios mío, lo que me hace ver este pasaje es la claridad con la que nos
dices que eres Uno con el Padre. El Padre se conoce por las obras. Miro el
firmamento, su belleza y su profundidad y me habla de la grandeza de Dios.
Todas sus obras son magnificas y excelsas, basta mirar la belleza y perfección
de la naturaleza, de la creación: el cosmos, los océanos, los vastos bosques y
las estepas… qué grandeza… todo conlleva una fuerza plena de amor. Tú eres Uno
con Dios, uno con ese Creador supremo, trascendente, Misterio pero real, por
las obras sabemos que existe… Por las obras que Tú llevaste a cabo también
debían conocerte tus congéneres, tus discípulos, la muchedumbre que te seguía y
también los escribas, los sacerdotes, los fariseos… pues ellos fueron testigos
de las obras prodigiosas que realizaste. No creer significa una cerrazón
egocéntrica impresionante. ¿Y nosotros…? ¿Creo que eres Uno con el Creador
supremo y autor del Universo? Puedo decir con firmeza: Sí creo… ¡Cómo no creer!
Tus palabras son palabras de vida eterna, dijo Pedro. Así lo experimento cada
día más y más. Tus palabras me hacen reconocer la fuerza de la justicia, la
misericordia, el perdón, tu entrega innegable y tan llena de amor… ¿Cómo no
creer? Algo más… el Padre es también misericordioso como Tú demostraste ser. El Padre ama tanto al mundo como Tú mostrarte amarlo con tu entrega total, tu caminar,
tu recorrer ciudades para anunciar el Reino, todas tus obras plasmadas de misericordia,
eres omnipotente, eres sabiduría absoluta… Así es el Padre, así eres Tú. No
permitas Señor, que las luchas externas e internas nos desvíen de tu amor. Un
sentimiento de compunción, nos ubica en nuestra realidad frágil, reconocernos tan propensos a caer y valorar tu absoluto y total amor. Pero un sempiterno sentimiento de culpa y de
lucha nos aleja de la paz que Tú provees. No permitas que nos distraigamos de tu amor… sino confiar en tu bondad misericordiosa y paternal y pedir vehementemente que tu Espíritu nos fortalezca.
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