viernes, 1 de mayo de 2015

Si me conocen a mí, conoceréis también a mi Padre


Juan 14, 7-14

Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre…
…El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. Créanme, yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, crean a las obras. Les aseguro que el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores.



Dios mío, lo que me hace ver este pasaje es la claridad con la que nos dices que eres Uno con el Padre. El Padre se conoce por las obras. Miro el firmamento, su belleza y su profundidad y me habla de la grandeza de Dios. Todas sus obras son magnificas y excelsas, basta mirar la belleza y perfección de la naturaleza, de la creación: el cosmos, los océanos, los vastos bosques y las estepas… qué grandeza… todo conlleva una fuerza plena de amor. Tú eres Uno con Dios, uno con ese Creador supremo, trascendente, Misterio pero real, por las obras sabemos que existe… Por las obras que Tú llevaste a cabo también debían conocerte tus congéneres, tus discípulos, la muchedumbre que te seguía y también los escribas, los sacerdotes, los fariseos… pues ellos fueron testigos de las obras prodigiosas que realizaste. No creer significa una cerrazón egocéntrica impresionante. ¿Y nosotros…? ¿Creo que eres Uno con el Creador supremo y autor del Universo? Puedo decir con firmeza: Sí creo… ¡Cómo no creer! Tus palabras son palabras de vida eterna, dijo Pedro. Así lo experimento cada día más y más. Tus palabras me hacen reconocer la fuerza de la justicia, la misericordia, el perdón, tu entrega innegable y tan llena de amor… ¿Cómo no creer? Algo más… el Padre es también misericordioso como Tú demostraste ser. El Padre ama tanto al mundo como Tú mostrarte amarlo con tu entrega total, tu caminar, tu recorrer ciudades para anunciar el Reino, todas tus obras plasmadas de misericordia, eres omnipotente, eres sabiduría absoluta… Así es el Padre, así eres Tú. No permitas Señor, que las luchas externas e internas nos desvíen de tu amor. Un sentimiento de compunción, nos ubica en nuestra realidad frágil, reconocernos tan propensos a caer y valorar tu absoluto y total amor. Pero un sempiterno sentimiento de culpa y de lucha nos aleja de la paz que Tú provees. No permitas que nos distraigamos de tu amor… sino confiar en tu bondad misericordiosa y paternal y pedir vehementemente que tu Espíritu nos fortalezca.

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