lunes, 20 de abril de 2015

Al Hijo, el Padre lo ha marcado con su sello

La barca, hoy me imaginé en una barca bregando por el océano de las profundidades de mi ser. Me vi y reflexioné que para llegar a mi destino no debo permitir que nada me desvíe. ¿A quién busco? ¿Cuál es mi destino? Una sola dirección, una sola meta… Mi fin que es el Alfa y el Omega. En la intimidad y profundidad de mi ser, que es como un océano, las imágenes y deseos de mi subconsciente intentan proteger y alimentar mi ego, visualicé pensamientos que aparecen como si fueran basuras. Son pensamientos que me distraen del Alfa y el Omega. Me desvían de la meta que es Dios, mi fin último y mi meta, la morada eterna que me espera y espera a cada uno.

Otra reflexión que el Señor me sugirió desde ayer noche, fue percibir y creer en la filiación real de Cristo al Padre Dios eterno. ¿Quién sino Él puede darnos a conocer a ese Padre Dios eterno, omnisciente y omnipresente? No hay mejor descripción que la que Jesús hace en la parábola del Hijo pródigo. El Padre me conmueve. ¡Cómo imaginar tanto amor de quien es Todopoderoso! Hoy el evangelio dice:   “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello”. Cristo es uno con el Padre, nadie conoce al Padre sino el Hijo…

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