19
enero 2015
Marcos: 2, 18-22
Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos".
dres viejos, odres nuevos…
dres viejos, odres nuevos…
Ya
he tenido estas palabras como tema de reflexión con las que el Señor me ha hablado.
Pero como su Palabra siempre es viva, sigue hablándome a través de ella. Y si
no la llevo a mi vida concreta, entonces significa que no le estoy escuchando.
Odres
viejos, los viejos hábitos egocéntricos. Odres nuevos, las nuevas actitudes
inspiradas en el evangelio y en el vivir auténtico cristiano. Hoy, estando en
oración entregando a María mi día para ofrendarlo al Señor, mi trabajo, mi
paciencia, mi cansancio y mi todo… una persona llama por teléfono para avisar
que no vendrá a trabajar. Mi primera reacción es de contrariedad. Esos son mis
odres viejos, pero si intento vivir una vida nueva en Cristo, necesito de odres
nuevos para esta nueva vida. Reflexiono por qué esta persona no puede venir,
tiene que poner por encima la atención de su hijito. Puedo comprenderla, puedo
asumir que será un poquito más de trabajo para mí, nada que no pueda yo hacer.
Mi actitud egocéntrica cambia por una actitud de comprensión y empatía, es
decir, una actitud evangélica.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario