El
árbol del conocimiento del bien y del mal. Al recibir el don de la libertad
recibimos el don del discernimiento, capacidad de distinguir y elegir. Un árbol
prohibido que simboliza el conocimiento del bien y del mal… Desear ser como
Dios, desear suplantar a Dios, no conformarse con todo lo que era bueno…
cielos, mares, aves del cielo, peces, árboles y frutos, flores, estrellas del
cielo…
Al
probar y optar por la desobediencia impulsada por la soberbia o deseo de
suplantar a Dios, descalificarlo o negarlo creyendo ser los artífices de todo…
conocimos el mal y supimos lo que era el bien perdido.
Hoy
Jesús dice en el evangelio de No es lo
de fuera lo que mancha al hombre… sino lo de dentro…
Ese
impulso… esa elaboración interna que genera daño… juicios, presunciones,
egoísmos, pasiones…
Surgen
pensamientos que no comprendo. Surgen pensamientos que prejuzgan, surgen pensamientos
negativos… pero tengo la opción de elegir… ¿Los retengo? ¿Permito que se
mantengan y me contaminen y contaminen mis actitudes y desencadenen actos
dañinos contra mí o contra otros? Ahí está el don del discernimiento y de la
libertad. La conciencia me permite reconocerlos (antes me resultaba difícil
reconocer muchos de mis pensamientos inconscientes), el discernimiento, es decir
distinguirlos, y la voluntad y la inteligencia moral me permiten liberarme de
ellos. ¿Pruebo o no pruebo de ese fruto que daña, que altera, que promueve el
desamor, el prejuicio, la presunción? Lo dejo ir... para no perder la paz que sólo Dios proporciona cuando se confía en Él.
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