domingo, 5 de abril de 2015

La piedra removida


Resurrección. La piedra del sepulcro removida


Hoy, al comulgar... nuevamente percibo esta fuerte necesidad de salir de mí misma para integrarme como parte del todo, no aparte sino incluida. No diferenciada, no especial, no mejor, no peor, hermanada, una con todos. ¿A qué me refiero con ese todo? Ese todo es todos los seres, como un solo cuerpo no disgregado, no segmentado y aparte, sino integrado. No individualizado, no egoísta… deseando el mismo bien que pudiera desear para los seres que más amo. Ser uno con todos en Cristo sin excluir a nadie, disolver las barreras. Necesidad de disolver el ego, estar con ellos, no separada. No rezando sólo por los míos. Que mi amor salga de esa esfera individualista y egocéntrica que es incapaz de sentir con ellos, desear con ellos, suplicar por ellos deseando ardientemente su entrada y participación en el Reino. La piedra que cierra el sepulcro, que encierra y oscurece, la piedra del egoísmo y de la muerte… removida  para que la luz del Resucitado destituya el egoísmo, disuelva mi ego y me haga una contigo y con ellos, todos ellos, todas tus amadas criaturas.  Resucitar, ver la luz, ver tu luz, hacerse una contigo, un solo cuerpo con ellos a quienes Tú tanto amas sin excluir a nadie. Tú abriste tus brazos en la Cruz, para integrarnos a todos. Así es tu amor... así me pides amar.

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