De Mateo 20, 17-28
No he venido a ser servido sino a servir.
Al escuchar este versículo, me vino a la mente este otro: No es el discípulo más que su Maestro.
¿Cómo entonces escatimar mi entrega en el servicio de los más allegados?
Servir... tengo oportunidad de servir de forma muy concreta. No puedo eludir o esquivar las oportunidades que el Señor me da en mi vida actual para servir. No puedo dejarme dominar por mi mente que argumenta: Ya es mucho, quisiera estar haciendo otras cosas y tengo que estar haciendo estas tareas que para mí son agobiantes, fastidiosas... hacer esto en vez de hacer lo que me gusta, lo que quiero...
Pero el Señor dice: No he venido a ser servido sino a servir...
Esta es la conversión que el Señor me pide en esta cuaresma para purificarme y ofrendar.
Es la humildad y la serenidad lo que necesito para no dejarme llevar por mis pensamientos egocéntricos y autojustificadores. Silencio... hacer de lado los pensamientos que alteran mi paz para servir como el Maestro.
El silencio sagrado, silencio de soledad e intimidad con Dios prepara al alma para atender al llamado y a la voz del Verbo Divino. Silencio y Lectio Divina, dos elementos substanciales para la intimidad con Dios sumergiéndose en su Palabra y en su siempre amorosa voluntad. En este blog presento las consideraciones y reflexiones con las que el Señor me nutre y da vida a mi vida. Terapia Divina http://www.amazon.com/dp/B00GOZGX1A
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