Maestro ¿dónde vives?
De Juan 1, 35-42
Escúchenlo…
Qué
significa escuchar… Meditando hoy sobre la Palabra del Señor caigo en la cuenta
de que a veces escucho y a veces no. Hay veces que hay demasiada interferencia,
demasiado ruido que en realidad no me deja escuchar. Son preocupaciones de la
vida, advenimientos, juicios y
prejuicios que llenan mi cabeza, una constante conexión con el mundo, con lo
que sucede, con lo que mi mente elabora… Pero escuchar es hacer primero
silencio en mi interior, desconectarme de todo ese ruido… Hoy, por ejemplo… al
escuchar y leer la Palabra del Señor, resonó en mí una pregunta que hacen
Andrés y el otro discípulo que siguieron a Jesús después de que Juan el
Bautista lo señalara como el Cordero de Dios. Ellos preguntan a Jesús:
¿Maestro, dónde vives? Me surge una respuesta para mi vida actual, una idea que
responde a una necesidad actual: Vivo en cada una de mis creaturas… vivo en
cada uno de ustedes, en cada persona… Y luego pienso, esto debe ser verdad.
Pablo también dice en 1 Corintios 6, 17-20:¿O
es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han
recibido de Dios y habita en ustedes? Sí, ahí es donde actualmente vives.
En los Sagrarios y en los templos interiores de cada ser humano. Y luego me
cuestiono: ¿Es que puedo creer que vives en alguien que me parece una persona
difícil de llevar, llena de complicaciones, resentimientos, vicios? Mi fe me
hace reflexionar que sí. También lo dijiste, Has venido por los enfermos y estas
personas son también enfermas. Ahí habitas también. Puedo decir que no dudo en
sentir compasión por estas personas… siempre y cuando no cohabiten conmigo… Pero cuando la convivencia es tan cercana… me cuesta
trabajo. Sólo puedo decir: Está enferma. Para escuchar, debo poner mi atención,
mis oídos y mi corazón entero en lo que
escucho. Si escucho a Jesús, debo reconocer que el Maestro habita también en la
persona que me cuesta más trabajo aceptar por su manera de ser y que Jesús vino
por ella, porque vino a buscar a los pecadores y a sanar a los enfermos. Si
recuerdo esto y reconozco que el Señor habita también ahí, y puedo sentir
compasión por quien cohabita conmigo, y a pesar de que me cueste, lo veo como
una persona necesitada que el Señor ama… entonces puedo decir que sí escucho… Hoy mismo me das la oportunidad de escuchar y vivir esto que me dices. Hoy ¿seré capaz de recordarlo? Hoy ¿seré capaz de amar a aquel en quien Tú moras aún cuando sea difícil?
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