Juan 14, 27-31
La
paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la
paz ni se acobarden. Me han oído decir: "Me voy, pero volveré a su lado".
¿Cuál
es la paz del Señor que no es la misma del mundo?
Tu
paz, Señor, está fundada en la esperanza, volverás... está plasmada en las Bienaventuranzas: Mansos, humildes,
pacificadores, puros de corazón, pobres de espíritu, misericordiosos,
anunciarte y proclamarte con valentía… sin acobardarse…
Dios
desea la paz para cada uno de sus amados hijos e hijas. Nos llama a su propia
bienaventuranza (CIC 1719) la instauración del Reino de Dios.
Dios
no quiere que me acobarde. Dios no quiere que entre en lucha, quiere que confíe
plenamente en su amor, que acepte mi barro, que crea en su misericordia, que me
entregue sin temor y sin luchas, que tenga su paz… que tengamos paz…
La
Palabra del Señor está viva porque Cristo está vivo, porque Dios es Dios de
vivos, porque Dios permanece siempre y sigue hablando e infundiendo su vivo
amor. Porque podemos espera y creer en Él. Su Palabra resuena en lo profundo. Hoy, como siempre en los últimos años,
después de recibir al Señor en la sagrada eucaristía, me quedé recogida para
hacer mi oración de silencio. Este es un momento de recogimiento en el que
busco centrarme en su Presencia, darle mi presencia consciente y abandonarme en
Él. Pasan pensamientos, van vienen. Reconozco algunos, reconozco también aquellos
que son presuntuosos y aquellos prejuicios fundamentados en mi punto de vista
egocéntrico. Es decir, limitado a mi corto y parcial modo de entender lo que me
rodea. Pero Tú, Señor, una y otra vez me clarificas y haces comprender lo universal
de tu amor clemente para que yo abra mi entendimiento y mi corazón abarque,
como el tuyo, a todas tus criaturas. Tuve una sensación fuerte y profunda de tu
misericordia y me permitiste sentir con intensa profundidad una gran empatía
hacia algunas personas con quienes convivo más y que a veces me cansan porque
ven el mundo y las cosas de forma diferente a la mía y porque exigen de mí más
esfuerzo y atención. No fue simple empatía. Fue, como dije, un sentimiento de
profunda misericordia que nada tiene que ver con simples palabras. Pude mirar
con corazón compasivo y bondadoso y experimentar lo que ellos pueden sentir de
acuerdo a la historia de su vida y de acuerdo a su propia existencia y
necesidades personales. Esto me lo diste Tú y es por tu gracia, no tengo duda,
pues esta vez fue distinto… como si mi mente y mi corazón compartieran con ellos su sentir, como si
experimentara con ellos sus angustias… comprendiéndolos…
Tu Presencia y acción es tu paz y nos la das.
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