domingo, 18 de enero de 2015

Maestro ¿dónde vives?

Maestro ¿dónde vives?

De Juan 1, 35-42

Escúchenlo…

Qué significa escuchar… Meditando hoy sobre la Palabra del Señor caigo en la cuenta de que a veces escucho y a veces no. Hay veces que hay demasiada interferencia, demasiado ruido que en realidad no me deja escuchar. Son preocupaciones de la vida, advenimientos, juicios  y prejuicios que llenan mi cabeza, una constante conexión con el mundo, con lo que sucede, con lo que mi mente elabora… Pero escuchar es hacer primero silencio en mi interior, desconectarme de todo ese ruido… Hoy, por ejemplo… al escuchar y leer la Palabra del Señor, resonó en mí una pregunta que hacen Andrés y el otro discípulo que siguieron a Jesús después de que Juan el Bautista lo señalara como el Cordero de Dios. Ellos preguntan a Jesús: ¿Maestro, dónde vives? Me surge una respuesta para mi vida actual, una idea que responde a una necesidad actual: Vivo en cada una de mis creaturas… vivo en cada uno de ustedes, en cada persona… Y luego pienso, esto debe ser verdad. Pablo también dice en 1 Corintios 6, 17-20:¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes? Sí, ahí es donde actualmente vives. En los Sagrarios y en los templos interiores de cada ser humano. Y luego me cuestiono: ¿Es que puedo creer que vives en alguien que me parece una persona difícil de llevar, llena de complicaciones, resentimientos, vicios? Mi fe me hace reflexionar que sí. También lo dijiste, Has venido por los enfermos y estas personas son también enfermas. Ahí habitas también. Puedo decir que no dudo en sentir compasión por estas personas…  siempre y cuando no cohabiten  conmigo… Pero cuando la convivencia es tan cercana… me cuesta trabajo. Sólo puedo decir: Está enferma. Para escuchar, debo poner mi atención, mis oídos y mi corazón entero  en lo que escucho. Si escucho a Jesús, debo reconocer que el Maestro habita también en la persona que me cuesta más trabajo aceptar por su manera de ser y que Jesús vino por ella, porque vino a buscar a los pecadores y a sanar a los enfermos. Si recuerdo esto y reconozco que el Señor habita también ahí, y puedo sentir compasión por quien cohabita conmigo, y a pesar de que me cueste, lo veo como una persona necesitada que el Señor ama… entonces puedo decir que sí escucho… Hoy mismo me das la oportunidad de escuchar y vivir esto que me dices. Hoy ¿seré capaz de recordarlo? Hoy ¿seré capaz de amar a aquel en quien Tú moras aún cuando sea difícil?

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