miércoles, 11 de febrero de 2015

Árbol del conocimiento del bien y del mal


El árbol del conocimiento del bien y del mal. Al recibir el don de la libertad recibimos el don del discernimiento, capacidad de distinguir y elegir. Un árbol prohibido que simboliza el conocimiento del bien y del mal… Desear ser como Dios, desear suplantar a Dios, no conformarse con todo lo que era bueno… cielos, mares, aves del cielo, peces, árboles y frutos, flores, estrellas del cielo…

Al probar y optar por la desobediencia impulsada por la soberbia o deseo de suplantar a Dios, descalificarlo o negarlo creyendo ser los artífices de todo… conocimos el mal y supimos lo que era el bien perdido.

Hoy Jesús dice en el evangelio de    No es lo de fuera lo que mancha al hombre… sino lo de dentro…

Ese impulso… esa elaboración interna que genera daño… juicios, presunciones, egoísmos, pasiones…

Surgen pensamientos que no comprendo. Surgen pensamientos que prejuzgan, surgen pensamientos negativos… pero tengo la opción de elegir… ¿Los retengo? ¿Permito que se mantengan y me contaminen y contaminen mis actitudes y desencadenen actos dañinos contra mí o contra otros? Ahí está el don del discernimiento y de la libertad. La conciencia me permite reconocerlos (antes me resultaba difícil reconocer muchos de mis pensamientos inconscientes), el discernimiento, es decir distinguirlos, y la voluntad y la inteligencia moral me permiten liberarme de ellos. ¿Pruebo o no pruebo de ese fruto que daña, que altera, que promueve el desamor, el prejuicio, la presunción? Lo dejo ir... para no perder la paz que sólo Dios proporciona cuando se confía en Él.

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